El anteriormente conocido equipo Renault de F1, ahora llamado...

Analicemos el proceso.
Durante décadas, el componente tecnológico era vital, tanto para la victoria como para costear el mero hecho de correr.
Segundo, para mejorar la formación técnica de los responsables del proyecto.
Tercero, para captar ruido alrededor de la marca en medios.
Las carreras comenzaron a dejar de ser un desafío tecnológico para los fabricantes y empezaron a ser un escaparate para la imagen de marca.
Pero no conquistó el campeonato, a pesar de quedarse muy cerca.
El coche, por tanto, no estaba hecho por ingenieros de Renault que luego irían a hacer un Twingo...
Y esto... esto es el acabose...
Pero ahora parecemos anclados en "que se queden como están" porque lo que importa es "el entretenimiento".
Y no hay una sola competición dedicada a eso.
La progresiva evolución hacia "el mensaje rápido y resumido y lo superficial", así como la pérdida de capacidad de comunicar adecuadamente y de manera adherida a la imagen de marca que se quiere proyectar, hace que las marcas simplifiquen y se centren en contar "que están" en un sitio, y no lo que hacen o sacan de ese sitio.
Cuando una marca tiene claro su valor tecnológico y su equipo de marketing y comunicación sabe lo que hace, pone los huevos en la cesta de las carreras para avanzar con técnica propia y pone su proyector de marketing a contar esos avances y su conexión con producto de calle.
Cuando uno de estos engranajes falla... puedes encontrarte con marcas que gastan en hacer ingeniería en competición pero su departamento de comunicación se centra en otras cosas, o directamente sólo manda comunicación y la marca está en las carreras por puro postureo insustancial.
Poner en conocimiento del espectador el hecho de que el fabricante realmente tenga conexión tecnológica entre el producto con el que corre y el que vende en la calle es una labor que, al menos por mi parte, veo de relevancia vital.