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En el Pirineo aragonés hay una ermita cimentada sobre agua que guardó la reliquia más sagrada de la cristiandad. A solo 7 km hay una estación monumental por la que cruzó oro, espías, refugiados judíos...y nazis. En #LaBrasaTorrijos de hoy, Canfranc, Sásabe y el Grial. HILO 👇




(Se recomienda la lectura del episodio de #LaBrasaTorrijos de hoy acompañado de la siguiente banda sonora) <a target="_blank" href="https://open.spotify.com/track/6PaSPjWbgzttf85Ao3vyVC?si=Oxb-QLKeRemMlvu-yH3WCw&utm_source=copy-link&dl_branch=1" color="blue">open.spotify.com/track/6PaSPjWb…</a>

A mediados de 1957, el ayuntamiento del pueblo de Boaru, en el Pirineo oscense, pidió al Instituto para la Conservación de la Naturaleza que les ayudase a sacar a la luz su vieja iglesia.

Cuando los operarios del ICONA llegaron allí, junto al nacimiento del río Lubierre, se encontraron una pequeñísima ermita que apenas sobresalía un par de metros del suelo. Un edificio al que, aparentemente, se entraba por la ventana.


Tras 5 años de trabajo de retirada de echadizos, aluvios y escombros que se habían acumulado durante mil años, la ermita de San Adrián de Sásabe volvió de nuevo a ver la luz del sol.


Descubrieron una magnífica construcción románica con un ábside muy cuidadoso y detalles inconfundibles, como el taqueado jaqués de sus puertas (el ajedrezado del relieve del arco)...




Pero en ese mismo ábside, en una de las ménsulas, descubrieron un relieve muy especial. Una margarita de 11 pétalos.


(¿Por qué una margarita? ¿Por qué once pétalos?)

Los teólogos, loe medievalistas y los estudiosos del románico enseguida encontraron una explicación: en el medievo, a la Eucaristía se la llamaba "La rica Perla del Cuerpo del Cordero".

Pero "perla" se pronunciaba con la palabra griega "maragaritari". Teniendo en cuenta que los once pétalos representaban a los once apóstoles fieles, estaba razonablemente claro la margarita era un símbolo casi apotropaico de la eucaristía.


O incluso de la Eucaristía, con mayúscula. Porque quizá la margarita apareciese en más iglesias medievales, pero el hecho de que apareciese en San Adrián de Sásabe parecía corroborar la leyenda de que esa pequeña iglesia fue refugio del Santo Grial hacía mil años.


Pero, entonces, ¿por qué había estado tanto, tantísimo tiempo, todos esos mil años, oculta? Podía haberse descubierto hacía mucho. Al fin y al cabo, habían pasado seis siglos que el Grial salió de Aragón y 300 años desde que estaba en la Catedral de Valencia.

(¿Seguro?)

Quizá la respuesta a por qué la ermita permaneció mil años enterrada no esté en Valencia sino a apenas 7 kilómetros al norte. En una estación de tren tan monumental como una catedral: la Estación Internacional de Canfranc.


La Estación internacional de Canfranc fue la respuesta a un viejo deseo de unir España y Francia por Somport. Hubo que esperar a 1915 para que, una vez construido a el túnel ferroviario de Somport poder comenzar el proyecto de la futura estación.

Terminada en 1928, la estación de Canfranc era un monumento. Un edificio colosal que condensaba el historicismo palaciego de las grandes 'gares' francesas en una obra de proporciones épicas. 241 m. de largo. 75 puertas y 100 ventanas. Un templo consagrado al camino de hierro.


Y en ese templo había una verdadera miniciudad: hotel, restaurante, cantina, comisarías de policía de Francia y España, oficinas de Hacienda, de correos, almacenes, intercambiadores... Canfranc se convirtió en un bullicioso nodo de relaciones trasnacionales.





Y esas relaciones transnacionales se volvieron muy peligrosas en un momento concreto de la historia: desde 1940 a 1944, cuando el mundo estaba en plena 2ª Guerra Mundial y Francia era la Francia de Vichy y quien gobernaba, de facto, eran los nazis.


En esos años, los trenes que cruzaban por Canfranc llevaban wolframio español que el Reich usaba para las armaduras de los tanques de la Wermacht. De vuelta, los trenes traían vagones llenos del oro expoliado al pueblo judío europeo...

Como el ancho de las vías era distinto entre España y Francia, el traslado de los materiales necesitaba de complejos procesos. Procesos que Albert Le Lay, jefe de la aduana francesa y miembro secreto de la Resistencia, aprovechaba para permitir el paso de refugiados judíos...
