Hay partidos que no se pierden por un mal repliegue. Ni por una...

Ni por una mala defensa.
Ni porque el rival fuera mejor.
Se pierden antes de empezar...
Cuando el miedo ya se metió en el vestuario.
Va hilo 👇
No se nota en los primeros minutos.
Se disfraza de prudencia, de respeto, de “vamos poco a poco”.
Pero por dentro paraliza a tus jugadores.
Quita iniciativa, reduce ambición y apaga la personalidad del equipo.
Todos entrenan la táctica, la técnica, la condición física...
Pero pocos entrenan la cabeza.
Y cuando el miedo aparece, no hay nada que podamos sacar de la chistera del entrenador que lo salve.
Entiende de percepciones:
👉 “Si fallo, me cambiarán.”
👉 “Si perdemos, me van a señalar.”
👉 “Si me equivoco, quedo expuesto.”
Y con esa mochila, nadie juega libre.
No comunica.
No confía.
Y cuando eso pasa, da igual el plan de partido...
Todo se cae.
A que el jugador aprenda a reconocerlo y actuar a pesar de él.
A que tú, como entrenador, aprendas a no transmitirlo con tus gestos, tus silencios o tu ansiedad.
👉 ¿Qué siente mi equipo cuando compite?
👉 ¿Seguridad o miedo?
Porque a veces, el problema no está en la cabeza...
Porque un entrenador con miedo (a perder, al qué dirán, al fallo), no puede liberar a su equipo.
El equipo es el reflejo del entrenador, también en lo emocional.
Te las comparto en mi newsletter cada domingo. Apúntate gratis aquí👇
trabajodelentrenador.com/index.php/news…
Si te ha gustado el hilo:
- Sígueme
- Compártelo
- Guárdalo