Lean este pasaje del gran padre Castellani acerca del antiguo...

«En los grandes siglos cristianos se tendió a realizar el ideal del gobierno paterno: san Luis rey de Francia, san Fernando de España, san Eduardo el Confesor. Había un monarca que venía al trono con la naturalidad de la fruta en los árboles, que intentaba hacerse respetar y amar de todos, y que daba cuenta de sus acciones solamente a Dios, y había una cantidad de fuerzas políticas y sociales que tendían a mantenerlo dentro de la rectitud; de las cuales la religión era la principal. Eso se llamó la Monarquía Cristiana: duró diez siglos, hizo la Europa; y cayó. El ideal tendía a una familia: ideal inasequible en su totalidad, porque siempre habrá díscolos, la masa siempre será oscura, y el Estado siempre tendrá que usar de la fuerza; pero por lo menos había un conato continuo por sujetar la fuerza a la razón y la razón al amor; y por hacer llegar la nación a algo como una familia. Por eso justamente hay más sublevaciones en los países católicos que en los otros; y son más difíciles de gobernar: el ideal atávico de la nación como una familia trabaja terriblemente a los franceses, a los italianos, a los hispanos. “Los países protestantes son más fáciles de conducir; pero si son conducidos mal, no tienen remedio”, dijo el líder irlandés Parnell. Los hombres hoy día prefieren tener encima a tiranuelos irresponsables, agitados y pasajeros, que los opriman en nombre de “la libertad”» (Leonardo Castellani, “El Evangelio de Jesucristo”, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2011, pp. 317-318).
