🛢️⚠️El fin del pacto: Arabia Saudita/EEUU, la asfixia energética de...

La suspensión saudí de envíos de petróleo a Europa en septiembre y posiblemente octubre no es un simple contratiempo logístico. El ataque con drones al oleoducto Este-Oeste y la suspensión en Yanbu exponen la fragilidad energética europea y, sobre todo, la quiebra del pacto histórico entre Washington y Riad: seguridad a cambio de vender petróleo en dólares. Arabia Saudita descubre que su factura de seguridad con Estados Unidos era, en realidad, un cheque sin fondos.
El golpe al suministro es inmediato. Los cargamentos físicos con entrega urgente superaron los 130 dólares por barril; el Forties del Mar del Norte llegó a 136,75 dólares, cerca de su récord, y el Brent se mantuvo por encima de 100. Saudi Aramco notificó a clientes europeos y, según Bloomberg, la decisión afecta a todos los compradores del continente. Polonia, vía Orlen, lanzó más de diez licitaciones para conseguir barriles alternativos; España, que importa alrededor del 5% de su crudo desde Arabia Saudí, también busca proveedores de emergencia. Europa, ya golpeada por la crisis derivada de Ucrania, enfrenta una asfixia petrolera que amenaza con agravar la inflación y la competitividad industrial. Su seguridad energética pende ahora de una tubería de 1.200 kilómetros que puede ser cortada por un dron.
Pero el verdadero detonante no es el ataque, sino la respuesta de Washington. Durante décadas funcionó el pacto tácito: Arabia Saudita vendía su petróleo en dólares y reinvertía los excedentes en bonos del Tesoro; Estados Unidos ofrecía garantías de seguridad. Ese bucle se ha roto. Cuando Mohammed bin Salman llamó dos veces en un día a Trump para pedir apoyo militar, la respuesta fue gélida: inteligencia, pero ni un solo soldado. En el cálculo de Washington, la seguridad saudí pesa menos que sus intereses electorales y su fatiga militar. La nueva doctrina es que los socios regionales gestionen sus propios desafíos, lo que en la práctica significa que Riad debe defenderse sola.
La negativa estadounidense a honrar su parte del acuerdo tiene consecuencias que trascienden lo militar. Arabia Saudita ha reevaluado su alianza y concluyó que el precio de la alianza supera el valor de la protección. Se negó a conceder su espacio aéreo para una operación destinada a abrir el estrecho de Ormuz por la fuerza, lo que obligó a cancelar la misión 36 horas después de anunciarla. El sistema de petrodólares se tambalea: requiere dólares ganados e invertidos, y ambos flujos se han detenido. El cierre de Ormuz dejó varados los barriles del Golfo. Los bancos centrales, que ya habían reducido su tenencia de bonos del Tesoro a alrededor del 32%, han comenzado a vender. La confianza en el dólar como refugio se erosiona justo cuando más se necesita. Riad no ha roto formalmente con Washington, pero ya no actúa como aliado subordinado: se acerca a China y Rusia y explora mecanismos de pago alternativos. El contrato implícito de 1974 se ha rescindido desde dentro.
La suspensión del petróleo saudí a Europa es, por tanto, mucho más que una disrupción del suministro. Es el síntoma visible de una crisis estructural del orden financiero y de seguridad que organizó el mundo durante medio siglo. Europa paga el precio más inmediato por su dependencia y su alineamiento con Washington. Pero el costo de largo plazo recae sobre Estados Unidos: sin la reinversión de los petrodólares, su capacidad de financiar déficits gemelos se debilita; sin credibilidad en sus garantías de seguridad, su influencia en el Golfo se desvanece. El mensaje de Riad es claro: ya no acepta pagar por una protección que no llega. Washington debería entender que el fin del petrodólar no es una hipótesis futura, sino una realidad presente, y que las consecuencias las pagará tarde o temprano en su propia economía.