Desde hace 15 años soy el director y presentador de un programa nocturno de radio, llamado Club Soledad. Siempre ha sido un trabajo muy tranquilo, sin sobresaltos. Normal, tratándose de un espacio protagonizado por la palabra y la música.
Hasta esta noche, algo ha cambiado>>>

En Club Soledad converso con personas que están solas por decisión propia o porque no tienen a nadie. Por estas últimas, muchos oyentes llaman Club Tristeza a mi programa. No es lo mismo soledad que tristeza. Hay quien quiere, como yo, estar solo, y no me considero triste>>>

Además tengo a Caty, mi gata. Curiosamente, desde hace 3 años también hago el programa solo. Yo me encargo de todo, de las llamadas, de la música, de mezclar… Durante 12 años fue Diana la que se ocupó de la realización, pero la dirección de la emisora rescindió su contrato>>>
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Se lo tomó muy mal, especialmente conmigo. Entendió que no la había defendido y llegó a acusarme de mal compañero y traidor. Algún día me lo pagarás, me dijo en la despedida. Reconozco que, desde que se fue Diana, es menos cómodo hacer el programa, pero es más como yo quiero>>>

Cada noche, de lunes a viernes, solo, en mi cabina, cuando el reloj marca la 1 de la madrugada, comienzo Club Soledad siempre con la misma frase: Esta noche solo somos 2 almas perdidas. Y a continuación empieza a sonar Wish You Were Here, de Pink Floyd >>>
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A diferencia de lo que muchos piensan, no son tan tristes las llamadas que recibo. Por ejemplo, me apasionan las de médicos, comentando intervenciones; las de los taxistas suelen ser muy divertidas, así como las de Javier y Carlos, 2 panaderos que llaman con frecuencia>>>

Sí es cierto que existen esas otras llamadas que podríamos calificar como tristes, y muchas de ellas las realizan personas que confunden Club Soledad con el Teléfono de la Esperanza. Y no somos lo mismo. Yo trato de darles paso, porque lo merecen, pero cada cierto tiempo>>>

Marga forma parte de este grupo. Si por ella fuera, se pasaría las noches charlando conmigo. Por eso tengo que dosificar sus llamadas, aún a sabiendas de que se enfada. Como la última vez, hace solo 3 días, cuando llegó a decirme “que no podría vivir sin escuchar mi voz”>>>

No consideré esa confesión un halago, todo lo contrario, prefiero mantener distancia con mis oyentes. Tuve una mala experiencia en el pasado. Claudia por nombre, llamaba con frecuencia. Quiso conocerme fuera y tuvimos una cita. Sin entrar en detalles, no fue cómo esperaba>>>

Claudia estuvo un mes llamando todos los días al programa. Por suerte, dejó de hacerlo. Han pasado 3 años, y no he vuelto a tener noticias de ella. Comienzo charla con una mujer que trabaja en una casa de apuestas. Se llama Laura y es divertida, cuenta anécdotas interesantes>>>
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Pero mientras hablo con Laura no cesa de llamar un número desconocido, no es de los habitualesen el programa. Nada más finalizar la conversación con Laura y mientras suena The River, de Bruce Springteen, atiendo a la llamada que, para mi sorpresa, es de una voz distorsionada>>>

No me gusta esperar, me dice la voz, que intuyo de mujer. No tengo tiempo, la canción se acaba, le respondo. Mete esta conversación en antena, me ordena y doy por finalizada la llamada. Segundos después recibo del mismo número de teléfono un mensaje, es una fotografía>>>

Me quedo sin respiración cuando veo a Caty, mi gata, en una jaula. Sin dudar, llamo al número. ¿Qué quieres?, le pregunto, acelerado. Charlar contigo en antena, contesta la voz distorsionada. ¿Para qué?, insisto. Para que tus oyentes sepan qué clase de hombre eres, responde>>>

No se te ocurra hacerle daño a Caty, le advierto. De ti depende, la canción está acabando, me avisa la voz. Apenas quedan 15 segundos para que concluya The River, de Springteen. El corazón me late muy rápido, me sudan las manos, no sé qué hacer. Antes dime qué vas a decir>>>

Me atrevo a plantearle. ¿No lo sabes?, me pregunta. No, no lo sé, trato de fingir seguridad. Se acaba la canción y Caty empieza a tener mucho miedo... dice la voz, muy macabra. Y tenemos una nueva llamada, ¿cuál es tu nombre?, he abierto el micrófono. Como tú prefieras>>>
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Me muerdo los labios antes de hablar. ¿Qué quiere contar nuestra amiga desconocida?, le pregunto, muy nervioso. Quiero que los oyentes de Club Soledad te conozcan un poco mejor, como yo te conozco, dice y un escalofrío me recorre. Creo que ya me conocen bien, trato de...>>>

Salir del paso. No lo tengo tan claro, insiste la voz. Cuéntame, a qué te dedicas, qué te mantiene despierta, cambio premeditadamente el tono. No duermo porque me paso las noches esperando a que me dejes intervenir en tu programa, y la voz regresa al origen de la conversación>>>

¿Qué quieres contar?, le pregunto. Quiero que todo el mundo te conozca... realmente, insinúa. Finalizo la conversación sin previo aviso y pongo una nueva canción, de Amy Winehouse esta vez. El teléfono empieza a sonar, el número de la voz distorsionada no deja de insistir>>>
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Me parece horrible que me chantajees con Caty, no te lo voy a permitir, por mucho que me duela, le digo nada más responder.
Se hace el silencio, hasta que la voz me propone: Dime quién crees que soy y te dejo en paz.
Y no soy capaz de responder.
FIN
¿Seguimos?
>>>
Se hace el silencio, hasta que la voz me propone: Dime quién crees que soy y te dejo en paz.
Y no soy capaz de responder.
FIN
¿Seguimos?
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De repente, el estudio queda a oscuras, y en completo silencio. Puedo escuchar el latido de mi corazón, acelerado. A través de la cristalera, en la penumbra, veo unas manos de mujer, en la mesa de control. Empieza a sonar Wish You Were Here, de Pink Floyd… >>>
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