Hace unos días descubrí que gran parte de lo que he escrito en...

No es Steve Jobs.
No es Elon Musk.
No es Bill Gates.
Y sin embargo, sin él, probablemente nunca habría escrito cientos de miles de palabras.
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No desde un portátil.
No desde una oficina.
No delante de tres pantallas.
Desde el móvil.
Y no lo hago por comodidad.
Lo hago porque me resulta mucho más fácil escribir así.
En aquella época no existían los recursos que existen hoy.
Nadie hablaba de dislexia.
Nadie evaluaba dificultades de aprendizaje.
Si confundías letras o cometías errores constantemente, simplemente eras "el niño al que estudiar le costaba más".
Pero durante años tuve la sensación de estar corriendo con una mochila que los demás no llevaban.
Sabía lo que quería decir.
Pero trasladarlo al papel exigía mucho más esfuerzo.
A veces muchísimo más.
Y aquí viene la parte increíble.
Hoy tengo un Newsletter en la red social de los mails, algo que parecía impensable cuando era niño.
Escribo newsletters.
Escribo hilos.
Escribo ideas.
Miles de personas han leído textos escritos por alguien que de niño pensaba que escribir siempre sería una lucha.
Y gran parte de ese cambio cabe en mi bolsillo.
Deslizar el dedo sobre el teclado del móvil para escribir palabras.
Sin pulsar letra por letra.
Simplemente deslizando.
Y fue creada por un inventor llamado Cliff Kushler.
Curiosamente, también fue uno de los creadores de T9.
Sí.
El sistema predictivo que usábamos en los viejos móviles antes de los smartphones.
Se hizo una pregunta:
"¿Y si para escribir no tuviéramos que pulsar cada letra?"
Esa simple pregunta terminó cambiando la vida de millones de personas.
Nació intentando ayudar a personas con dificultades de comunicación y movilidad.
Primero ayudó a unos pocos.
Después ayudó a todo el mundo.
Porque cuando escribo deslizando el dedo, mi cerebro no está pendiente de cada tecla.
Está pendiente de las ideas.
Las palabras fluyen.
Me equivoco menos. No intercambio letras.
Mi escritura va al ritmo de lo que pienso.
Y escribo más.
Para mí fue una puerta.
Una puerta para escribir con menos fricción.
Para publicar.
Para compartir ideas.
Para construir una audiencia.
Para atreverme.
Los cohetes.
La inteligencia artificial.
Los coches autónomos.
Pero algunas cambian vidas de manera silenciosa.
Sin titulares.
Sin aplausos.
Él probablemente nunca leerá esto.
Pero ha tenido más impacto en mi vida que muchas personas a las que veo todos los días.
Porque me ayudó a encontrar una forma de escribir que mi cerebro sí podía abrazar.
Alguien inventó una tecnología para resolver un problema.
Décadas después, en un pequeño pueblo de España, esa misma tecnología ayudó a un niño que siempre sintió que escribir le costaba más que a los demás.
Y ese niño acabó escribiendo para miles de personas.
❤️
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