Todos los ojos puestos en el Gasoducto Medgaz que une Argelia con...

Con la situación actual puede ser un objetivo crítico.
Argelia cerró en 2021 el Gasoducto del Magreb, que abastecía a España a través de Marruecos.
Marruecos entonces pasó a perder al año +200M €.
Pero... ¿Puede ser un Nord Stream 2.0? ¿Hay riesgo de sabotaje? 👇🏽
En principio no hay el mismo riesgo, pero nunca se sabe.
La posibilidad de que actores como Marruecos, Estados Unidos o Israel ejecuten un sabotaje en el Medgaz presenta lógicas geopolíticas, incentivos y riesgos drásticamente diferentes para cada uno.
Tras el precedente del Nord Stream (donde la investigación oficial alemana de 2026 apunta a tramas estatales vinculadas a la guerra de Ucrania y donde EE. UU. fue señalado mediáticamente por sus intereses comerciales), Washington vuelve a estar bajo la lupa.
EE. UU. se ha convertido en uno de los mayores exportadores de GNL hacia Europa. Un corte en el Medgaz forzaría a España y a la Unión Europea a comprar masivamente metaneros estadounidenses a precios de mercado norteamericano.
Sabotear el Medgaz significaría atacar intencionadamente la estabilidad económica de un aliado directo de la OTAN en un momento de altísima tensión global. A diferencia de Alemania con el gas ruso (donde Washington quería romper los lazos Berlín-Moscú), el gas argelino que llega a España no financia a una potencia invasora hostil a la OTAN, sino que estabiliza el flanco sur de Europa.
Israel es diferente. La relación entre Argelia e Israel es de enemistad total, especialmente tensada por los conflictos en Oriente Próximo.
Además, Israel ha estrechado lazos masivos con Marruecos mediante acuerdos de defensa y la reciente adjudicación de licencias de explotación de gas en aguas del Atlántico frente al Sáhara Occidental.
Un golpe al Medgaz asestaría un golpe crítico a las finanzas de Argelia (su enemigo geopolítico), cuyo pulmón financiero es la empresa estatal Sonatrach, y de paso también a España, enfrentado con Israel por Palestina
De los tres actores, Marruecos es el que mantiene la rivalidad vecinal más encarnizada con Argelia (alimentada por una carrera armamentística histórica en el Magreb).
Dejar a Argelia sin su principal vía de ingresos hacia Europa y demostrar la supuesta "inseguridad" de los corredores argelinos sería su objetivo.
Un ataque físico directo marroquí en aguas bajo estricta vigilancia de la Armada española (que en julio de 2026 ha vuelto a modernizar sus sistemas de radares y sensores en la Isla de Alborán precisamente para blindar la seguridad marítima de la zona) sería seguramente detectado.
Marruecos depende del favor político de España y de la UE para validar internacionalmente su soberanía sobre el Sáhara Occidental.
Un sabotaje confirmado implicaría sanciones de la UE que quebrarían su economía.
Si el Medgaz llegara a sufrir un sabotaje, la clave no sería un misil o un buque de guerra visible, sino una operación de bandera falsa o de guerra híbrida.
Obviamente ninguno de estos tres actores asumiría la autoría. Si ocurriera, el sabotaje se diseñaría para que pareciera un accidente.
Otra opción sería que un actor estatal financie o provea inteligencia a grupos insurgentes para atacar la infraestructura en suelo argelino, desviando por completo la atención internacional de las potencias del Mediterráneo.
Por tanto, el Medgaz está protegido por el hecho de que su destino final es un país central de la OTAN.
Sabotearlo no es solo sería atacar a Argelia; sería golpear directamente el suministro energético y la seguridad nacional de Europa occidental.
Por tanto, aunque el beneficio económico para EE. UU. o el golpe geopolítico para Marruecos e Israel existan sobre el papel, el coste de activar una respuesta de seguridad europea penalizaría notablemente a los tres actores si se descubriera.
