@Pedro_Torrijos: En México 68, Bob Beamon aniqu...

@Pedro_Torrijos
58 views Aug 03, 2024
1
En México 68, Bob Beamon aniquiló el salto de longitud.

La foto de su vuelo, que daría la vuelta al mundo, no la hizo un fotógrafo profesional, sino un contable londinense con mucho morro y el talento para encontrar el instante perfecto.

Esto es lo que pasó.
🧵⤵️
Media image
2
Durante los Juegos Olímpicos del 68, Tony Duffy estaba en México de vacaciones para olvidarse de su aburrido trabajo de contable. Chapurreaba cuatro palabras en español e iba haciendo fotos aquí y allá con su Nikkormat.
3
Apenas era un fotógrafo amateur y no tenía acreditación de prensa pero, a cambio, tenía un morro descomunal, lo cual unido a las, digamos, laxas medidas de seguridad de las instalaciones, le permitieron colarse en más de un lugar restringido.
Media image
4
De hecho, ya se había colado en la villa olímpica junto a su exnovia, la vallista Patricia Nutting (1ª por la derecha), quien le prestó una sudadera y le hizo pasar por fotógrafo del equipo británico.
Por cierto, Nutting fue la primera que animó a Duffy a hacer fotos deportivas.
Media image
5
Fue en esa visita sui generis a la villa olímpica donde Duffy oyó hablar por primera vez de un chaval de 1.91 de altura, flaco y desgarbado como un calamar, llamado Bob Beamon.
Media image
6
Duffy logró poner la oreja en una conversación entre el plusmarquista mundial de longitud, el estadounidense Ralph Boston, y los británicos Mary Rand y Lynn Davies. En ella hablaron de la próxima final de longitud y de las posibilidades que tenían.
7
Un poco de broma y un poco para asustar a Davies, Boston le advirtió sobre el joven Bob Beamon, quien le había ganado en las últimas competiciones nacionales. Le dijo: «No dejes que explote porque el tipo es capaz de saltar hasta el otro lado del puto foso».
Media image
8
La historia del propio Beamon daría para peli. Nacido en Queens y huérfano desde bebé, a los 15 había sido miembro de una banda de delincuentes juveniles, había traficado con droga y había pasado alguna temporada en un reformatorio.
Fue el atletismo lo que le salvó.
Media image
9
A los 18 años, Beamon ya era uno de los mejores saltadores de su generación y entrenaba con su vecino de Nueva York y amigo personal, el atleta John Carlos, especialista en 200 m.
10
Sí, ese John Carlos que conseguiría la medalla de bronce en el 200 y que, el 16 de octubre, protagonizaría, junto a Tommie Smith y el australiano Peter Norman, la 'otra' foto de México 68 y, posiblemente, la imagen más importante de la historia del olimpismo.
Media image
11
El caso es que el 17 de octubre, con la foto del black power en todos los periódicos, se disputaba la calificación de la longitud.
Beamon hizo dos nulos y ya solo le quedaba un intento para superar el corte, que se había establecido en 7.65 m.
12
El chaval estaba bastante nervioso, así que su compañero Ralph Boston se le acercó y le dijo: "No te preocupes por la marca, tú bate lo más lejos posible de la tabla".

Y Beamon lo hizo. Salto 15 centímetros antes de la tabla y aún se fue hasta los 8.18. Objetivo cumplido.
13
Y llegó el 18 de octubre, el día de la final.

Como la de longitud era el primer evento de la sesión vespertina, el estadio estaba bastante vacío a primera hora de la tarde. Así que Tony Duffy vio el momento perfecto para bajar de la grada e intentar colarse en el tartán.
14
Allí puso en práctica la jeta de hormigón que llevaba de serie y, con un par de sonrisas y mientras agitaba la Nikkormat, consiguió que los vigilantes le dejasen pasar.
La cosa es que, en un mundo pre-Munich 72, la seguridad no era precisamente exhaustiva.
15
Así que Duffy consiguió pasar bajo los arcos del graderío y se colocó justo en frente del foso del salto de longitud. Sentado en el césped, acomodó la cámara contra el hombro y miró al cielo.
Había nubes y el viento le refrescaba la cara.
16
Bob Beamon era el cuarto participante de la final y miraba al cielo. Los días anteriores, la lluvia se había alternado con algunas treguas de sol, pero ahora se aproximaba algo. El aire tenue del DF cogía más humedad y el viento comenzaba a soplar cerca del límite de los 2 m/s.
17
Las condiciones eran perfectas para un salto. Era una ventana única que Beamon no quería desaprovechar. Se quitó la chaqueta del chandal y se encaminó al principio de la pista.

En el otro extremo Duffy movió ajustó el zoom al máximo y esperó.
18
Si para Beamon era una oportunidad, para Duffy se trataba de un instante. Como la Nikkormat era de disparador manual, Duffy tenía que pulsar el botón y correr el carrete a cada fotografía. No podía desperdiciarla.
19
Beamon se echó levemente hacia atrás antes de iniciar la carrera con una arrancada furiosa. En el silencio del estadio se pudieron escuchar con claridad las diecinueve zancadas mil veces talonadas, mil veces ejecutadas, mil veces entrenadas, con las que Beamon recorrió la pista.
20
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete...

Beamon acertó a componer un último pensamiento antes de la batida: «Por favor, que no sea nulo».

Dieciocho.
Media image
Media image
Media image
Media image
21
Diecinueve.

Y el salto se convirtió en una catedral.
22
El salto de Beamon fue larguísimo pero también voló a una altura imperial. El gran Jesse Owens, que seguía la competición desde la grada a través de unos prismáticos exclamó estupefacto: «¡Seis pies! ¡Ha subido a más de seis pies!».
23
En una fracción de tiempo, en el segmento infinitesimal de un segundo, Bob Beamon flotó a más de seis pies de altura, a casi dos metros sobre el foso.

Justo en ese instante, Tony Duffy pulsó el disparador de su Nikkormat. Y tomó la mejor fotografía de la historia del atletismo.
Media image
24
El resto es conocido. El salto se salió del medidor electrónico porque se quedó a apenas 20 cm. del final de la arena. Es decir, que casi saltó al otro lado del puto foso.
Hubo que sacar la cinta métrica y medir y remedir hasta que salió el resultado oficial, 20 minutos después.
25
Como curiosidad, Beamon no controlaba de sistema métrico, así que cuando salió el resultado oficial en el marcador electrónico, ni se enteró de su proeza. Tuvo que venir Ralph Boston a decirle la marca en medidas imperiales: 29 pies y dos pulgadas y media.

Beamon se derrumbó.
26
En cuanto a la foto, Duffy no era consciente de lo que había hecho. Dos días después, reveló el carrete en una tienda para turistas junto a su hotel y la vio.

Se publicó por primera vez en diciembre del 68 en la revista Amateur Photographer. Le pagaron 25 libras por ella.
27
En 1971, Duffy dejó su trabajo como contable para dedicarse de pleno a la fotografía deportiva.

Fue el autor de algunas de las fotos más icónicas del deporte mundial, como la de la victoria de John McEnroe en su primer Wimbledon en 1981.
Media image
28
Tony Duffy se retiró en 2003. Ahora vive en una casa en California donde tiene colgadas algunas de sus mejores fotos, entre ella, por supuesto, la de Bob Beamon.

La foto que le cambió la vida.
29
Por eso, a Tony Duffy se le aplica tan bien una frase que escribió el modisto, y también fotógrafo, Karl Lagerfeld: "Mis fotos cuentan más sobre mí que sobre las personas a las que fotografío".
Media image
Actions
Visual Editor Carousel Maker NEW
Update Thread
What You Can Do
  • Download as PDF
  • Save to Notion
  • Export as Markdown
  • Visual Editor
  • LinkedIn & Instagram Carousel Maker
Create Free Account

Includes 7-day Premium trial