Llevo veinte años escribiendo esporádicamente anónimas cartas de...

@JaimeObregon
Jaime Gómez-Obregón@JaimeObregon
63 views Feb 04, 2025 ~5 min read
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Llevo veinte años escribiendo esporádicamente anónimas cartas de amor a la chica que me gustaba en el instituto.

Ayer le envié otra. Pero en esta ocasión he firmado con mi nombre y señas de contacto. Por primera vez sabrá quién le escribe.

¡Apuesten al desenlace de este drama!
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Hay un cómico contraste en imaginar un sobre verjurado del más fino papel italiano —el de mejor calidad que encontré; no en vano lo traje de Roma en un viaje— con un escudo en filigrana y el destinatario manuscrito con pluma en gótica caligrafía. Y, debajo, la factura del gas.
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O la publicidad del kebab de la esquina.
O el catálogo de ofertas del supermercado.
O la carta de otro enamorado, que todo puede ser.

Desafortunadamente, mis «cómicos contrastes» parece que solo me resultan simpáticos a mí.

Hace unos días sonó el telefonillo de casa.
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— ¿Sí?
— Cartero —dijo una voz femenina.
— ¿Y son cartas de amor o del banco? —respondí alegre.
— Cartero, ¿me abre o no?

Y pulsé resignadamente el botón que leva las rejas de los portones del castillo, preguntándome si lo que está roto soy yo o es todo el resto del mundo.
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Teníamos quince años y nos cruzábamos fugazmente en el camino cotidiano al instituto. El arco se tensa, la saeta rasga el cielo… y ¡zas! un corazón ensartado.

¡Ay de quien es demasiado sensible a la belleza! A la del gesto distinguido, a la del gálibo cortés.

Lope estuvo allí.
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Así que finalmente descartada una inviable vida entregada a la comedia, esta huida mía hacia adelante solo conoce tres senderos. Que son los géneros literarios que he cultivado: la escritura de software, la epistolografía amorosa y las reclamaciones al Ayuntamiento de Santander.
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Lo primero es ya por muchos conocido. Dejaré lo segundo para la exclusiva burla íntima de mi pretendida. Vamos, pues, con el ayuntamiento: voz antigua que refiere por igual tanto al acto sexual como a la suma cero de alcalde más concejales.

El ayuntamiento: siempre jodiendo.
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Mi primer opúsculo en este rubro literario data de 2005, cuando se me avería la calesa —porque mi Volkswagen de becario tenía más de carruaje que de automóvil— en una céntrica cuesta de Santander.
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Maniobré como pude el coche inerte para sacarlo de la circulación y no entorpecer el tráfico. Impovisé en el parabrisas un cartel con la palabra «averiado» y llamé a un taxi en busca de refuerzos.
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Cuando regresé con el coche prestado de un amigo y unas pinzas listas para desfibrilar, el ayuntamiento me había ayuntado.

En su tercera acepción.
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Porque mi coche ya no estaba. En su lugar, malamente adherido al bordillo de la acera, el aviso bermellón de la grúa municipal de una ciudad que se dice a sí misma: «muy noble, siempre leal, decidida, siempre benéfica y excelentísima».

☝️ Y muy rápida con la grúa, quiero añadir.
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La receta ascendía a 180 euros de sanción y 62 más en concepto de depósito municipal. Sumados los costes de la reparación de mi viejo Volkswagen y los taxis arriba y abajo, aquello me supuso mes y pico de mi salario de entonces becario en los fogones del sector tecnológico local.
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Un collar muy caro para tan poco perro: confieso que tuve la fantasía fugaz de olvidar para siempre en el vientre de la ballena municipal aquel coche rojo de mis años de universidad.

Pero algo no cuadraba.
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— «Estacionar en partes de la vía reservadas a otros usuarios en zona RED» —rezaba el boletín de denuncia.

Un momento… ¿Zona RED? ¿Qué zona RED?
¡Ahí no había ninguna zona RED!

Estaba tan incrédulo que regresé al infausto lugar y tomé estas fotografías. Era el verano de 2005.
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Al lector inteligente le bastan tres fotografías para entender que en esa calle no hay zona RED alguna. Para que la hubiere, debería de estar convenientemente señalizada con:

1️⃣ Una señal vertical con forma de diamante.
2️⃣ Línea de pintura roja discontinua en el asfalto.
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Si al lector inteligente le bastan las fotografías, al Ayuntamiento de Santander hube de hacerle hasta un croquis. Cosas de una Administración enferma.

Rebusqué en las profundidades abisales de la literatura municipal qué se entiende —o se entendía en aquel año— por zona RED…
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…y con escolar paciencia señalé sobre un plano cada una de las calles citadas en la ordenanza en vigor.

Demostraba así que la calle donde se me había averiado el coche en absoluto pertenecía a la zona RED, en razón de la cual el Ayuntamiento me duplicaba el importe de la multa.
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Dos años de bachillerato científico-tecnológico y cuatro cursos de ingeniería y matemáticas contribuyen a instalarle a uno la idea de que lo sustantivo para resolver las discrepancias de la vida es dotarse de datos ciertos, de verdades.

Y que a los datos siguen las razones.
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¡Qué absurda idea! El metaverso de la administración kafkiana lo preside una lógica ilógica:

Desde el Ayuntamiento de Santander ignoraron tanto las fotografías como el croquis. Y resolvieron desestimar mis dos instancias y sus prolijas razones con un cortapega sin sentido.
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Agotadas la vía administrativa y la paciencia, pagué injusta y resignadamente una multa que la aplicación infundada —y que por dos veces desmonté— del artículo 21 de la Ordenanza de Circulación municipal multiplicaba por dos.
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Excelentísimos alcaldes de las ciudades todas:
Concejales de todo pendón:

¡Así se torna un veinteañero distraído en un convencido antisistema!

De suceder hoy, me apostaría en Sierra Maestra a defender emboscado la Verdad. Y a reclamar para mí un portaviones cargado de trilita.
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Aquella injusticia culminó donde culminan indefectiblemente desde entonces todos mis trámites con la administración local: en una carta de queja en el periódico.

Un sofisticado vertedero donde un camión volquete descarga a diario las taras y miserias de todo el vecindario.
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Desde Larra es sabido que no sirve de nada.

Acaso, no es seguro, para canalizar la frustración del administrado con la Administración. Como ese espectador enloquecido que grita al televisor creyendo que así le escucha, creyendo que algo puede cambiar.

jaime.gomezobregon.com/tecnologia-int…
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Hasta aquí otro episodio de Jaime y el sexo (con el ayuntamiento).

Alcaldesa @GemaIgual: actualizado con el IPC, me debéis 124,74 €. Te he pasado mi IBAN por privado. 😘

¿Entretenido? Entonces sube y retuitea.
No voy a cobrar, pero es como chillarle al televisor.
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