He Xuan repitió lo mismo unas tres veces más, hasta que ninguna...

Observó el color rojizo que ahora había en la piel de su cuello y sonrió, levantándose.
He Xuan lo dejó solo entonces y respiró hondo, tratando de ignorar la forma en que su corazón latía con fuerza.
Lo vio seguir su línea de visión y cerró las piernas lo más que pudo, su rostro rojo de vergüenza, pero no dijo nada.
Lo vio fruncir el ceño.
"Sólo es..., sólo es una falda. No es mi culpa dónde miren"
He Xuan se acercó, sentándose a orillas de la cama.
"No me gusta" dijo.
"Basta"
He Xuan subió la mano por su pierna lentamente, levantando la falda en el proceso, el cuerpo del menor intentando alejarse lo más posible.
"Eres bastante popular además" dijo, apretando la piel de su muslo, muy cerca de su entrepierna. "No pareces tan inteligente como tu hermano, entonces, ¿con cuántas personas te has acostado para eso, mn? Para algo tienes que ser bueno"
"¡Basta, no sabes de qué hablas!" gritó, revolviéndose para intentar alejar la mano, pero He Xuan lo mantuvo en su sitio. "¡Yo nunca he-..."
Calló, apretando los labios, las lágrimas cubriendo su visión.
"Por favor, por favor, no..." rogó, un quejido saliendo de sus labios cuando el toque se hizo más cercano.
He Xuan lo ignoró, pasando los dedos alrededor de la piel venosa, jugando.
"¿Nunca has usado esto? No te creo" dijo, masturbándolo lentamente, arrancándole un sollozo ahogado. "¿Siquiera te gustan las mujeres?"
"Entonces es eso" se burló. "Estoy comprobando en el lugar equivocado"
"Basta, no quiero, no" lo escuchó sollozar, tirando de las ataduras con fuerza, sin conseguir nada. "Por favor"
Empujó el dedo con fuerza hasta el nudillo, sacándolo de nuevo para tomar un ritmo tortuoso, los gemidos ahogados llenando sus oídos.
Cuando introdujo el tercer dedo, las piernas de Shi Qing Xuan ya estaban temblando.
Sacó la mano con una sonrisa, bajando su falda de nuevo.
"Creo que a mí también me gusta esta falda ahora" se burló.
"¿Por..., por qué no sólo me m𝘢tas...?"
"Sigue soñando" dijo.
Se levantó de la cama sin decir nada más, saliendo de la habitación.
Se iba a divertir bastante con toda la situación, al parecer.
Lo dejó en paz unos días, sonriendo al ver cómo temblaba levemente al llevarlo al baño.
"Quiero hablar con mi hermano" le dijo esa tarde, su mirada de niño mimado haciendo a He Xuan enarcar una ceja.
Lo vio fruncir el ceño y apartar la mirada.
"Te recuerdo que fuiste tú el que hizo una estupidez la última vez que llamé a tú hermano, ¿o ya se te olvidó?"
"Vete a la mierda" murmuró.
He Xuan frunció el ceño.
"¿Qué dijiste?"
El menor se volvió a verlo entonces, el enojo y la frustración brillando en su rostro.
"¡Dije que te vayas a la mierda!" gruñó.
"¿Te está haciendo falta una lección de modales de nuevo, princesa?"
Fue como si un interruptor se encendiera en He Xuan, el enojo en su pecho ardiendo con fuerza y cuando se dio cuenta, ya se había subido a la cama.
"¿Quieres verme divertirme contigo?" soltó, sus manos bajando a sus caderas para tirar de él hacia abajo, su mano libre encontrando la piel suave.
"Lo siento, lo siento, lo siento, basta..." rogó.
Lo vio negar con la cabeza, las lágrimas llenando sus ojos antes de entrar en él de un movimiento.
No esperó para moverse, el golpeteo de sus caderas retumbando en las paredes de madera, los jadeos del menor convirtiéndose rápidamente en sollozos.
Se inclinó sobre él sin dejar de moverse, lo suficiente para poder susurrar en su oído, voz grave y profunda.
Lo escuchó rogar con voz ahogada, las palabras sin tener sentido en la voz rota que sólo hicieron su sonrisa crecer.
No tardó mucho más en liberarse en su interior, viéndolo temblar bajo su cuerpo con un sollozo, sus ojos mareados.
La voz respondió en el altavoz al tercer tono, cansada y Shi Qing Xuan soltó un sollozo.
"Por favor, no..."
"Tu hermanito quería hablar contigo" dijo, sonriendo a la cara en pánico del menor, las lágrimas aún corriendo. "Así que dejaré que lo escuches un rato"
La voz en altavoz de Shi Wu Du se perdía entre los gemidos de Shi Qing Xuan, los traqueteos de la cama haciéndose cada vez más fuertes.
Un hilo de sangre corrió por la barbilla del menor por la fuerza con la que mordía su labio, intentando callar los sonidos.
"¡Ya basta, ¿qué más quieres?!" escuchó el grito a través del teléfono mientras salía del cuerpo de su cuerpo."¡¿No es suficiente ya?!"
Se relamió los labios y volvió a apretar su cadera.
Sí, definitivamente esto le gustaba más.
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