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En 2015, un joven millonario de Seattle decidió cometer lo que Wall Street llamó "el mayor suicidio financiero de la historia". Renunció a su sueldo de un millón de dólares para pagarles más a sus propios empleados. Y ocurrió un auténtico milagro. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


Dan Price era el fundador y director ejecutivo de Gravity Payments, una exitosa empresa de gestión de pagos. Ganaba la astronómica cifra de 1,1 millones de dólares al año, vivía rodeado de grandes lujos y la vida le sonreía como a cualquier poderoso magnate.


Pero todo cambió tras una dura conversación con su amiga Valerie. Ella trabajaba cincuenta horas a la semana y apenas le llegaba para pagar el alquiler de su casa. Dan se enfadó, pero luego se dio cuenta de que su propia empresa era parte de este gran problema social.


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Poco después, Price leyó un famoso estudio de Princeton de los premios Nobel Kahneman y Deaton. El documento demostraba que la felicidad y tranquilidad de un trabajador aumentaban con sus ingresos, pero ese gran bienestar se estancaba exactamente al llegar a 75.000 dólares.


Dan miró la nómina de sus 120 empleados. La mayoría ganaba unos 40.000 dólares al año, muy por debajo de esa mágica cifra de la felicidad. Muchos pasaban apuros económicos reales mientras él se embolsaba más de un millón, así que decidió que tenía que equilibrar la balanza ya.


En abril de 2015, reunió a toda su plantilla en la oficina y anunció algo inaudito: iba a recortar su propio sueldo en un 90 %, dejándolo en solo 70.000 dólares. Con ese dinero y los beneficios, subiría el salario mínimo de toda la empresa a 70.000 dólares anuales.


La noticia corrió como la pólvora por todo el mundo, los presentadores de televisión y los grandes gurús financieros de Wall Street se rieron de él a carcajadas y lo llamaron socialista, loco y pronosticaron que su empresa entraría en quiebra total en menos de un año.


Al principio, el pánico fue real. Algunos clientes importantes cancelaron sus contratos por miedo a que los costes se dispararan y dos altos ejecutivos dimitieron al ver que los empleados de menor rango ganarían casi lo mismo que ellos. Parecía el inicio del desastre.


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Pero entonces ocurrió la magia económica que casi nadie esperaba. Al quitarles a sus trabajadores el constante estrés mental de no poder pagar las facturas, su productividad se disparó por las nubes. La motivación fue tan inmensa que la eficiencia rompió los récords.


En apenas unos años, los resultados silenciaron a todos sus críticos. Los ingresos de Gravity Payments se triplicaron y la base de clientes se duplicó. Además, la tasa de retención de empleados alcanzó el 95 %, algo absolutamente impensable en el duro sector tecnológico.


Pero los mejores resultados no fueron los financieros, sino los humanos. Antes del asombroso anuncio, apenas había nacimientos en el personal de la empresa. Tras la subida salarial, los empleados tuvieron decenas de bebés porque por fin podían permitirse formar una familia.


La propiedad de vivienda también experimentó un milagro asombroso. Pasó de un triste 10 % a más del 30 %. Sus trabajadores por fin podían comprarse una casa, pagar deudas universitarias y empezar a ahorrar para su jubilación sin tener que vivir asfixiados por la angustia.


En 2016, los empleados quisieron devolverle el favor a su jefe. Ahorraron en secreto durante seis meses y le compraron el coche de sus sueños: un Tesla Model S. Querían agradecerle personalmente haber sacrificado su cómodo estilo de vida para asegurar el bienestar de todos.


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El caso de Dan Price se estudia hoy en día en las grandes escuelas de negocios, ya que demostró empíricamente que tratar a la gente con enorme dignidad y pagar un salario justo no es un gasto perjudicial para una empresa, sino la mejor y más segura inversión a largo plazo posible


Aunque años después Price abandonó la empresa por diversas polémicas y problemas personales que empañaron su imagen pública, el audaz modelo salarial que implantó en 2015 sobrevivió y sigue siendo un poderoso faro de debate sobre la terrible y enorme desigualdad laboral.


Pero no te equivoques, este concepto no es algo moderno. Ya en 1914, Henry Ford dobló el salario a los trabajadores de sus fábricas y acabó convirtiéndose en multimillonario. Ford decía que la mejor inversión que había hecho jamás había sido subir el sueldo a sus empleados.


Además, afirmaba que la mayoría de empresarios planean pagar más a sus empleados cuando el negocio prospere, algo que es un error. Él creía que la mejor manera de construir un negocio próspero no es enfocarse en encontrar la forma de pagar más a tus empleados mañana, sino hoy.
