Leí el documento de @CFKArgentina. Todos se quedan con la cuestión...

Nicolás Dvoskin@ndvoskin
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Sep 06, 2024
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Leí el documento de @CFKArgentina. Todos se quedan con la cuestión de la economía bimonetaria y la discusión acerca de si es causa o consecuencia de otros fenómenos (EMHO, tal dicotomía solo sirve para reforzar prejuicios teóricos). Pero para mí la parte fundamental es otra.
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Los que añoran la vieja sociedad industrial piensan que con crecimiento económico y políticas proteccionistas podemos volver al pleno empleo registrado y de calidad, sin comprender no solo que ese modelo tenía sus problemas sino que el mundo cambió y mucho.
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La Argentina desarrollista funcionó en tiempos en los que la industria competía contra la productividad europea o norteamericana. Corría desde atrás, se asociaba, generaba empleo. También faltaban dólares. Hoy y desde hace 50 años el mundo es otro.
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Hoy se compite tanto con la tecnología de punta de los países centrales como con los bajos salarios de los países más pobres, donde operan factorías y maquilas. Hoy la producción se organiza en cadenas globales de valor. ¿Cómo puede el proteccionismo clásico competir con eso?
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Los neoliberales también se equivocan, porque entienden que el resultado de la disolución de la sociedad salarial es la atomización total en individuos que son empresarios de sí mismos, que todos somos emprendedores en potencia, que no existen comunidades ni nada de eso.
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Y el resultado de pensar políticas en esa clave (por ejemplo, pensando que la desregulación y los buenos incentivos van a ser suficientes para que lleguen inversiones, nos enriquezcamos y seamos felices) es la potenciación de la desigualdad, la pobreza y la marginalidad.
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En la sección que cito CFK no habla solo del gobierno de Alberto, habla del suyo también. Es una autocrítica verdadera. El kirchnerismo nunca pudo salir del imaginario de la sociedad salarial, y entonces sus políticas no tuvieron la legitimidad suficiente.
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Y sí, los trabajadores registrados podemos ser vistos como beneficiados, o hasta "casta", por los cientos de miles de trabajadores precarizados, informales, cuentapropistas, cuyos ingresos no alcanzan y no se sienten representados por una paritaria o un sindicato. Es lógico.
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Es lógico que un laburante que vende medias en el tren putee a los sindicalistas ferroviarios que hacen paro y no le dejan hacer su trabajo por el que gana menos de una cuarta parte que ellos y encima no tiene forma de protestar. Pero eso parece que se nos pasó de largo.
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A ese vendedor de medias se le dieron protección, asignaciones, planes sociales (en general insuficientes), subsidios, pero no se le dio legitimidad. Porque se siguió diciendo que esa situación era transitoria, que el pleno empleo formal con salario suficiente llegaría pronto.
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Se lo escuchó, sí, el Estado respondió a esas nuevas demandas, y para eso tuvo que crecer. Más funciones requieren más personal y más presupuesto. Y eso está bien. El problema es que esas funciones nunca se legitimaron como algo que iba a ser permanente, salvo excepciones.
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Y se dio una paradoja: los beneficiarios de esas políticas nunca fueron integrados más allá de esas políticas, y por ende se quejan (con razón) de que el Estado no responde ante su demanda de inclusión. Y los no beneficiarios se quejan de la "injusticia" de no ser beneficiados.
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Y en el medio de todo eso, y cuando las categorías que permitirían resignificar la intervención y reconocer estas transformaciones empezaban a carretear (ej: economía popular), vuelve recargado el discurso neoliberal, ahora con una lógica mucho más directa y agresiva.
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Sí, el peronismo no supo leer a tiempo esas transformaciones de la sociedad. No supo interpretar que el cambio de época en materia económica era algo permanente, para lo cual era necesario ensayar una gramática nueva. Y esa gramática requiere participación y organización.
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Los neoliberales tampoco lo entienden. Milei piensa que al Estado se le reclama menos, y se equivoca. Se le reclama cada vez más. Lo que pasa es que se le reclaman cosas distintas. Y él solo escucha lo que le reclaman algunos empresarios (a los que todos suelen escuchar primero).
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No tengo todo el historial de discursos de CFK en la cabeza, pero tengo la sensación de que es la primera vez que ella alude a este asunto fundamental con tono de autocrítica. Y creo que la conclusión termina siendo positiva: quien sepa leer esta nueva realidad podrá ser exitoso.
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Estas son ideas que venimos trabajando en el proyecto que dirijo junto con @florpizzo en la @UNLaOficial, junto con estudiantes. Pensar la relación entre los cambios económicos y sus formas de legitimación es algo que a los economistas nos suele faltar, y no debemos menospreciar.
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Este hilo tuvo mucha repercusión. Gracias a todas/os por eso. Me quedó pendiente ejemplificar con un caso concreto y muy relevante, al que me he dedicado desde el doctorado: el sistema previsional. Me parece el mejor ejemplo de este problema.
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Las discusiones sobre el sistema previsional suelen darse en el debate capitalización vs. reparto. Es decir, cada trabajador es responsable individualmente de su futuro o es la generación de trabajadores la que es solidariamente responsable. Ambos esquemas son contributivos.
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Es decir, en ambas lógicas es el aporte lo que da derecho a la jubilación. Entonces surge la pregunta: ¿qué hacer con las personas que no tienen aportes? En cualquier respuesta contributiva tradicional, el enunciado es simple: nada. Pero eso es problemático.
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¿Por qué es problemático? Porque cuando reconocemos que el aportar no es una decisión individual sino el resultado de procesos sociales, la cosa se vuelve un poco más compleja. ¿Qué significa aportar? ¿A qué estamos aportando?
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Vamos con un ejemplo concreto: las trabajadoras de casas particulares. Aun hoy son más de un 70% no registradas, a pesar de que existe un programa de registro simplificado. Antes de eso era más del 95%. No hacen aportes, ¿pero no aportan?
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Desde la lógica neoliberal, deberían aportar por su cuenta. ¿Pueden hacerlo? ¿Están en condiciones de pagar un aporte que se multiplique en los mercados financieros y les permita gozar de un ingreso en la vejez? Claramente no. No pueden.
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Desde la lógica contributivista del reparto clásico, debería aportar el empleador. ¿Puede hacerlo? Depende del caso. A veces sí, a veces no. Lo que está claro es que antes de que existiera el régimen simplificado ningún empleador lo hacía.
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Y en el régimen simplificado lo que se hace sobre todo es cubrir ART y Obra Social. El aporte previsional es mínimo en relación a la jubilación. Es lo mismo que con el monotributo. ¿Alguien en serio piensa que un aporte de 10.000 pesos por mes cubre una jubilación mínima? No.
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Entonces en los hechos, tanto con el monotributo como con las trabajadoras de casas particulares el Estado está cubriendo la jubilación. ¿A quién se está subsidiando? ¿Se trata de gente que no está aportando? ¿Se trata de gente que está siendo subsidiada por los que aportaron?
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Una mujer que trabajó toda su vida en una casa particular de manera informal sin dudas contribuyó a que sus patrones pudieran tener determinado nivel de vida o determinado tiempo para generar ingresos que les permitieron ahorrar o incluso aportar al sistema previsional.
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Si vos pudiste aportar en un trabajo estable y formal es porque había una persona en tu casa sin esa cobertura cuidando a tus hijos, limpiando, cocinando. Si esa persona no hubiera estado ahí, vos tendrías que haber trabajado afuera menos, y habrías aportado menos.
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Vos hoy te quejás de que tu jubilación es mala y le echás la culpa a quienes accedieron por moratoria. Pero entre las moratorias está la mujer que cuidaba a tus hijos, a la que tenías no registrada, por un salario más bajo que el mínimo y decís que vos la estás subsidiando a ella
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En el fondo el problema es que tenemos que reconocer que el mercado es un pésimo asignador de recursos, sobre todo salariales, y que en esa asignación los resultados no son neutrales: hay ganadores y perdedores. Y a veces los que somos ganadores no nos damos cuenta.
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Entonces cuando el Estado se propone compensar eso con jubilaciones no contributivas no está haciendo un gesto reparatorio, pero sí está reconociendo el aporte social: un aporte que en todo caso está presente indirectamente en los aportes de los empleadores de esa trabajadora.
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Mientras tanto, nos hablan de la plata de los jubilados como si cada uno hubiese sido no solo responsable por su aporte, sino merecedor directo del ingreso del que salió. Y no, no somos merecedores directos, hay una sociedad desigual detrás.
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Y el problema es que las moratorias nunca se plantearon en rechazo a la lógica contributivista, sino como un complemento coyuntural. El discurso del kirchnerismo nunca avanzó hacia una universalización plena. Por eso son moratorias: ficciones contributivistas.
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Hoy el gobierno avanza con una agenda de retorno a la capitalización individual, a la auto-responsabilización, y lo hace sobre las contradicciones de un supuesto modelo solidario que en sus bases solo incluye a una minoría de trabajadores/as.
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Reconocer la heterogeneidad reinante y reconocer que el mercado es un pésimo asignador de recursos implica darle al Estado no solo las herramientas sino la legitimidad para asignar recursos de una manera diferente, mucho más justa.
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Por eso, las moratorias se quedaron a mitad de camino: son necesarias, pero se legitimaron desde el contributivismo. Lo que hace falta es un cambio mucho más profundo que reconozca las falencias del mercado y permita avanzar hacia un esquema verdaderamente inclusivo y universal.
