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A unas horas de acabar el tiempo pascual, no quería dejar de compartir este hilo sobre la obra maestra de Caravagio sobre la Resurrección: La cena de Emaús. Un cuadro en el que la clave de interpretación está en un pescado que no se ve y en un personaje que eres tú. ¿Lo vemos?⬇️


El cuadro también es conocido como “Los discípulos de Emaús”, y fue pintado por el artista italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio en 1601. Lo puedes ver en la National Gallery de Londres.


Representa el pasaje evangélico del mismo nombre. Es archiconocido, pero por si acaso quieres refrescarlo, aquí te lo marco.


Concretamente, los versículos 30 y 31 cuando dice: «Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista».

Si te fijas en algunos detalles, el frutero a punto de caerse, el discípulo levantándose de la silla... el cuadro parece un fotograma congelado de una escena trepidante de una película, como cuando Neo esquivaba las balas en Matrix.

Y es que lo que pretendía Caravaggio era plasmar ese nanosegundo antes de que el Resucitado ¡PUF! desapareciese.


Las cualidades extraordinarias del cuerpo glorioso de Cristo quedan patentes también en su rostro, que no tiene nada que ver con las representaciones clásicas de Jesús, con barba.


Y es que Jesús puede cambiar su apariencia para no ser reconocido, por eso tampoco tiene las llagas.

Las manos de Jesús están realizando el gesto de bendición sobre la copa de vino y el pan tal y como relata el Evangelio. Es un gesto sacerdotal en clara referencia a la Eucaristía.



A la izquierda de la imagen, un discípulo salta de su silla y parece que la va a lanzar por los aires. Es Cleofás, que reacciona con sobresalto. El gesto y la tensión muestran el impacto del reconocimiento. Es la irrupción divina en la cotidianidad: ¡Cristo está vivo!


Al discípulo de la derecha, de quien el Evangelio no nos da el nombre, lo vemos con un gesto de sorpresa que es el de los brazos en cruz en clara referencia a la crucifixión.


Fíjate en el detalle de la concha en el pecho, símbolo del peregrino. ¿Y si para reconocer a Jesucristo resucitado necesitamos peregrinar junto a él (escuchando su palabra como ese discípulo de Emaús que anduvo a su lado)? ¿Y si no puede haber Resurrección sin cruz?


Los detalles de la mesa nos hablan de muerte y vida, cruz y resurrección.

El ave nos habla de la muerte, del sacrificio en la cruz, no olvides que las aves (las tórtolas, los pichones…) eran sacrificios aceptables en el templo, especialmente por los pobres.


La cesta de frutas a punto de caerse nos retrotrae al jardín del Edén. Las hojas de parra o de higuera con las que Adán y Eva taparon su desnudez tras "la caída".


Fíjate en las frutas podridas, los higos y las granadas abiertas, las manzanas con picaduras nos hablan de la muerte que entró en el mundo por la desobediencia del hombre.


El pecado, el aguijón de la muerte, ha sido vencido por el Resucitado y esa victoria se nos ofrece a nosotros por la Palabra de Dios y los sacramentos. ¿Se puede expresar mejor tanta teología en tan poco espacio?

Junto a Jesús, el cordero de Dios, María, la cordera sin mancha, representada en este detalle de la botella de agua.


La virginidad perpetua de María se explica tradicionalmente diciendo que el nacimiento de Jesús, como un rayo de luz, atravesó el vientre de María sin romper su virginidad, de la misma manera que un rayo de luz atraviesa un cristal sin dañarlo.

El hecho de que el hombre que los ha acompañado por el camino no es un caminante más sino que es Dios en persona se hace patente en el halo de su sombra, un halo de santidad.
