Hoy os voy a explicar una gesta desconocida para la mayoría de...

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Capitán General de los Tercios@capTercio
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Hoy os voy a explicar una gesta desconocida para la mayoría de españoles: la toma de Acuma "la ciudad del cielo".
Situada en lo alto de una roca a más de 100 m. de altura, solo se podía acceder a ella por caminos estrechos al borde de acantilados.
La primera vez que los españoles
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supieron de este lugar fue en 1539, cuando la población indígena informó al misionero franciscano Marcos de Niza, miembro de la expedición que acababa de descubrir Nuevo México, de una gran fortaleza rocosa a la que llamaban Hákuque.
Era uno de los enclaves que los indios Pueblo
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habían construido siglos atrás, aprovechando los abruptos accidentes geográficos de la región.
Era el más seguro e inaccesible de todos.
Se encontraba en mitad de un largo valle de 4 millas de ancho bordeado, a su vez, por una serie de precipicios prácticamente infranqueables.
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En medio de dicho valle había una roca elevada cuya cima, de 25 hectáreas de superficie, estaba a 105 metros de altura. Además, sus paredes no eran solo perpendiculares, sino que sobresalían en la mayor parte del perímetro. Allí se alzaba Hákuque, que más tarde llamaron Acoma.
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En 1540, el conquistador Francisco Vázquez de Coronado visitó el pueblo por primera vez acompañado de un pequeño ejército.
Fueron bien recibidos y los nativos, que nunca habían visto a un hombre blanco, tomaron a los extraños por dioses.
Medio siglo después, los españoles dejaron
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de ignorarla y la incluyeron en sus planes de Conquista, pues necesitaban el permiso del Rey de España para entrar en una nueva zona. Y también porque se habían encontrado nuevas y pueblos mucho más al sur con muchas más riquezas que explotar.
En las poblaciones cerca de Acoma se
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quedaron algunos misioneros, la mayoría de los cuales fueron asesinados cuando se fueron los soldados.
En 1598, Juan de Oñate entró en Nuevo México con la expedición anterior de Coronado. Sometió y colonizó la zona, recibiendo el título de adelantado y los cargos de gobernador y
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capitán general de dicho territorio.
En ese momento contaba con más de 20 años de experiencia en el Ejército, durante los que había peleado contra los indígenas que resistían el avance español. Pertenecía a una familia rica y poderosa.
La primera obligación de la colonización de
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Oñate, según las órdenes del Rey Felipe II, era extender la fe católica y dibujar mapas topográficos de las costas y puertos de Nuevo México, entre otras cosas.
El conquistador y su grupo salió de Santa Bárbara, en Nueva España, el 26 de enero de 1598.
Eran 400 hombres; 130 con
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esposa e hijos. Había 129 soldados y 10 frailes franciscanos. También había 7.000 animales, entre bueyes, vacas, caballos, mulas y ovejas. Y 83 carretas llenas de comida, ropa y herramientas para el cultivo y la extracción de minerales. Toda esta caravana se extendía a lo largo
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de 3,5 km.
Entre los acompañantes de Oñate estaba el historiador Gaspar Pérez de Villagrá, que en 1610 publicó su 'Historia de la Nueva México', donde narró esta difícil marcha hacia el norte y la vida de los primeros colonos.
En el camino, libraron cientos de batallas, pasando
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hambre y sed.
Caminaron durante 3 meses a lo largo del Río Grande. Tras cruzar el río de El Paso, el grupo de Oñate se dirigió más al norte hasta el pueblo de San Juan, para colonizar a todos los indios 'pueblo' y reclamar Nuevo México en nombre de Felipe II.
Oñate se reunió con
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los líderes indígenas obligándoles a jurar lealtad a España, para después asignar misioneros a muchas de sus aldeas.
Oñate también empezó a explorar las tierras más ignotas y visitar los pueblos más lejanos tratando de encontrar plata.
Los indios parecían amistosos
Aún así, Oñate
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ordenó a su sobrino Juan de Zaldívar, que lo acompañara con más tropas en su viaje hacia esas tierras ignotas.
Hacía semanas que los indios queres, habitantes de Acoma, estaban inquietos. Eran los únicos de los pueblo que había mostrado abiertamente su oposición a la autoridad
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española. En parte, porque se sentían a salvo en aquella meseta. Estaban convencidos de que los invasores se irían de Nuevo México sin intentar asaltar su ciudad.
Sólo un loco se atrevería a escalar aquellas paredes de más de 100 m. de altura, por caminos tan estrechos que apenas
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cabía un caballo para conquistar una sola aldea.
A finales de 1598, Juan de Zaldívar y un grupo de soldados treparon hasta el enclave para comerciar por harina y controlar a su población, pero los queres les recibieron con hostilidad y mataron a diez exploradores, incluyendo a
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Zaldívar. Uno de sus hombres murió al saltar del precipicio huyendo de los indios. Otros tres sobrevivieron pese a saltar desde una altura de 110 m. porque cayeron en un montón de arena situado en la base de la pared.
Un milagro.
Cuando Oñate supo de la muerte de su sobrino y
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sus hombres, supo al instante que tendría que vengarse para evitar que la rebelión se extendiera. Oñate envío a Villagra, a Vicente Zaldívar, hermano de Juan, y a 70 escuderos bien armados a Acoma con un mensaje claro: o se sometían a la fe católica, ponían fin a la rebelión y
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entregaban a los responsables o lo pagarían caro. La respuesta vino en forma de flechazos.
Salvajes desnudos, pintados de negro, saltaban de peñasco en peñasco, gritando, desafiando y profiriendo insultos a los españoles. Los curanderos, disfrazados para causar espanto, estaban
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en los pináculos, tocando sus tambores y lanzando maldiciones y conjuros a los vientos. Todo el pueblo se unió a los aullidos burlones y a las mofas.
Vicente de Zaldívar situó a sus hombres tan cerca del pie de la colina como pudo, para no correr peligro.
A la mañana siguiente,
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se puso en marcha el asalto definitivo. Dio la señal de ataque en cuanto comenzó a despuntar el sol y el grueso de españoles inició los disparos con los arcabuces, así como el asalto desesperado del extremo norte de la gran roca. Los indios, amontonados a lo largo de las peñas,
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descargaron una lluvia de proyectiles y varios españoles resultaron heridos. Era una táctica de despiste.
Doce hombres liderados por Villagrá, que habían pasado toda la noche escondidos bajo un acantilado, se arrastraron en sigilo por debajo del precipicio con un cañón a cuestas.
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Además del peso del cañón, llevaban sus pesados fusiles de pedernal y sus torpes armaduras, importantes impedimentos para escalar alturas.
El segundo día, ascendiendo sin ser vistos, llegaron a la cima de un gran pináculo de roca, separado de las casas de Acoma por un estrecho
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acantilado.
Villagrá lo cruzó con una pértiga y empezó a pelear con los sorprendidos queres, él solo. Mientras tanto, sus compañeros le imitaron. Pelearon bravamente y ganaron la posición.
Entonces instalaron el cañon y empezaron a disparar.
El sonido de los proyectiles hacia el
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las casas de adobe de la aldea era el aviso para el resto de la tropa. Igualmente, advirtió a los nativos del peligro procedente de otra zona que no esperaban.
En la cima, la batalla fue durísima.
Los españoles improvisaron un puente portátil con madera subida con cuerdas.
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Los doce hombres de Villagrá pelearon sin parar, se les agotaron las balas mientras les lanzaban de todo, lanzas, flechas, piedras... Todos estaban heridos, con las armaduras echas polvo, pero siguieron peleando calle por calle frente a un enemigo que era tremendamente superior
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en número.
En la ciudad vivían unos 30.000 indios, de los cuales 2.000 eran guerreros.
Mientras tanto, los hombres de Zaldívar (unos 50) penetraron en la ciudad y se unieron a la lucha, que duró todo un día.
Al comprobar en el fragor de la batalla que su pueblo ya no era
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inexpugnable, cundió el pánico entre los indios y muchos de ellos comenzaron a arrojarse al vacío, tal y como habían hecho antes los españoles con Juan de Zaldívar.
Finalmente, se rindieron y acabaron sometidos.
Una victoria sólo al alcance de hombres de acero.
Honor y gloria.
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*Fe de erratas.
En el primer tuit está escrito "toma de Acuma" cuando es ACOMA.
Ha sido un error de escritura.
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Añado esta aportación del Sr.Borrego para desmontar la leyenda negra sobre Juan de Oñate.
Nunca olvidéis el sendero de lágrimas
Lo hizo EEUU
Ni tampoco olvidéis la ley de cabelleras
Lo hizo Méjico
En Nueva España vivían muy felices con Don Juan de Oñate
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