Borrador inicial del segundo capítulo: Capítulo 2. No llevas el...

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94 views Oct 15, 2025 ~4 min read
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Borrador inicial del segundo capítulo:

Capítulo 2. No llevas el timón del barco, te adhieres al programa.

El mundo ha cambiado mucho en los últimos años. La realidad que hemos normalizado no tiene nada que ver con la de los años 90.

🗣️“Hombre, Sherlock, ni la de los 90 con la de los 60.”

Bueno, debatible.

Para mí, el cambio en cómo vivimos y nos comportamos respecto a hace 30 años es mucho más grande que en cualquier otra etapa reciente para el mismo periodo de tiempo.

Las nuevas tecnologías, las redes sociales y la hiperconectividad lo han cambiado todo.

En este capítulo no voy a analizarlas a fondo, eso da para un libro entero, pero te voy a plantear algo en lo que quiero que pienses:

➡️¿Llevas tú el timón de tu vida o te adhieres al programa que han diseñado otros para ti?

Antes, tu realidad la definía tu entorno físico. Tu trabajo, tus amigos, tu familia, y tu relación con este entorno.

También te influían los medios: la tele, la radio, los periódicos, el cine, los libros…

No soy un ingenuo, siempre nos han influido otros y ha habido cierto grado de manipulación.

Pero ahora hay algo mucho más poderoso y peligroso:

El algoritmo.

El algoritmo no solo te muestra información. Aprende de ti. Se adapta.

Te pone delante de las narices lo que sabe que te engancha porque su objetivo es ese, engancharte a la app de turno.

Antes vivías tu vida a través de tu cuerpo y tu interacción con el mundo material.

Vivías usando tus cinco sentidos, estando presente e interactuando con la realidad física que te rodeaba.

Ahora vives gran parte de tu vida en digital con un avatar editado para gustar. Una versión maquillada que busca adaptarse a esta nueva realidad y, cómo no, que busca validación.

Tu experiencia humana se filtra día a día, porque el resto hacen lo mismo.

Lo que ves no es real, o al menos no lo es todo, ya que o bien son pequeños momento elegidos para ser mostrados o bien hay edición. Muchas veces ambas.

Y lo que ves no lo eliges tú, lo elige el algoritmo.

Tu tiempo, tu energía, tu atención… están siendo programados por otros.

Las redes no son gratuitas: tú eres el producto.

Y si no vigilas, el personaje digital se come al real.

Las nuevas tecnologías son herramientas poderosas, pero si no las dominas, te domestican y hacen frágil. Física y mentalmente.

Te acostumbras a que todo sea inmediato.

A que lo difícil aburra.

A que lo lento frustre.

A que lo real ya no te estimule.

Y con la IA y lo que viene en materia de vídeos y animaciones, va a ser peor. Mucho peor.

Y, sin saberlo, te haces frágil, porque te haces dependiente.

Porque miras el teléfono en automático para rellenar cualquier hueco de tu vida que antes dedicabas a pensar.

Porque seguramente te cueste pasar un día sin dispositivos y muchas veces las notificaciones marcan lo que vas a hacer a continuación.

Tal vez incluso dependes de los “likes” ajenos para sentirte bien. Si es así, el timón de tu vida no lo llevas tú, lo lleva el algoritmo.

Anna Lembke lo explica bien en Dopamine Nation: el problema no es el placer, es su disponibilidad constante.

La dopamina fácil desestructura tu sistema nervioso… y tu vida.

Y no, yo no soy inmune.

He abierto apps sin pensarlo y me he dejado llevar por scrolls eternos que no me han aportado nada.

He revisado "likes" en publicaciones.

Me he creído el personaje digital de otros. Su avatar. Su careta.

Por suerte no he caído en crear un avatar/personaje distinto quien soy, al menos de eso me salvo.

Procuro que lo que veas sea lo que hay, e incluso opto por mostrar muy poquito de mi vida personal y centrarme en hablar de fitness, y, a veces, reflexiones como estas o sobre algún tema de actualidad que por lo que sea me ha tocado la fibra.

Pero sé que muchos sí lo han hecho. Y no es gratis, les ha costado caro... Se los ha comido el personaje.

Mucho ojo con todo esto.

Este capítulo es un recordatorio de que el mundo ha cambiado, sigue cambiando rápidamente, y debes tener cuidado.

Vigila cómo interactúas con las nuevas tecnologías, no dejes que se coman tu vida.

No dejes que un personaje digital se coma a quien eres realmente.

Y, por favor, no te compares con la máscara de otros. Con lo que quieres que vean.

3 ideas prácticas:

1️⃣ Pasa un día a la semana (o al menos al mes) sin pantallas y en la naturaleza a ser posible.

2️⃣ Haz una lista con las apps que te suman, las que ni fu ni fa y las que te absorben. Usa dos teléfonos si hace falta: uno limpio de apps que absorben, y otro, solo para momentos de ocio que tengan una duración limitada.

3️⃣Haz algo físico cada día sin apoyo tecnológico: sal a andar, entrena, practica algún deporte, cocina, escribe a mano, lee un libro... lo que sea, pero sin tecnología.
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En agosto empecé a escribir una serie de ensayos que seguramente convierta en un libro, os dejo aquí el que a priori será el primer capítulo, a ver qué os parece.

Capítulo 1: El sistema no quiere que pienses.

Para el sistema eres un número. Tus sueños, aspiraciones e inquietudes son irrelevantes.

El sistema no necesita que pienses. Ni que tengas sueños. Necesita que produzcas y que consumas. Nada más.

🗣️"¿Y no hacen falta mentes revolucionarias que produzcan grandes avances tecnológicos y mejoras sociales?"

Sí, pero pocas. Ten en cuenta dos cosas:

La primera: hacen falta 4 o 5 mentes como esa por cada mil millones de habitantes, el resto estamos para ser parte del engranaje en mayor o menor medida.

La segunda: al sistema tampoco le importan los sueños, aspiraciones e inquietudes personales de esas mentes revolucionarias, sólo lo que son capaces de producir para que el sistema, y los qe mueven los hilos, consigan sus objetivos. Punto.

Si lo que producen va en contra de los intereses del sistema... Se frena, se oculta al gran público, o ambas.

El sistema necesita que encajes bien y que obedezcas. Tus inquietudes no sólo le dan igual, sino que en muchos casos no son bienvenidas. No pienses mucho, no vaya a ser que intentes salirte del sistema o cambiarlo.

Desde pequeñito, en el colegio, te educan para obedecer y memorizar, no para cuestionar. Premian tu eficiencia y obediencia, no tu criterio.

Eres una pieza más del engranaje. Ni más, ni menos. Y todas las piezas son reemplazables. Todas las piezas deben serlo para que el sistema funcione.

Muchos pasan por la vida sin preguntarse jamás quién quieren ser. No qué, sino quién.

"Qué quieres ser" es una pregunta del sistema.

¿Qué etiqueta te pongo? ¿Dónde quieres encajar?

"Quién quieres ser" va mucho más allá de eso.

Quién quieres ser trata de tus inquietudes, pasiones y crecimiento como persona, no de tu etiqueta como peón ni de tu rol como manecilla en el reloj de otros.

No eres tu título universitario, ni tu trabajo, ni la etiqueta que te pone la sociedad para describirte.

Tu esencia es otra cosa.

Eres tus inquietudes, tus pasiones y tus esfuerzos.

Eres tus sueños, pero también tus tribulaciones.

Eres aquello a lo que te enfrentas y eliges sostener cuando nadie mira, cuando nadie aplaude, cuando nadie da "likes" en redes.

Eres lo que haces por tu familia cada día, te guste o no, y lo que haces por vuestro futuro.

En este pequeño libro (más bien una recopilación de ensayos) no vengo a darte lecciones de nada, vengo a compartirte mis reflexiones. Sin más.

Usa aquello que te aporte y descarta lo que no.

No pretendo enseñarte nada, ni hablar desde un altar. Pretendo que entre ambos consigamos remover algo por dentro, que mis ideas te den que pensar.

De pequeños creemos que los adultos ya tienen las respuestas, que saben de qué va la vida. Luego crecemos, nos hacemos adultos, y seguimos sin tener ni idea, pero pretendemos tener esas respuestas, incluso nos convencemos de ello.

Pero en el fondo sabemos que vamos perdidos siguiendo al rebaño.

Yo no lo tengo todo resuelto, ni tengo las respuestas que buscas. Yo busco hacerme las preguntas adecuadas para no seguir al rebaño porque sí.

Busco no obedecer sin filtrar. Sin criterio.

Busco construir una estructura vital que sea mía, no una que hayan programado para mí.

Porque muchas veces he sentido que estaba corriendo sin saber hacia dónde y, casi siempre, sin moverme del sitio.

He sentido que marcaba casillas en una lista de tareas autoimpuestas para sentirme productivo, sentir que estaba cumpliendo. Que hacía lo que suponía que debía hacer.

Pero en algún punto me cansé.

Ahora intento vivir con intención. Pensar antes de actuar y diseñar mi vida para no vivirla a ciegas.

No siempre lo consigo. A veces vuelvo a caer en la rueda de la productividad y el consumo. Sin dirección, sin alma.

A veces vuelvo a dejar que el sistema dicte mi realidad. Pero cada vez tardo menos en darme cuenta y salir de esa rueda.

Y que importante es eso.

¿Por qué? Porque el tiempo no vuelve. Y tu alma vale más que un buen currículum, un buen coche, un buen reloj, o lo que piensen otros de ti.

El sistema puede comprar tu el tiempo, pero tu alma no está en venta si no la pones tú.

Como ya anticipaban los estoicos: si no gobiernas tu mente, alguien más lo hará.

Cada capítulo tendrá 3 ideas prácticas, vamos con las de este:

1. Revisa cada mañana tu lista de tareas y divídelas en 3 columnas:

"Innegociable"
"Puedo retrasarla"
"La he metido de relleno"

Las innegociables, hazlas. Las que hayas metido de relleno, táchalas. Y de entre las tareas que puedes retrasar evalúa cuáles de ellas son realmente necesarias y si te acercan o no al futuro que quieres.

2. Escribe sin filtros durante 5 minutos al día.

Solo para pensar, para volcar ideas y pensamientos que tengas aturullados en tu cabeza para intentar darles orden y sentido. No se trata de escribir algo guay para que lo vean los demás, se trata de organizar tu "bandeja de entrada" interna para mandar a spam lo que sobra y eliminar el ruido.

3. Elimina una actividad semanal que no te aporte y no hayas elegido con intención.

Algo que hagas porque tu entorno hace, porque se supone que debes hacerlo, o porque tenía sentido hace tiempo... Pero que ya no te aporte ni a ti ni a los tuyos.
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