🇨🇳 China ha protagonizado el mayor desarrollo socioeconómico jamás...

Ma Wukong 马悟空@Ma_WuKong
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Mar 30, 2025
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De manera análoga, los economistas actuales funcionan como los nuevos «sacerdotes» de un sistema capitalista globalizado, utilizando modelos matemáticos, jerga técnica y supuestos teóricos para presentar la explotación económica —como la precariedad laboral, la concentración de riqueza o la mercantilización de bienes esenciales— como fenómenos inevitables o incluso deseables bajo la lógica del «progreso».
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En este sentido, conceptos como «el mercado» adquieren un carácter casi místico, presentados como fuerzas omnipotentes e infalibles que trascienden el control humano.
Las políticas de austeridad, por ejemplo, son con antiguos rituales de sacrificio: se exige sufrimiento colectivo (recortes sociales, desempleo) para apaciguar a estas deidades abstractas y garantizar la «salvación» económica futura.
Las políticas de austeridad, por ejemplo, son con antiguos rituales de sacrificio: se exige sufrimiento colectivo (recortes sociales, desempleo) para apaciguar a estas deidades abstractas y garantizar la «salvación» económica futura.
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En este marco, la referencia a China como «país fallido» siempre incide en la crítica a su modelo económico y político.
A pesar de su impresionante crecimiento y su transformación en una potencia industrial sin parangón, el argumento es que dicho desarrollo se ha logrado «a cualquier costo», sacrificando libertades individuales, cohesión social y sostenibilidad ambiental.
A pesar de su impresionante crecimiento y su transformación en una potencia industrial sin parangón, el argumento es que dicho desarrollo se ha logrado «a cualquier costo», sacrificando libertades individuales, cohesión social y sostenibilidad ambiental.
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El famoso «at what cost?» resume esta idea: el éxito económico cuantitativo —que siempre se minimiza, igualmente— no equivale a un éxito cualitativo, y el modelo chino, con su autoritarismo y desigualdades internas, sería un ejemplo de cómo el desarrollo de su modelo pueden ocultar un fracaso humano y estructural más profundo.
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Es más, dichos economistas siguen vendiendo los números económicos de China como insuficientes.
España tiene 3 veces la renta per cápita nominal de China; lo que sugiere que los españoles son 3 veces más ricos. Sin embargo, esto se traduce en que, en China, el 90% de los ciudadanos son propietarios de su vivienda y en España un joven no puede independizarse ni usando su sueldo para pagar un alquiler. Ni hablemos de poseer vivienda.
Lo mismo en todo Occidente. ¿Qué ocurre aquí?
España tiene 3 veces la renta per cápita nominal de China; lo que sugiere que los españoles son 3 veces más ricos. Sin embargo, esto se traduce en que, en China, el 90% de los ciudadanos son propietarios de su vivienda y en España un joven no puede independizarse ni usando su sueldo para pagar un alquiler. Ni hablemos de poseer vivienda.
Lo mismo en todo Occidente. ¿Qué ocurre aquí?
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Aunque los datos de PIB muestran crecimiento sostenido, este progreso económico coexiste con indicadores de decadencia evidentes: aumento de la desigualdad, deterioro de la infraestructura social (como la educación o la salud pública), polarización política, inseguridad y una percepción generalizada de pérdida de valores comunitarios y de visión pesimista del futuro.
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Aquí, las teorías económicas «anti-humanistas» occidentales —entendidas como aquellas que priorizan la acumulación de capital sobre el bienestar colectivo— propagan esta visión, al promover políticas que benefician a elites mientras se desatienden las necesidades de las mayorías.
Eso sí, el PIB crece, igualmente. Siempre crece. Todo marcha.
Eso sí, el PIB crece, igualmente. Siempre crece. Todo marcha.
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La idea central es que los economistas modernos, al igual que los sacerdotes de antaño, no son meros observadores neutrales, sino agentes activos en la reproducción de un orden social explotador y que funciona en contra de las mayorías.












