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POLITICA FINANCIERA Y LIBERACION DEL ESTADO En el último capítulo del libro de Gottfried Feder, “El Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, el analista germano considera que, aunque el remedio al problema socioeconómico de Alemania está en la abolición legal de los


intereses bancarios, el gran capital internacional reaccionará violentamente y moverá todas sus influencias para conservar su poder, ya que se trata de su honor, que como afirmaba el viejo Rothschild: “Mi dinero es mi honor y quien me quita mi dinero me quita mi honor”. No

obstante, desde el punto de vista del Estado y de los trabajadores que se ven obligados a aumentar la producción a través de su esfuerzo, para satisfacer las demandas de los acreedores internacionales, se trata de una enorme injusticia, de un robo eterno a los trabajadores en

beneficio de las altas finanzas mundiales. La gran banca, con todos los medios a su disposición, denominará al quebrantamiento del interés del dinero como un crimen sin precedentes contra la humanidad y, a través de su propios medios de comunicación, se levantará con todas las

mentiras y distorsiones que sean necesarias, hablará del colapso económico completo de Europa e intentará incitar a Francia a una guerra abierta contra la nueva Alemania. Gottfried Feder resalta que los enemigos del nacionalsocialismo son difíciles de identificar, porque se trata

de un poder impersonal y supranacional escondido detrás de las grandes sociedades anónimas bursátiles, advirtiendo que Alemania no recibirá crédito, alimentos u otras materias primas del exterior. Sin embargo, el político germano anima al pueblo alemán aseverando, que incluso el

poder de la alta finanza internacional no puede evitar a largo plazo que los excedentes en los países productores de materias primas lleguen a las fábricas y lugares de trabajo germanos y que los productos manufacturados alemanes encuentren su camino hacia los mercados mundiales

de intercambio de bienes, porque siempre habrá países neutrales a través de los cuales estas importaciones puedan llegar a la nación. El economista bávaro considera que realmente sólo el círculo bancario y bursátil son los enemigos de la Revolución nacionalsocialista, porque

todos los empresarios, propietarios de fábricas, comerciantes y trabajadores estarán escasamente interesados en el mantenimiento de un sistema capitalista que ahoga a todos los productores de la comunidad nacional por medio de la usura de los intereses crediticios. La abolición

de los intereses prestamistas y la sustitución del patrón monetario oro por el patrón trabajo, terminará con los terribles efectos de la inflación, permitiendo la supresión paulatina de los impuestos directos que restringen la producción y los antisociales impuestos indirectos

que fomentan la inflación y gravan el trabajo en beneficio del capital de préstamo. El impuesto indirecto sobre el carbón, la sal, el fósforo, el azúcar o la cerveza, supone una tasa que nadie puede esquivar y, por tanto, oprime a los trabajadores que tienen los ingresos más

humildes, mientras que no afectan en lo más mínimo al propietario de la gran riqueza del capital bursátil, que actúa como mero recaudador al servicio del gobierno liberal. El capitalismo internacional se ha convertido en el expoliador de la riqueza de las naciones y, según Feder,

los financieros más solventes, hábiles e influyentes de esta oligarquía prestamista bursátil mundial son los hebreos y, por consiguiente, defiende que la solución a la cuestión judía está en la erradicalización definitiva del interés crediticio internacional, que destruirá para

siempre el poder de los judíos sobre la economía mundial. Además, para el ideólogo nacionalsocialista, la ruptura de la servidumbre del interés del dinero supone, en un sentido constructivo, la solución de la cuestión social, porque la supresión del abono de los intereses

crediticios y de los aranceles de las deudas, liberará a las naciones de su esclavitud y sumisión económica ante los grandes consorcios bursátiles internacionales y colocará a éstos en una posición financiera muy complicada, por lo que buscarán otros métodos como el boicot y la

estrangulación del mercado mundial. Así pues, será objetivo de la política social del nacionalsocialismo una promoción generosa en el campo de la construcción de viviendas, superar los tiempos críticos y utilizarlos para el bienestar de las personas, hasta que se liberen nuevos

senderos al margen de la dominación crediticia del capitalismo prestamista mundial y no solamente en Alemania, sino también en las demás naciones que pueden lograr una economía sana a través de un comercio internacional de intercambio de bienes y servicios proporcional y

justo (trueque), abriéndose así, nuevos caminos para la humanidad, que redimida de la opresión del capitalismo prestamista bursátil, experimentará una era de prosperidad sin precedentes, sobre todo en Alemania, el corazón del mundo.