California City es una ciudad que se planificó para 4 millones de habitantes y se quedó en 52.000 hectáreas de calles semipavimentadas en medio del desierto de Mojave.
No es una ciudad fantasma, es una CIUDAD ABORTADA.
Os cuento su absurda historia en #LaBrasaTorrijos.
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(Se recomienda la lectura del hilo de hoy acompañada de la siguiente banda sonora).
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En la California State Route 14, más o menos a la altura de la base de Edwards, la carretera recibe el sobrenombre de Aerospace Highway, como referencia al cercano Centro Civil de Pruebas Aeroespaciales de Mojave.

Pese a lo exótico del emplazamiento, lo más extraterrestre que se puede uno encontrar en la SR-14 no es ni el espaciopuerto de marras ni el virtualmente infinito paisaje árido del desierto que le da nombre.
Lo más absurdo es una calle llamada California City Boulevard pero que, en realidad, no es ni calle ni bulevar ni ciudad: es el anticipo de kilómetros y kilómetros aterradoramente vacíos con docenas de bocacalles sin asfaltar pero igualmente rectas y despobladas.

La cosa comenzó cuando Nat Mendelsohn, profesor de Sociología en la Universidad de Columbia, se cruzó el país para meterse a promotor inmobiliario.

Se ve que lo de construir un edificio de viviendas se le quedaba corto, así que, en 1958, decidió comprar unas 33.000 hectáreas de secarral y arbusto en pleno desierto de Mojave porque, aparentemente, los experimentos sociológicos cuanto más grandes, mejor.

El objetivo del profesor/promotor era levantar de la nada una urbe que rivalizase en tamaño y población con Los Ángeles y, de hecho, esas 33.000 hectáreas la convertían de facto en la segunda ciudad de mayor superficie en todo el Estado de California.
La previsión era que la ciudad alcanzase tres millones de habitantes para principios de los ochenta y cuatro para el año 2000. Al fin y al cabo, la experiencia de otra ciudad artificial como Las Vegas podía anticipar un buen resultado.
Dicho y hecho, primero se planificaron las calles, se les puso nombre, se allanaron y, en algunos casos, se pavimentaron; después se instalaron las infraestructuras eléctricas, de abastecimiento de agua y de saneamiento.


También se reservaron unos pocos solares en la zona central para futuros servicios públicos: Ayuntamiento, comisaría, escuela, etcétera, además de un campo de golf y un estanque (EN EL DESIERTO) que diese vidilla al centro de la urbe. Ya solo quedaba llenarla de habitantes.

Pero claro, los 50 y 60 fueron la época del desarrollo del suburbio extensivo, y Mendelsohn y los inversores pensaron que la mejor manera de colonizar la nueva ciudad sería repartiéndola en trozos pequeños, muy pequeños.
Literalmente, 30.000 hectáreas se dividieron en parcelas de entre 200 y 1000 m2 para venderlas a propietarios particulares que quisiesen construirse su chalet unifamiliar.
Allí.
En medio del desierto. Claro que sí.
Allí.
En medio del desierto. Claro que sí.

Lo que no previeron es que esos suburbios de chalets se desarrollan alrededor de un centro más o menos compacto. Pasa en Las Vegas o pasa en Phoenix, que también está en medio del desierto.

En cambio, en California City no había nada, no tenía absolutamente ningún atractivo, más allá de que las parcelas a la venta eran baratas, cosa lógica porque eran trozos de páramo miserable a cientos de kilómetros de cualquier sitio.

Sea como fuere, entre el reclamo del precio y una agresiva publicidad en revistas y emisoras de radio que anunciaba "una inversión segura", bastante gente terminó comprando las parcelas.
(Mucho verde en ese anuncio veo yo).
(Mucho verde en ese anuncio veo yo).

Eso sí, no lo hicieron para construirse su casa y mudarse allí porque no eran tan idiotas como para irse a vivir a semejante erial; lo hicieron para especular, lo cual es algo mucho menos idiota, dónde va a parar.
Si yo no quiero morirme de asco, seguro que alguien quiere y me va a pagar dinero por ello. Segurísimo.
Claro, a favor de todo pronóstico, nadie en su sano juicio compró las parcelas en reventa.
Claro, a favor de todo pronóstico, nadie en su sano juicio compró las parcelas en reventa.

En 1969, 10 años después de su fundación, apenas vivían 1.300 personas en California City, momento en el cual Nat Mendelsohn decidió darse el piro y vender sus participaciones en el desarrollo de la ciudad.
Para acabarla de joder, en 1972 intervino la Comisión Federal de Comercio acusando a los promotores que quedaban de haber orquestado una campaña "engañosa" y obligándoles a devolver su dinero a una buena parte de los inversores.
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