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En 1977, millones de espectadores vieron asombrados en una peli de Spielberg cómo un gigantesco barco oxidado aparecía varado en pleno desierto de Gobi. No era simple atrezzo de Hollywood sin más, era el SS Cotopaxi, un barco real que se evaporó en 1925. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

El SS Cotopaxi fue botado en 1918. Era un robusto carguero de vapor estadounidense bautizado en honor a un célebre y majestuoso volcán ecuatoriano y su vida transcurrió sin demasiados sobresaltos navegando por el mar.


El 29 de noviembre de 1925, el Cotopaxi zarpó del puerto de Charleston, en Carolina del Sur hacia su destino final, La Habana, en la cálida Cuba. En sus enormes bodegas de acero transportaba un pesadísimo y valioso cargamento de más de 2.000 toneladas de carbón.


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A bordo viajaban 32 experimentados marineros bajo el mando del veterano capitán W. J. Meyer. Parecía una ruta de transporte comercial rutinaria, pero el carguero arrastraba algunos problemas de mantenimiento en las escotillas de madera que cubrían las bodegas.


A los dos días de travesía, la fatalidad se cruzó en su camino. Una violenta y repentina tormenta tropical se formó frente a las costas de Florida, el viento huracanado azotó el barco sin piedad y las olas gigantescas comenzaron a golpear con furia el casco del navío.


El 1 de diciembre de 1925, el barco envió una agónica señal de socorro por radio. El operador informó desesperadamente que el buque estaba escorando y que el agua inundaba sin control las bodegas de carbón. Tras ese breve y dramático mensaje, llegó el silencio.


El Cotopaxi desapareció sin dejar rastro y la Guardia Costera de EE.UU. peinó exhaustivamente la zona durante varios días, pero no encontraron absolutamente nada. Ni manchas de aceite, ni restos de madera flotando, ni chalecos salvavidas, ni cuerpos de la tripulación.


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Y aquí es donde nace el gran mito. La última posición conocida del buque estaba peligrosamente cerca de los límites de una zona que décadas después se haría mundialmente famosa por tragarse aviones y barcos sin dar explicaciones, el temido Triángulo de las Bermudas.


En la década de los 70, escritores como Charles Berlitz utilizaron el caso del Cotopaxi para alimentar las rentables leyendas paranormales del Triángulo. El misterio de un barco de vapor esfumado en el aire encajaba perfectamente en los relatos de fuerzas ocultas.


Entonces entró en escena el rey de Hollywood, Steven Spielberg. En 1977, preparaba su legendaria película "Encuentros en la Tercera Fase" y buscaba casos reales de desapariciones inexplicables que encajaran con la premisa de que los extraterrestres se los habían llevado.


Spielberg inmortalizó al SS Cotopaxi al incluirlo en la película. En una escena icónica, el barco es encontrado intacto, devuelto por los alienígenas en mitad de las áridas dunas del desierto de Gobi, en Mongolia, en una imagen espectacular que cimentó el mito del carguero.


Pero la realidad suele ser mucho menos espectacular y bastante más trágica. El misterio se mantuvo intacto durante casi cien años, hasta que el tenaz biólogo marino Michael Barnette decidió investigar a fondo el caso usando los avances de la tecnología moderna.


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Barnette se fijó en un naufragio conocido popularmente como el "Bear Wreck", situado a solo 35 millas de la costa de San Agustín, en Florida. Llevaba décadas allí sumergido, pero nadie sabía identificar de qué navío se trataba ni en qué año se había hundido exactamente.


Así que, en 2020, Barnette cruzó registros de seguros, planos de construcción y registros judiciales de 1925. Las medidas y detalles del "Bear Wreck" coincidían al 100 % con el Cotopaxi. El barco nunca llegó al Triángulo de las Bermudas, se hundió muchísimo antes de entrar.


El misterio quedó resuelto. El Cotopaxi se hundió porque las escotillas rotas dejaron entrar el agua de la tormenta, inundando la carga. No fueron monstruos marinos ni alienígenas que lo llevaron al Gobi, sino la fuerza implacable del océano...


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