La identidad de un equipo no se rompe de golpe. Se rompe poco a...

Se rompe poco a poco.
Con pequeños comportamientos del entrenador que parecen pasar desapercibidos, pero que terminan erosionando la confianza, la unión y el compromiso.
5 ejemplos que veo constantemente 👇
Cuando algunos tienen privilegios y otros consecuencias, el mensaje es claro:
"No todos somos iguales aquí."
Y en cuanto aparece esa sensación, la identidad colectiva empieza a resquebrajarse.
La humillación genera obediencia momentánea.
Pero rara vez genera compromiso.
Los jugadores pueden seguir tus instrucciones.
Lo que dejan de hacer es sentir el equipo como suyo.
Exigimos esfuerzo.
Exigimos respeto.
Exigimos compromiso.
Pero luego hacemos todo lo contrario...
Los jugadores observan más lo que haces que lo que dices.
La identidad se construye con coherencia, no con discursos.
Un día una cosa.
La semana siguiente otra.
La siguiente otra distinta...
El grupo deja de saber qué representa.
Y cuando un equipo no sabe quién es, tampoco sabe cómo actuar bajo presión.
Los equipos con identidad fuerte no son los que menos fallan.
Son los que pueden equivocarse sin miedo.
Cuando el error se castiga continuamente, aparece la protección.
Y la protección mata la valentía.
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