Canvas & Ratio
Choose your destination platform format
Layout Template
Choose a content structure for your slides
Preset Themes
Typography & Sizing
Brand Kit Customization
AGENCYConfigure brand assets for headers & footers
Outro Slide CTA
Customize your closing call-to-action slide
Background Pattern
Build Your Carousel
Drag and drop any post card below onto a slide, or use the quick buttons to insert content/images instantly!

En 1859, el Sol desató una tormenta que incendió los telégrafos, iluminó el cielo en pleno día y dejó al mundo boquiabierto. Fue bautizado como el Evento Carrington, y si hoy ocurriera otra vez, nuestra civilización podría colapsar en cuestión de horas. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


Antes de continuar, si te gustan las historias de emprendimiento, innovación y de personas que han cambiado el mundo suscríbete a mi newsletter en <a target="_blank" href="https://www.ivanfernandezamil.com" color="blue">ivanfernandezamil.com</a> y hazte con mis 3 libros de "Historias de Galicia que nadie te había contado" en <a target="_blank" href="https://www.ivanfernandezamil.com/libros/" color="blue">ivanfernandezamil.com/libros/</a>

Todo empezó una mañana de septiembre, cuando el astrónomo británico Richard Carrington observaba manchas solares con su telescopio. De pronto, vio un destello blanco cegador en la superficie del Sol, como una explosión grabada en el cielo.


Lo que Carrington presenció fue una eyección de masa coronal, una erupción solar gigantesca que lanzó miles de millones de toneladas de plasma cargado hacia la Tierra a una velocidad inimaginable.


Treinta y siete horas después, la Tierra fue golpeada de lleno y lo que siguió fue tan extraño y tan espectacular, que muchos pensaron que el fin del mundo había comenzado.


Auroras boreales aparecieron en latitudes donde nunca se habían visto, el cielo nocturno de Cuba, Hawái e incluso Colombia se tiñó de rojo, verde y violeta como una fantasía apocalíptica...


Las auroras eran tan intensas que en algunas ciudades la gente podía leer el periódico en plena noche, sin necesidad de lámparas, las brújulas enloquecieron... El campo magnético de la Tierra temblaba como una campana rota.


Y luego vino el golpe más directo, porque las redes de telégrafo, el internet de la época, empezaron a fallar de formas que nadie podía entender.


En algunas oficinas telegráficas, los operadores recibían descargas eléctricas que les lanzaban de sus sillas, en otras, los sistemas funcionaban sin estar conectados, impulsados únicamente por la corriente electromagnética que inundaba la atmósfera.


Los cables ardían, las estaciones se incendiaban, los mensajes se transmitían solos... Era como si la Tierra se hubiera convertido de repente en un gigantesco generador eléctrico descontrolado.


Pero en 1859, la humanidad todavía vivía en un mundo de hierro, vapor y papel. La civilización pudo soportar el impacto porque dependía poco de la electricidad, pero, ¿y si algo así ocurriera hoy?


Con satélites, GPS, redes eléctricas, internet, telecomunicaciones y hospitales conectados 24/7 a sistemas eléctricos hiperfrágiles, como hemos podido ver durante el apagón que tuvimos en España y Portugal, ¿sobreviviríamos?


Estudios recientes estiman que un evento como el de 1859 causaría apagones masivos, destruiría satélites, colapsaría las redes eléctricas y provocaría daños por billones de dólares en cuestión de horas.


Y lo peor es que no tendríamos mucho tiempo para reaccionar. Desde la detección hasta el impacto podrían pasar menos de 24 horas, una carrera desesperada contra un enemigo invisible y silencioso que viene del mismísimo corazón de nuestra estrella.


En julio de 2012, una tormenta solar similar estuvo a punto de golpearnos de lleno. Falló por poco, pero si hubiera impactado, probablemente estaría escribiendo este hilo a mano, a la luz de una vela, preguntándonos cómo reconstruir el mundo.


Porque a veces, la mayor amenaza no viene de guerras, pandemias o crisis financieras, viene del cielo, en forma de luz, viento y fuego, recordándonos lo pequeños, vulnerables y asombrosamente frágiles que somos.


El Evento Carrington fue una advertencia, una carta enviada por el Sol Una carta que, hasta ahora, apenas hemos empezado a leer


Si te ha gustado suscríbete a mi newsletter en <a target="_blank" href="http://ivanfernandezamil.com" color="blue">ivanfernandezamil.com</a> junto a +7.000 suscriptores, sígueme y recuerda hacer RT del primer tuit para poder seguir escribiendo #LoshilosdeIVAN. Hazte con mis libros aquí: <a target="_blank" href="http://ivanfernandezamil.com/libros" color="blue">ivanfernandezamil.com/libros</a> <a target="_blank" href="https://twitter.com/ivanfamil/status/1917181255315230809" color="blue">x.com/ivanfamil/stat…</a>

Recuerda seguirme y suscribirte a mi newsletter para recibir historias exclusivas. También puedes hacerte con mis libros aquí: <a target="_blank" href="http://ivanfernandezamil.com/libros" color="blue">ivanfernandezamil.com/libros</a>