Thread Truncated (Cap Enforced)
Only the first 20 tweets are unrolled into slides to ensure reliable PDF exporting and high server performance.
Canvas & Ratio
Choose your destination platform format
Layout Template
Choose a content structure for your slides
Preset Themes
Typography & Sizing
Brand Kit Customization
AGENCYConfigure brand assets for headers & footers
Outro Slide CTA
Customize your closing call-to-action slide
Background Pattern
Build Your Carousel
Drag and drop any post card below onto a slide, or use the quick buttons to insert content/images instantly!

Tan sólo quince años Esta historia no va realmente de tristeza, de dolor o sobre la muerte. Todas estarán presentes, pero no son lo importante. La historia va de transformación, de procesos, de entender las experiencias vividas durante esos quince años.

Tampoco es una historia que definiría como bonita. Es simplemente una historia de comprender la evolución de ese Mauri adolescente aún en el instituto, hasta el adulto que soy ahora.

Podría decir que quiero contar estas vivencias porque podrían ayudar a otros (que es probable), pero realmente en este momento he empezado a escribir simplemente porque me apetece.

También pido perdón de antemano porque soy nulo escribiendo por lo que es probable que cometa más de un error, me sobren o me falten comas y puntos.

Aunque esta historia va principalmente sobre mí, todo lo que voy a narrar gira en torno a mi madre, por lo que veo bastante relevante hablarte de ella.

Michelle, (o Mamamich si fuiste lo suficientemente afortunado para ser adoptado bajo su amplia ala como uno más de sus hijitos), era una persona sencillamente increíble.

No solo porque fuera fuerte, inteligente y dedicada, sino porque además se preocupaba. Siempre quería ayudar a todo el mundo, siempre estaba ahí para todo el mundo.

Era la persona más creativa e ingeniosa que he conocido jamás, podría estar horas escribiendo cada una de las cosas que me enseñó de las maneras más alocadas que te pudieras imaginar o formas poco convencionales con las que nos educó para ser quienes somos mis hermanas y yo.

Siempre he querido pensar que todo el ingenio, creatividad y elocuencia que tengo hoy en día es literalmente ella, su esencia viviendo dentro de mí.

Obviamente que te lo diga yo pues es lo normal ya que al fin y al cabo era mi madre, pero creo que es de las pocas personas que no mentiría si dijera que para muchos fue más que una segunda madre.

Quince años. Curiosamente es la edad que tengo al comienzo de esta historia, una familia que hacía poco más de un año había emigrado para empezar una nueva vida en Tenerife.

Nuestra primera casa es un apartamento bastante playero en la costa. Creo que no recuerdo una época en la que haya pasado más tiempo entre las olas y la arena que este.

En esta parte de la historia no soy más que el típico chaval entrando en la adolescencia. Un muchacho metido en su mundo con su música, practicando el ser cabezón e irrespetuoso. Un chiquillo intentando adaptarse e integrarse en los grupos del instituto y esas cosas.

Lo más inmediato que recuerdo a nuestros primeros meses, es la llegada de otros familiares que también emigraron. Mis tías y algunos amigos familiares también empezaban una nueva vida aquí. Pero por encima de todo, lo que más recuerdo fue una visita de mi abuela.

Mi abuela, (que cabe resaltar que era por parte materna), no era una abuela común como el concepto que la gente suele tener. Mi abuela nunca vivió con nosotros o siquiera coincidimos en estar viviendo nunca en el mismo país hasta donde yo puedo recordar.

Sin embargo, siempre nos visitaba allí donde viviéramos. “Cuando volveremos a ver a mumi?” Siempre preguntábamos. A lo que mi madre contestaba “La próxima vez que cambie el viento”

Esa respuesta es una referencia a Merry Poppins la cuál siempre decía lo mismo. Mi madre la decía porque las visitas de mi abuela eran un poco ese tipo de experiencias.

Para hacerte una idea, mi abuela era literalmente como una super Mamamich de quien ella aprendió mucho de lo que la llevó a ser como era.

Nos traía siempre chuches y pequeños detalles de donde ella estuviera viviendo. Aún con quince años (y queriendo dármelas de adulto), recuerdo esperar el momento de que abriera su maleta tal cuál como un niño esperando a que Merry Poppins sacara algo mágico de su bolso.

Esa sería la última vez que vería a mi abuela.