La situación en Etiopía es alarmante y lo que se viene parece...

@GuerraenlaUni
Guerra en la Universidad@GuerraenlaUni
24 views Sep 26, 2026 ~3 min read
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La situación en Etiopía es alarmante y lo que se viene parece horrible, sobre todo para la población civil. Pero mi perspectiva es algo distinta de la mayoría de analistas. Va hilo sobre un conflicto que no le importa a nadie:->
@NestorSiurana
Néstor Siurana@NestorSiurana
Silencio internacional y en los medios de comunicación sobre lo que está ocurriendo en Etiopía.

Una nueva guerra civil vuelve a estallar en el país. En una de las regiones más frágiles del mundo, el Cuerno de África.

La guerra de 2020-2022 se saldó con más de 600.000 muertes.

Etiopía se encuentra actualmente al borde del colapso institucional tras el fracaso definitivo del Acuerdo de Pretoria y el estallido de una nueva guerra civil a escala nacional.

Lo que comenzó en noviembre de 2020 como una campaña militar focalizada en la región norteña de Tigray ha mutado hacia una conflagración generalizada.

Hoy, esos antiguos enemigos históricos se han aliado bajo una coalición armada cuyo objetivo explícito es derrocar al gobierno federal del primer ministro Abiy Ahmed, sumiendo al segundo país más poblado de África en una crisis de supervivencia.

El origen de estas fricciones se remontan a la guerra de Tigray (2020–2022). El conflicto estalló cuando el Frente Popular de Liberación de Tigray (fuerza hegemónica que gobernó Etiopía durante casi tres décadas hasta la llegada de Abiy Ahmed en 2018) desafió la autoridad central celebrando elecciones regionales unilaterales.

La respuesta del gobierno federal combinó una ofensiva militar masiva con un bloqueo humanitario absoluto sobre Tigray.

Estimaciones de la Unión Africana sitúan el saldo de aquella primera etapa en al menos 600.000 muertos, caracterizándose por el uso deliberado del hambre como arma bélica y un desplazamiento forzoso masivo.

Aunque el tratado de paz firmado en Pretoria en noviembre de 2022 congeló temporalmente las hostilidades, la incapacidad para resolver las tensiones territoriales subyacentes convirtió la paz en una tregua sumamente frágil.

Lejos de estabilizarse, el panorama de seguridad se fragmentó drásticamente en los años siguientes. El desarme incompleto y el descontento interétnico hicieron brotar insurgencias paralelas extremadamente violentas.

Por un lado, las milicias FANO en la región de Amhara se alzaron en armas contra las fuerzas federales tras sentirse traicionadas por las concesiones del gobierno a Tigray.

Por otro lado, en la vasta región de Oromia, el Ejército de Liberación Oromo (OLA) intensificó su prolongada rebelión armada.

Los datos de monitoreo de organizaciones como ACLED confirmaron que, entre 2022 y mediados de 2026, el país sufrió más de 7.400 ataques armados, siendo Amhara y Oromia los epicentros de una inestabilidad que el ejército central apenas lograba contener.

La ruptura total del orden precario se ha materializado ahora.

Siete grupos insurgentes de distintas regiones han anunciado la creación de una coalición militar unificada denominada la Alianza de las Fuerzas del Pueblo Etíope para la Supervivencia (EPFAS).

Tras esta declaración formal de intenciones para deponer al Ejecutivo central, las fuerzas del Tigray tomaron el control de tres aeropuertos estratégicos en Tigray y lanzaron ofensivas coordinadas en las regiones vecinas de Afar y Amhara, desatando combates en localidades clave.

El gobierno federal respondió de forma contundente ejecutando oleadas de bombardeos y ataques con drones sobre el norte, sumiendo a las poblaciones locales en un estado de pánico total.

Esta nueva guerra civil no sólo representa un peligro de desintegración interna para Etiopía, sino que amenaza con incendiar geopolíticamente a todo el Cuerno de África.

Etiopía demuestra que las raíces de los conflictos de base étnico-regional no pueden sanarse mediante decretos militares ni pactos políticos superficiales.

La transición de una guerra concentrada en Tigray en 2020 a una insurgencia confederada multisectorial en 2026 evidencia el fracaso del modelo de gobernanza federal actual.

Ante los ojos de la comunidad internacional, el país se desliza rápidamente hacia un escenario de violencia endémica e impredecible donde la soberanía nacional y la vida de más de 120 millones de civiles penden de un hilo.
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La resistencia de Etiopía a la desintegración es alucinante. Se ha fragmentado políticamente en innumerables ocasiones, pero no ha desaparecido. Solo Eritrea se ha independizado, pero su estatus siempre había sido especial.->
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Solo uno de los siete grupos rebeldes (ONLF, somalíes) que lucha contra el gobierno federal aboga por la secesión. Pero es que ha declarado hace poco que no forma parte de la coalición y que quiere seguir persiguiendo sus objetivos secesionistas mediante el diálogo.->
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Además de no querer destruir Etiopía como estado, hay que tener en cuenta que la capacidad de acuerdo entre los grupos rebeldes es muy limitada. Su visión del país no puede ser más distinta.->
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FANO quiere un estado fuertemente centralizado bajo hegemonía de la etnia amhara, como con el emperador Haile Selassie. OLA, en cambio, exige un grado de autonomía para la etnia oromo muy superior al que ya disfruta su región. FANO y OLA se odian, aunque hoy sean aliados.->
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El TPLF, de etnia tigrina, quiere que la región de Tigray vuelva a desempeñar un papel hegemónico en el país, que dirigió entre 1991 y 2018. Pero está hoy dividido, al contrario que en la guerra de 2020. La gente huye de Tigray para evitar la conscripción forzosa.->
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Los grupos de Benishangul y Gumuz han combatido principalmente contra la instalación en su territorio de colonias de campesinos procedentes de otras partes de Etiopía, principalmente tigrinos (TPLF) y amhara (FANO). Ahora sus supuestos aliados.->
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FANO y OLA cuentan con oposición dentro de sus propios grupos étnicos, particularmente OLA. Muchos oromo, especialmente en la región de Shoa, donde está Addis Abeba, se sienten más etíopes que otra cosa. EL OLF, partido oromo histórico, ha desautorizado a OLA->
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Por si no fuera suficiente, oromo y somalíes están pegados entre ellos, así que es harto improbable que OLA y ONLF vayan a mantener algún tipo de alianza duradera. Con un frente así, es difícil montar una oposición seria al gobierno y más aún organizar el país si lo derriban.->
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Mientras, la popularidad del primer ministro de Etiopía, Abyi Amhed, es inexistente. No lo apoya prácticamente nadie dentro del país. Pero nadie quiere guerra. La gente está hartísima de los grupos rebeldes también.->
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Etiopía no es Sudán ni Somalia. Tiene una estructura estatal milenaria y una identidad cultural fortísima. La posibilidad de que se balcanice es muy reducida. Pero no de que entre en un ciclo de violencia generalizada (de hecho, ahí lleva desde 2018).->
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Respecto al posible conflicto regional, Sudán, Somalia y Sudán del Sur no están para otras guerras. Bastante tienen con lo suyo. Solo Eritrea puede tener interés en involucrarse, como ya ha hecho. Y Etiopía en asestarle un golpe. Las posibilidades de ambas son limitadas.->
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Soy arqueólogo y veo el futuro con ojos del pasado. Y como la historia nunca se repite es dificilísima de predecir. No sé que va a pasar. Sí creo que Etiopía no se va a romper en siete mini-estados ni se va a montar la cuarta guerra mundial africana.
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