@Amrodalcarin: Tan sólo quince años Esta hi...
@Amrodalcarin
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May 25, 2026
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Tan sólo quince años
Esta historia no va realmente de tristeza, de dolor o sobre la muerte. Todas estarán presentes, pero no son lo importante. La historia va de transformación, de procesos, de entender las experiencias vividas durante esos quince años.
Esta historia no va realmente de tristeza, de dolor o sobre la muerte. Todas estarán presentes, pero no son lo importante. La historia va de transformación, de procesos, de entender las experiencias vividas durante esos quince años.
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Tampoco es una historia que definiría como bonita. Es simplemente una historia de comprender la evolución de ese Mauri adolescente aún en el instituto, hasta el adulto que soy ahora.
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Podría decir que quiero contar estas vivencias porque podrían ayudar a otros (que es probable), pero realmente en este momento he empezado a escribir simplemente porque me apetece.
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También pido perdón de antemano porque soy nulo escribiendo por lo que es probable que cometa más de un error, me sobren o me falten comas y puntos.
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Aunque esta historia va principalmente sobre mí, todo lo que voy a narrar gira en torno a mi madre, por lo que veo bastante relevante hablarte de ella.
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Michelle, (o Mamamich si fuiste lo suficientemente afortunado para ser adoptado bajo su amplia ala como uno más de sus hijitos), era una persona sencillamente increíble.
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No solo porque fuera fuerte, inteligente y dedicada, sino porque además se preocupaba. Siempre quería ayudar a todo el mundo, siempre estaba ahí para todo el mundo.
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Era la persona más creativa e ingeniosa que he conocido jamás, podría estar horas escribiendo cada una de las cosas que me enseñó de las maneras más alocadas que te pudieras imaginar o formas poco convencionales con las que nos educó para ser quienes somos mis hermanas y yo.
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Siempre he querido pensar que todo el ingenio, creatividad y elocuencia que tengo hoy en día es literalmente ella, su esencia viviendo dentro de mí.
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Obviamente que te lo diga yo pues es lo normal ya que al fin y al cabo era mi madre, pero creo que es de las pocas personas que no mentiría si dijera que para muchos fue más que una segunda madre.
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Quince años.
Curiosamente es la edad que tengo al comienzo de esta historia, una familia que hacía poco más de un año había emigrado para empezar una nueva vida en Tenerife.
Curiosamente es la edad que tengo al comienzo de esta historia, una familia que hacía poco más de un año había emigrado para empezar una nueva vida en Tenerife.
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Nuestra primera casa es un apartamento bastante playero en la costa. Creo que no recuerdo una época en la que haya pasado más tiempo entre las olas y la arena que este.
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En esta parte de la historia no soy más que el típico chaval entrando en la adolescencia. Un muchacho metido en su mundo con su música, practicando el ser cabezón e irrespetuoso. Un chiquillo intentando adaptarse e integrarse en los grupos del instituto y esas cosas.
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Lo más inmediato que recuerdo a nuestros primeros meses, es la llegada de otros familiares que también emigraron. Mis tías y algunos amigos familiares también empezaban una nueva vida aquí. Pero por encima de todo, lo que más recuerdo fue una visita de mi abuela.
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Mi abuela, (que cabe resaltar que era por parte materna), no era una abuela común como el concepto que la gente suele tener. Mi abuela nunca vivió con nosotros o siquiera coincidimos en estar viviendo nunca en el mismo país hasta donde yo puedo recordar.
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Sin embargo, siempre nos visitaba allí donde viviéramos.
“Cuando volveremos a ver a mumi?”
Siempre preguntábamos. A lo que mi madre contestaba
“La próxima vez que cambie el viento”
“Cuando volveremos a ver a mumi?”
Siempre preguntábamos. A lo que mi madre contestaba
“La próxima vez que cambie el viento”
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Esa respuesta es una referencia a Merry Poppins la cuál siempre decía lo mismo. Mi madre la decía porque las visitas de mi abuela eran un poco ese tipo de experiencias.
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Para hacerte una idea, mi abuela era literalmente como una super Mamamich de quien ella aprendió mucho de lo que la llevó a ser como era.
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Nos traía siempre chuches y pequeños detalles de donde ella estuviera viviendo. Aún con quince años (y queriendo dármelas de adulto), recuerdo esperar el momento de que abriera su maleta tal cuál como un niño esperando a que Merry Poppins sacara algo mágico de su bolso.
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Esa sería la última vez que vería a mi abuela.
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Evidentemente yo no lo sabía, realmente desconozco si mis padres o hermanas lo sabían en aquel momento y yo simplemente estaba en mi mundo de adolescente, pero si recuerdo que poco después de su partida que tuvimos una conversación familiar.
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“Hijito, ven un momento y siéntate con nosotros”.
Dijo mi madre.
Cáncer.
Dijo mi madre.
Cáncer.
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Es el momento en el que me enfrento por primera vez a esa palabra. Tenía diagnosticado cáncer terminal en los huesos e iba a pasar lo que le quedara por vivir en Alemania, su tierra natal.
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Es curioso, porque a lo largo de mi vida había tenido muy poca relación con la muerte.
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Cuando yo recibí esa información no lo recuerdo como si quiera algo tan importante, al menos en mi lado consciente. Sin embargo, con el paso de los años he descubierto que ya estaba ahí, latente.
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Desde ese día en adelante puedo decir con certeza que la muerte se posó al lado mío afirmando:
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“Hola, existo y ten muy presente que aquí estaré”
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Sentimientos, pensamientos. En ese momento yo no lo sabía, pero ese sería el momento en el que, de manera totalmente inconsciente empezaría a forjarse dentro de mi algo que me acompañaría a lo largo de muchos años.
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Mi madre nunca nos presentó a la muerte, creo que es de las poquísimas cosas que nunca me enseñó.
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El resto de mis familiares o gente cercana que había muerto en mi vida eran eventos lejanos, nunca habíamos ido siquiera a un funeral. Para mi ese ente con capucha y una hoz era un total extraño.
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Ahora mismo no recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó después de eso, yo estimo que un año o quizás año y medio.
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Yo, como buen hijo de mi madre, era una persona absurdamente creativa y que encajaría totalmente en la definición de “culo inquieto”.
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Tocaba la guitarra y canta a en las fiestas del pueblo, hacía musicales, participaba con una organización para hacer eventos culturales e incluso organizaba torneos de videojuegos en el pueblo donde vivíamos.
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La verdad que la parte de lograr integrarme la conseguí bastante bien. Creo que es algo que heredé también de ella.
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No pasaría mucho antes de que:
“Hijito, ven un momento y siéntate con nosotros”.
Cáncer.
“Hijito, ven un momento y siéntate con nosotros”.
Cáncer.
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Esta vez mi madre. Fue una detección prematura. Le habían detectado un tumor en le mama izquierda.
He de decir que en aquel entonces aún desconocía bastante todo lo que implica el cáncer, sólo tenía clara una cosa.
Muerte.
He de decir que en aquel entonces aún desconocía bastante todo lo que implica el cáncer, sólo tenía clara una cosa.
Muerte.
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La tenía ahí al lado, acechando.
“Prepárate” me decía al oído.
¿Sería igual que con mi abuela? ¿Mi madre no podía morir todavía no? Mil y una preguntas más me hice al respecto, pero simplemente no lo sabía. No había experimentado nada parecido.
“Prepárate” me decía al oído.
¿Sería igual que con mi abuela? ¿Mi madre no podía morir todavía no? Mil y una preguntas más me hice al respecto, pero simplemente no lo sabía. No había experimentado nada parecido.
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Los tratamientos empezaron y con ellos los efectos secundarios. Aún recuerdo claramente el momento en el que a mi madre se le empezó a caer el pelo.
Podría describir exactamente el recuerdo.
Podría describir exactamente el recuerdo.
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Estoy de pie en el patio de la cocina al lado de la batea. Estoy enfocado a la ventana y puedo ver perfectamente el Teide en una tarde completamente despejada.
Y al mismo tiempo veo a mi madre frente a mí, llorando.
Y al mismo tiempo veo a mi madre frente a mí, llorando.
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Llora mientras me miraba con los mechones de cabello que se le quedan en las manos.
Esa misma tarde le ayudé a raparse el pelo.
Al acabar me abrazó mientras aún lloraba y me dijo algo que cambiaría mi vida. Algo que se quedaría como un punzón en lo más profundo de mi corazón.
Esa misma tarde le ayudé a raparse el pelo.
Al acabar me abrazó mientras aún lloraba y me dijo algo que cambiaría mi vida. Algo que se quedaría como un punzón en lo más profundo de mi corazón.
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“Mauri, no me quiero morir”
Que poderosas pueden ser las palabras.
Que poderosas pueden ser las palabras.
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Es jodidamente difícil entender, incluso para mí, incluso ahora mismo mientras escribo esto, todo lo que esas palabras desencadenaron, todo lo que esas palabras me hicieron sentir, todo lo que significaron y todo lo que significan hoy en día.
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Sin embargo, el Mauri de tan solo quince años decidió coger esas palabras, guardarlas en una cajita y seguir.
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Si tuviera que suponer, diría que mi madre siempre pensó que yo era alguien tan fuerte como ella (algo bastante alejado de la realidad). Pero creo que en ese sentido siempre tuvo la libertad de desahogarse conmigo.
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Luego de eso todo cambió un poco. A mi madre la operaron y estuvo un tiempo en el hospital mientras además seguía con su tratamiento, mi padre y mi hermana mayor trabajaban y yo y mi hermana menor estudiábamos.
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En mi familia los quehaceres siempre fueron compartidos. Desde pequeños mi madre nos enseñó a cocinar, lavar y fregar, aunque ella fuera la que principalmente se encargara de ello o fuera quien lo coordinara.
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Sin embargo, tengo el claro recuerdo de en más de una ocasión tener que llegar del instituto para hacerle almuerzo a mi hermana y encargarme de los quehaceres durante ese tiempo.
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Los tratamientos empiezan a reducirse, el cáncer empezaba a entrar en remisión.
Mi madre tomó la decisión de ir de viaje a Alemania a ver y estar con mi abuela. Aún hoy en día me pregunto qué pensamientos pasarían por su cabeza.
Mi madre tomó la decisión de ir de viaje a Alemania a ver y estar con mi abuela. Aún hoy en día me pregunto qué pensamientos pasarían por su cabeza.
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Tiene que ser algo muy pero que muy duro y complejo ver a tu madre irse desvaneciendo debido a la misma enfermedad que padeces.
Es algo de lo que nunca llegamos a hablar.
Es algo de lo que nunca llegamos a hablar.
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Al año, o al par de años, mi madre ya se encontraba mucho mejor, seguía con tratamientos, pero todo estaba viento en popa.
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Yo, quizás en mi afán de seguirme aislando o quizás simplemente debido al creciente burbujeo hormonal de mi adolescencia, me había convertido en una persona bastante distante en cuanto a mi familia justo en el momento que llegó el golpe.
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Muerte.
Mi abuela murió a principios del año siguiente.
Pensamientos, sentimientos, todos a la cajita. La muerte estaba ahí frente a mí. Susurrando.
“Prepárate”
Mi abuela murió a principios del año siguiente.
Pensamientos, sentimientos, todos a la cajita. La muerte estaba ahí frente a mí. Susurrando.
“Prepárate”
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Yo decidí mirar a otro lado. Podía guardar todo eso. No es el momento.
No recuerdo siquiera haber llorado.
No recuerdo siquiera haber llorado.
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Lo que si recuerdo, y dudo que olvide jamás, fue una discusión. El motivo era irrelevante. De toda la vida mi madre y yo podíamos discutir y debatir incluso de la por qué las naranjas eran naranjas.
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Sin embargo, ese día, ese mismo día de la muerte de mi abuela y durante una discusión pronuncie las palabras.
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“¿Me estás haciendo chantaje emocional porque se murió mi abuela?”
Que poderosas pueden ser las palabras.
Que poderosas pueden ser las palabras.
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Hoy en día sigo trabajando para perdonarme el haberlas pronunciado y, sin embargo, el Mauri de aquel momento no lo sentía. Podría culpar a la impertinencia de la adolescencia, pero sería simplemente buscar excusas.
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El Mauri de aquel momento había empezado a resguardarse de sentir nada.
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Si recuerdo haberme disculpado y que mi madre me perdonara, pero directamente no lo sentía. Así como tampoco era consciente de que esas palabras se quedarían ahí, latentes dentro de mi. Sin poder ser perdonadas por mí mismo.
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Yo sé que mi madre sabría que simplemente era un adolescente impertinente, pero joder, que manera de hacer daño…
“Count your blessings” solía decir mi madre. Aprecia lo que tienes, valóralo día a día, vívelo.
“Count your blessings” solía decir mi madre. Aprecia lo que tienes, valóralo día a día, vívelo.
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Pasaron los años, mis padres y hermanas ahora viven en Gran Canaria.
Mi madre volvió a tener un cabello hermoso, recuperó su fuerza descomunal característica de Mamamich e incluso empezó a trabajar con normalidad.
Mi madre volvió a tener un cabello hermoso, recuperó su fuerza descomunal característica de Mamamich e incluso empezó a trabajar con normalidad.
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El cáncer ha remitido.
Este momento inicia una nueva fase, nuestras vidas se inundan de normalidad, de monotonía y se empieza a usar durante esos años, la frase “mamá tuvo cáncer”.
Este momento inicia una nueva fase, nuestras vidas se inundan de normalidad, de monotonía y se empieza a usar durante esos años, la frase “mamá tuvo cáncer”.
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El cáncer no tiene cura.
Pero ese pensamiento, esa realidad sobre el cáncer, al igual que el resto de muchos otros sentimientos fueron cuidadosamente colocados en la cajita.
Pero ese pensamiento, esa realidad sobre el cáncer, al igual que el resto de muchos otros sentimientos fueron cuidadosamente colocados en la cajita.
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En este punto tengo unos veinte años y llevo un par de años en la universidad, vivo con compañeros de la universidad y sobrevivo a base de becas y ayuda de mis padres.
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Mi madre me hace una visita una vez al año en la que aprovecha para hacer la revisión anual que se queda de por vida para el cáncer, el cual, dado que como todo su proceso fue en Tenerife pues aprovechaba, me visitaba y tiene su revisión.
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En esta época visito de manera bastante asidua a mi familia. Con el paso de los años y a medida que voy formando mi vida esto se va diluyendo y paso a no visitarles tan a menudo.
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He de hacer hincapié en que nunca fue algo así exagerado, pero viéndolo con perspectiva, hay un punto de mi vida en el que veo y hablo muy poco a mi familia. Tengo mi vida, mi trabajo, mis amigos y a mi familia la veo en las típicas cenas de navidad y la visita anual de mi madre.
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Ya tengo veintiséis años. Tengo un trabajo medianamente estable. La cajita se encuentra en lo más profundo de mi ser, casi olvidada.
Es en este momento cuando conozco a la que es ahora mi compañera de vida, la persona que más amo en este mundo.
Es en este momento cuando conozco a la que es ahora mi compañera de vida, la persona que más amo en este mundo.
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Annie.
Ella llegó en un momento en el que mi apatía me había hecho perder la esperanza en el amor, llegó para inmediatamente convertirse en la mejor compañera de equipo que nadie podría tener.
Ella llegó en un momento en el que mi apatía me había hecho perder la esperanza en el amor, llegó para inmediatamente convertirse en la mejor compañera de equipo que nadie podría tener.
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La relación avanza como si ella llevara en mi vida una eternidad y me mudo con ella a la casa en la que sigo viviendo hoy día.
“Como si fuera a quedarse pa siempre a cenar”
Dice la canción del Kanka. Literalmente lo que siento con ella. Amor del bueno, del puro.
“Como si fuera a quedarse pa siempre a cenar”
Dice la canción del Kanka. Literalmente lo que siento con ella. Amor del bueno, del puro.
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Durante esta etapa sucede algo que en aquel momento no fui capaz de comprender, algo que me desbarató ese “equilibrio” que había conseguido conmigo mismo.
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Volvía con un compañero del trabajo y le dije que se detuviera porque en la calle había un gatito que acababan de atropellar y bajé corriendo a ver si podía socorrerlo.
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No podía.
No había nada que pudiera hacer para ayudarle y con total impotencia presencié como perdió la vida ante mis ojos.
No había nada que pudiera hacer para ayudarle y con total impotencia presencié como perdió la vida ante mis ojos.
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Muerte. Pensamientos, sentimientos, por un momento la cajita emergió, se entreabrió. No entendía que ocurría, simplemente me sentía envuelto por una oscuridad que me paralizaba.
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La muerte, nunca ausente, estaba en frente de mi, esta vez mirándome a los ojos fijamente. Me susurraba.
“Prepárate”
“Prepárate”
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Los siguientes meses no paraba de tener pesadillas con ese momento. Revivía esa escena una y otra vez.
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Es a finales de ese mismo año que llega Shaylo, mi perro. Él se pensará que le salvamos adoptándolo, pero este perro llegó a mi vida para salvarme de la oscuridad, darme amor incondicional, aprendizaje, alegría y luz.
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Y yo, una vez más, cogí a la muerte junto con todos sus sentimientos y la metí de nuevo en la cajita.
No es el momento.
Hakuna matata, vive y sé feliz.
No es el momento.
Hakuna matata, vive y sé feliz.
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Y así fue. Disfrutando del día a día con Annie y con Shaylo, nuestra familia de tres. Aprendiendo, viajando, riendo.
Llega un nuevo año. Unos doce años han pasado desde aquel chico de quince años.
Llega un nuevo año. Unos doce años han pasado desde aquel chico de quince años.
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“Hijito, ven un momento y siéntate con nosotros”.
Cáncer.
El cáncer volvió. Esta vez con metástasis en los huesos.
Cáncer.
El cáncer volvió. Esta vez con metástasis en los huesos.
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Muerte.
Sentimientos, recuerdos, mi abuela. En mi cabeza viene todo como un trueno. Inmediatamente retumban las palabras.
Sentimientos, recuerdos, mi abuela. En mi cabeza viene todo como un trueno. Inmediatamente retumban las palabras.
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“Mauri, no me quiero morir”
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No es el momento, ahora no, ahora hay que luchar. Mamá quiere seguir luchando.
Todo a la cajita.
Todo a la cajita.
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Vuelven los tratamientos, mi madre cambia de médicos dado que ahora necesita verlos más a menudo por lo que muda todo su caso a Gran Canaria. Yo me propongo empezar a ir más a menudo y sobre todo a compartir más con mi familia.
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Esta etapa se convierte en monotonía, las sesiones de quimio, los médicos, miles de medicamentos, el contador ya está ahí, mi madre efectivamente se va a morir, puede que antes, puede que después. Esto sólo va a frenarlo.
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“Prepárate” me susurra.
El cáncer no tiene cura.
A la cajita.
El cáncer no tiene cura.
A la cajita.
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Mi madre con el paso de los años se va debilitando más y más. Sin embargo, incluso en ese momento es una mujer increíblemente fuerte. Diría sin dudarlo que en su versión más débil era más fuerte que una persona promedio.
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Tengo un recuerdo de una de las visitas que hizo a mi casa durante esa época. Yo estaba teletrabajando y escuché unos golpes como de un pico. Me asomé por la ventana y estaba mi madre blandiendo un sacho en el jardín de mi casa.
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Recuerdo claramente echarle la bronca desde la ventana (ella obviamente no debería haber hecho nada de eso en su estado).
¡Una persona con cáncer terminal en los huesos trabajando la tierra como si nada!
¡Una persona con cáncer terminal en los huesos trabajando la tierra como si nada!
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Ella me miró. Con un amplio movimiento apoyó el sacho en su hombro, se secó el sudor y me dijo:
“¿Qué pasa?”
“¿Qué pasa?”
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Esa era mi Madre, increíblemente fuerte, casi te hacía pensar en ocasiones que estaba bien, que no pasaba nada. Te hacía olvidar fácilmente que tenía un cáncer terminal.
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Sin embargo, en esa fase del cáncer mi madre usaba ya dos parches de morfina a diario sumados a incontables medicamentos. No creo que sea capaz de imaginar los niveles de dolor que soportaba.
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Durante estos años hablo mucho con ella. Conversamos a diario sobre el tiempo, nuestros estados anímicos y muchas cosas más. Ella aprovecha estos momentos para poder desahogar conmigo sus sentimientos, sus pensamientos y sus frustraciones porque yo soy fuerte.
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Nunca le llegué a decir que no lo soy. Era lo mínimo que podía hacer.
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Mientras pasan estos años son varios los momentos en los que Annie, mi familia y mis amigos, al ver mi fachada con respecto, sin ser conscientes de lo que se forjaba en mi interior y preocupados por mi debido a la situación, intentan en más de una ocasión prepararme para ello.
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Muerte.
“Prepárate”
NO. No es el momento.
A la cajita.
NO. No es el momento.
A la cajita.
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A mi madre le tienen que hacer una biopsia en el hígado para ver si el cáncer ha seguido avanzando en diferentes órganos.
Una biopsia suele ser un procedimiento prácticamente ambulatorio, pero en este caso salió mal.
Mi madre acaba en la UCI.
Una biopsia suele ser un procedimiento prácticamente ambulatorio, pero en este caso salió mal.
Mi madre acaba en la UCI.
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Muerte. La estoy viendo, está aquí, me sigue mirando fijamente a los ojos.
Pensamientos, sentimientos.
“PREPÁRATE”
Pensamientos, sentimientos.
“PREPÁRATE”
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No por favor. No es el momento. No es el momento. No es el momento. No es el momento. No es el momento.
A la cajita.
A la cajita.
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Tomo el primer avión y nos pasamos mi padre, mi hermana y yo par de semanas en el hospital.
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Mi madre logra salir de esa situación, aunque queda muy débil. Lo sucedido con esa biopsia fue una negligencia médica. Recuerdo esas semanas rabiar y querer prenderle fuego a toda la sanidad pública por permitir que algo así ocurriera.