En un esquina de Roma hay una iglesia muy pequeña que solo se ve en...

Fue el final.
Por eso, quiso enseguida que el niño Francesco fuese más que él.
Con 20 años llegó a Roma y adoptó el nombre de Borromini.
Maderno enseguida notó su talento para la geometría, la matemática detrás de la arquitectura.
Bernini era un escultor formidable, sí, pero como arquitecto, se dejaba llevar por la grandiosidad.
Así, aunque Bernini se llevase el merito, es probable que los cálculos del Baldaquino fuesen de Borromini.
Para entonces, Borromini estaba ya harto, así que decidió pasar de ayudar a Bernini.
Siempre fue huraño, hosco y difícil. Siempre fue ascético e irascible. Casi como si los hombres le molestasen.
Casi como si solo le interesase la máquina numérica con la que veía la arquitectura.
El 30 de julio de 1667, Francesco Borromini, después de cien desaires y mil peleas, después de sufrir resquemores e inspirar otros, harto de enfermedades y harto de los hombres, quemó todos sus dibujos y sus textos.

Y la construyó un perdedor que no la vio terminada.
En #LaBrasaTorrijos, San Carlo alle Quattro Fontane y la matemática de Dios.
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