LA MAYORÍA NUNCA TIENE LA RAZÓN Si deseamos liberarnos del actual y...

Si deseamos liberarnos del actual y distópico “matrix”, más que enemigos del “pueblo”, debemos ser enemigos de la “masa” y de sus politicastros “titiriteros”, aunque esto suponga el público desprecio de la plebe, como el que padeció el Dr. Stockmann, en la obra “Un enemigo del pueblo”, por decir la verdad.
En efecto, el hombre superior, como enseña Ernest Hello, es aquel que va contracorriente, buscando la gloria, no el éxito ni el aplauso de la masa aborregada, la cual, convencidísima de que vive en democracia y no en demagogia, se cree dueña y soberana de la vida social y de su destino; ella es, en realidad, víctima no inocente de este vil engaño y torpe autoengaño.
Asimismo, la vida política y social debería basarse en criterios cualitativos, no cuantitativos; en la “vida buena” virtuosa, como nos enseña nuestro padre Aristóteles, no en la “buena vida” hedonista; en el “bien común” natural y moral, no en el “interés general” de la mayoría aritmética, conformada ésta por una masa social amorfa, la cual —recordémoslo—, al estar manipulada por abyectos sofistas y moverse caprichosa y culpablemente por impulsos sentimentaloides e irracionales, «nunca tiene la razón», porque por la razón nunca se mueve, ni por la razón se desarrolla la dinámica del sufragio universal, causa instrumental primera de dicha manipulación.
De hecho, únicamente podemos encontrar “razón” en el “status popularis”, no en el “status plebeius”, que hoy se muestra con su carácter más vergonzosamente “hooliganista”, preso ideológico de la pestilente tiranía de la partitocracia.
Así, pues, sólo tiene “razón” el pueblo ordenado rectamente por líderes virtuosos o por óptimas “minorías rectoras” —empleando la expresión de Ortega y Gasset—, lo cual es incompatible con los hodiernos sistemas demagógicos, estructuralmente viciados “ab origine”. En fin, como decía el gran Charles Maurras: «No es que la democracia esté enferma; la enfermedad es la democracia».
— Dr. Mn. Jaime Mercant Simó
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Fragmento de la película “Un enemigo del pueblo” (TVE, 1981), adaptación de la obra de teatro homónima de Henrik Ibsen (1882).