Decía Winston Churchill que el gin-tonic había salvado más vidas inglesas que todos los médicos del Imperio Británico. Y no le faltaba razón, porque esta bebida comenzó a emplearse como remedio para la malaria en una de sus mayores colonias: la India. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Todo comenzaba en Perú en 1632, cuando Francisca Enríquez de la Rivera, condesa de Chinchón y esposa del virrey de Perú, enfermó de fiebres en tierras americanas, ya que había contraído la malaria.

Pero la condesa llevaba tiempo observando que los indígenas solían usaba la corteza de un árbol para combatir aquellas fiebres con extraordinarios resultados, así que pidió a sus médicos que probaran con ella aquella milagrosa cura.

La aristócrata se recuperó, convirtiéndose, probablemente, en la primera europea en superar esta enfermedad gracias al árbol sudamericano de la quina.

Su uso se extendió por toda Europa, donde inicialmente se empleaba la corteza, hasta que en 1817, científicos franceses consiguieron aislar su principio activo: la quinina, que comenzó a ser distribuido en las colonias de África y Asia, donde la malaria causaba estragos.

Sin embargo, su sabor extremadamente amargo convertía su consumo en un martirio, hasta que los británicos decidieron solucionarlo.

Desde finales del siglo XVIII, Reino Unido se había anexionado a la fuerza grandes áreas de la India, convirtiéndose en uno de los mayores generadores de riqueza para el imperio.

Pero a cambio, tuvieron que pagar un alto precio, ya que nuevas y desconocidas enfermedades diezmaban a colonos y soldados, entre ellas la malaria.

Necesitaban ganar la guerra a esta enfermedad, por lo que comenzaron a tomar quinina en grandes cantidades, pero para hacer de aquel polvo algo remotamente bebible lo mezclaron con azúcar, agua y lima, originando un refresco medicinal, la "Indian Tonic Water", la tónica.

La amargura de la quinina seguía estando ahí, así que alguien pensó que cualquier alcohol barato sería perfecto para mitigarla, así que comenzaron a mezclar la tónica con el alcohol más fácil de obtener de la época, ya que podía destilarse desde cualquier grano: la ginebra.

Nacía así el gin-tonic, la excusa perfecta para socializar una medicina imprescindible para la colonia que acabó teniendo tanto éxito que los británicos se lo llevaron consigo a Inglaterra, convirtiéndola en la bebida nacional.

En la actualidad, el uso terapéutico de la tónica ha desaparecido y, aunque la mayor parte de las marcas usan emuladores de sabor y edulcorantes, se sigue empleando quinina en su formulación.

Su consumo junto a la ginebra ha convertido al gin-tonic es una de las bebidas más populares de todos los tiempos.

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