LA MUERTE DE LA VIRGEN Con motivo de la solemnidad de la Asunción,...

Con motivo de la solemnidad de la Asunción, en Mallorca tenemos la tradición de instalar en las iglesias el lecho de muerte de la Virgen (“llit de la Mare de Déu morta”).
Aunque, en razón de su naturaleza humana, la Virgen fue mortal, podemos decir que, por título de gracia, fue inmortal. Sin embargo, María Santísima murió, terminando así el curso de su vida terrenal y siendo asunta en cuerpo y alma al cielo. Pese a que han existido autores que han dudado de la muerte de María, la mayoría de los teólogos, como san Gregorio, san Agustín o santo Tomás, la han tenido como un hecho cierto. Veamos brevemente la razón que más me convence.
Como María fue preservada, por singular privilegio, del pecado original y fue creada en estado de justicia original, gozó del don preternatural de la inmortalidad. Ahora bien, en orden a la redención del género humano, convenía que ella muriese, como así murió su Hijo, nuestro Señor.
En el plano corporal, su muerte no fue violenta, sino serenísima, y su cuerpo no conoció la corrupción del sepulcro. Por otro lado, en el plano espiritual, la Bienaventurada Virgen tuvo la muerte de los justos.
Ahora bien, la razón teológica de la conveniencia de la muerte de la Virgen estriba precisamente en su misión corredentora. En efecto, así como ella fue cooperadora de Cristo en la obra de la redención, convenía que la Virgen se asociara o conformase a la muerte de su Hijo, padeciendo ella misma la muerte también y, así, muriendo según la condición de la carne, pasara a la gloria celestial.
En fin, no parece que la Madre de Dios muriera a causa de la vejez o de la enfermedad. Según Bossuet, en consonancia con otros autores, María murió de amor. Sin embargo, este obispo francés matiza lo siguiente: no es su muerte que debe tenerse por milagrosa; más bien, el milagro continuo fue que ella pudiera vivir en este mundo separada de su amado Hijo.
— Dr. Mn. Jaime Mercant Simó
