EL BESO QUE FRACTURÓ LA MENTIRA AHMED SHIHAB-ELDIN, periodista...

AHMED SHIHAB-ELDIN, periodista palestino estadounidense - 22 de febrero de 2025
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Un simple beso destrozó décadas de propaganda, exponiendo la frágil arquitectura de la deshumanización—una verdad que Israel no puede contener: incluso en medio del genocidio, la humanidad se niega a ser borrada.
Pero esto no se trata de un beso. Se trata de control—de la percepción, del discurso, de la arquitectura de la propia realidad. La propaganda no solo manipula la verdad; crea una verdad nueva. Dicta quién sufre con dignidad y quién muere en silencio. Y por décadas, Israel ha manejado esta maquinaria con precisión despiadada. Pero llega un momento en que la narrativa ya no se sostiene, cuando un solo acto espontáneo revela las fisuras subyacentes. Este fue uno de esos momentos.
La pregunta no es si Omer Shem Tov presionó sus labios contra la frente de un combatiente de HAMAS por gratitud o por coerción—preguntas como éstas son distracciones convenientes, diseñadas para mantenernos debatiendo la coreografía de la imagen en lugar de confrontar la ruptura que representa.
Porque esto es lo que hizo el beso: atravesó décadas de ingeniería narrativa, años de una cuidadosa elaboración discursiva por parte de quienes necesitan que creas que los palestinos son subhumanos, que su resistencia es bárbara, que la tierra de la que están siendo borrados nunca les perteneció realmente. El beso no encajaba en el guión. Se suponía que el rehén debía estar temeroso, no abrazando. Debía estar en manos de monstruos, no de hombres. Y así, la máquina se atascó.
Dilo y observa cómo las puertas se cierran, cómo la prensa da vuelta las palabras hasta distorsionar la verdad. Dilo en Berlín, y te llamarán antisemita. Dilo siendo judío, y te llamarán un judío que se odia a sí mismo. Dilo siendo palestino, y te llamarán terrorista. Dilo de todas formas.
Porque la verdad no es una cuestión de opinión. Porque el derecho internacional no se doblega a la voluntad de quienes se creen por encima de él. Porque la nueva resolución sobre antisemitismo del Bundestag alemán no es sobre proteger a los judíos —es sobre silenciar a quienes se niegan a arrodillarse ante el Estado de Israel. Es sobre convertir las universidades en máquinas de vigilancia, desfinanciar a los académicos que se atreven a nombrar la opresión, institucionalizar una policía del pensamiento tan meticulosa que los meros hechos se vuelven ilegales.
En Palestina, un beso en la frente nunca es solo un beso; es reverencia, disculpa, gratitud, un reconocimiento silencioso de amor o de pérdida, a veces ambas cosas a la vez. Es la forma en que los niños honran a sus mayores, la forma en que los padres protegen a sus hijos, la forma en que se transmite el dolor y se intercambia consuelo.






