Para los romanos, la producción de aceite de oliva era tan importante que muchos escritores ilustres se ocuparon del proceso y de sus cualidades en sus obras. Entre los más famosos podemos recordar a Plinio el Viejo, Catón el Censor y Columela.
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Dependiendo de varios factores, había diferentes calidades de aceite: desde el más preciado (Oleum ex albis ulivis), obtenido de aceitunas aún no maduras, hasta el más ordinario (Oleum caducum), extraído de aceitunas recogidas del suelo y ya maduras. ..
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Sin embargo, el aceite tenía un defecto importante: se estropeaba rápidamente y por esa razón los romanos preferían conservar las aceitunas y producir el aceite cuando se iba a consumir.
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La importancia del aceite también se refleja en el hecho de la existencia de un profesional para negociar su venta, el negotiator oleareus. Y en tiempos de guerra, los que poseían más de 2500 metros cuadrados de olivar estaban exentos del reclutamiento.
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Ni siquiera en estado de emergencia se permitía suspender la producción. Un texto de Ivan La Cioppa