Durante toda la Edad Media el color del luto fue el blanco, hasta...

Pero además, con esta ley se pretendía acabar con los excesos de las exequias funerarias, así como las desmedidas muestras de dolor; de esa manera, se prohibían las plañideras en los velatorios y cortejos fúnebres, así como los gritos y escandalosos llantos de dolor para que se oficiara una ceremonia de sincero dolor recatado. Se detallaba lo que se podía traer y gastar, y disponía que se guardaran y cumplieran las últimas voluntades de los fallecidos en cuanto a misas, memorias, limosnas, etc.
El texto de la pragmática concluía con la imposición de una pena de 10.000 maravedíes «para los que fueren o vinieren contra lo contenido en ella».
Esta ley trataba de poner límite a una costumbre muy arraigada, según la cual cuando moría un personaje principal, el luto que por él se guardaba corría a costa de los bienes de los pueblos, villas y ciudades, lo que producía gastos excesivos para los vecinos, de manera que se dispone que se destine para estos
menesteres 2000 maravedíes.
En lo concerniente a la cera, se centra en la prohibición de: «poner en la sepultura más de doce hachones o cirios», sin entrar en esa prohibición, las candelas y velas que portaban los clérigos, niños de doctrina y cofrades que acompañan los cortejos de difuntos, ni tampoco en las poderosas capellanías.
Podríamos afirmar en ese sentido, que Dña. Juana I de Castilla fue casi la que estrenó esa nueva vinculación sentimental del negro impuesta poco antes por sus padres, los #ReyesCatólicos.
