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COMITES CHRISTI Entre tanto regocijo y jolgorio navideño, no deberíamos olvidar que la «sombra de la cruz» ya se hizo virtualmente presente en Belén, como demuestran la matanza de Herodes y la huida a Egipto. En efecto, el Niño Dios nació para morir por todos nosotros. Por esta razón, la liturgia del santoral celebra, en el contexto de la Octava de Navidad, tres festividades consecutivas, que expresan la «extensión» del carácter oblativo del nacimiento de Cristo; constituyen una especie de tríptico, formado por los llamados «Comites Christi» (Compañeros de Cristo), que «acompañan» al Niño Jesús, según un «antes», «durante» y «después» del que será su futuro sacrificio redentor: - San Esteban (26 de diciembre): fue protomártir, o sea, el primero en dar la vida por Cristo «después» del sacrificio de la Cruz. - San Juan Evangelista (27 de diciembre): fue el único apóstol que, «durante» el sacrificio del Calvario, esto es, en la «hora tenebrarum», no abandonó a Cristo y estuvo a los pies de la cruz. Por este motivo, no fue necesario que ulteriormente pasase por la muerte martirial, a diferencia del resto de los santos apóstoles. - Santos Inocentes (28 de diciembre): habiendo nacido Cristo, fueron los primeros que, aunque involuntariamente, dieron su vida por Él «antes» de su sacrificio. Que la contemplación de este «tríptico» nos sirva para que nuestro «testimonio cristiano» sea tan auténtico que, algún día, también podamos ser considerados verdaderos «compañeros de Cristo», o sea, miembros de la «corte de honor» que lo «acompaña» y sigue, con el firme propósito de ser fieles, de palabra y obra, a su enseñanza hasta el punto de estar dispuestos a dar la vida por Él; sólo así podremos decir que, en nuestro corazón, se habrán unido los misterios del nacimiento de Cristo y de su redención.
