Como los mercaderes de Alejandría y Barygaza, como los marinos de Persia e Himyar, he visitado el país de los Puertos Lejanos en los confines de África. Y quiero contaros lo que he visto. Hilo:->

He visto un mar turquesa y acantilados de piedra roja sobre los que se encaraman los árboles de la mirra y del incienso.->

He visto montañas de dos mil metros de altura envueltas en la niebla, playas que no se acaban nunca y dunas que trepan por laderas de roca.->

He llegado a un estuario flanqueado por precipicios y manglares. Su nombre es Bandar Khor. El Puerto del Río. Y entiendo que he llegado a Neilopotamion o Neiloptolemaiu. El Nilo de las tierras del incienso que describieron los geógrafos griegos.->

Nuestro cayuco se detiene en una pequeña playa. Desembarcamos. Y lo hacemos en el mismo lugar donde desembarcaban los mercaderes romanos hace veinte siglos.->

Y sé que camino sobre sus pasos porque sobre la arena hay trozos de ánforas imperiales. De Egipto y de Palestina. En esta playa establecieron su campamento, depositaron sus mercancías.->

Subo a una elevación que domina el estuario y me encuentro con los almacenes de piedra donde guardaban el olíbano, el marfil, las pieles de leopardo y los caparazones de tortuga antes de embarcarlos camino de Roma, Ctesifonte o Mandagora.->

El suelo está tapizado de fragmentos de cerámica fina de la India y de Persia. Cristal romano. Ánforas vinarias.->

Me alejo de la costa y camino entre zócalos de piedra de antiguas cabañas. Son las casas de los nómadas que venían a comerciar a Bandar Khor. Docenas de cabañas. Como si se hubieran marchado ayer.->

Y junto a las cabañas, basureros. Restos de espinas de atún y conchas de ostras, arcas y almejas del tamaño de un puño. El marisco con el que se alimentaban los pastores que se volvían pescadores tres meses al año.->

En el mes de junio, el monzón traía a la costa del incienso a los pastores de las montañas y a los mercaderes del Índico y el Mediterráneo. En este lugar se reunieron hombres y mujeres de tres continentes. Durante cinco siglos.->

Y sigo avanzando hacia el oeste, por una llanura de piedra, junto al cañón de un río estacional en el que crecen espinos, acacias y franquincienso. Pla llanura se extiende el cementerio de los nómadas. Doscientos túmulos de piedra.->

Los más grandes, de veinte metros de diámetro y cuatro de altura. Frente a ellos levantaron betilos, la forma en que los sabeos y himiaritas de Arabia representaban a sus dioses. Y quizá la forma en que los nómadas rindieron culto a sus ancestros->

Las tumbas mayores debieron de pertenecer a los reyes pastores. En ellas los saqueadores de tumbas han encontrado tesoros de incalculable valor histórico, hoy reducidos a añicos.->

Entre los objetos saqueados hay mucho cristal romano de lujo que se fabricó en las provincias de Siria y de Egipto.->

Hay jarras para escanciar vino y copas para beberlo. El vino que llegaba en ánforas desde Gaza hacia el siglo IV o V de nuestra era.->


Y hay vasos cónicos que quizá se usaron como lámparas.->


Y cientos de cuentas, la mayor parte de la India y el sudeste asiático. De amatista y cornalina, de zeolita y ágata, de pasta vítrea y de marfil.->

Y una cuenta minúscula en la que acecha un chacal.->

Avanzo por la necrópolis y llego a una zona donde solo veo tumbas pequeñas en forma de anillo. En los hoyos de saqueo encuentro trozos de cerámica a torno, vidrio romano y huesos infantiles. Son las tumbas de los hijos e hijas de los pastores.->

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