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EL BOMBARDEO DE TOKIO Y LOS CRÍMENES DE LOS «BUENOS» Entre el 25 y el 26 de mayo de 1945, las fuerzas aéreas de USA bombardearon Tokio con bombas incendiarias (napalm); murieron unos 4.000 civiles. No fueron muchos en comparación al ataque del 9 y 10 de marzo, con 100.000 víctimas civiles, o sea, con más víctimas inmediatas que los bombardeos nucleares de Hiroshima (80.000) o Nagasaki (40.000) dos meses después. Resulta curioso que ningún militar ni político de los aliados fue jamás juzgado por crímenes de guerra. De hecho, los militares yankees, o sea, de entre los «buenos» los «mejores», obraron con total impunidad, conscientes de sus horrendas prácticas. Testimonio de lo que estoy diciendo nos lo ofrece el general Curtis LeMay, el monstruo responsable de los bombardeos de marzo y mayo sobre Tokio y el noble pueblo japonés: «Supongo que si hubiera perdido la guerra, me habrían juzgado como criminal de guerra. Afortunadamente, estábamos en el bando ganador». El napalm es una especie de gasolina espesa y gelatinosa, que, al adherirse a la superficie, sigue ardiendo incluso con el agua, la cual es incapaz de sofocar el fuego. Cabe decir que el objetivo de los susodichos bombardeos era sencillamente masacrar a la población civil mediante una infernal «tormenta de fuego» y provocar el pánico en los supervivientes. En fin, conviene recordar esta efeméride, porque una buena parte del mundo, a partir de 1945, fue configurado según los tóxicos parámetros de los Estados Unidos, es decir, de esa «estructura de pecado», nacida para servir al «cuerpo místico del Anticristo», y que, pese a la hediondez de sus crímenes, siempre ha obrado sádicamente y sin escrúpulos hasta el día de hoy. **************** Vídeo: fragmento de la película “Thirty Seconds over Tokyo” (1944), que recrea el primer bombardeo convencional de 1942. Con dicho film propagandístico, Hollywood «mitificó» los bombardeos, al mismo tiempo que USA preparaba las masacres con el napalm y las bombas nucleares.