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CONSTRUCCION SOCIAL Y BANCO ECONOMICO En este capítulo de su libro “El Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, Gottfried Feder considera necesario e imprescindible para la labor social del Estado, la creación de un banco de financiación estatal para la construcción de


obras públicas y sociales, que sirvan al desarrollo del país o sean beneficiosas para el bienestar general. Esta institución crediticia del Estado tendría total libertad para la concesión de créditos sin intereses, tras un exhaustivo examen de todas las condiciones y necesidades

de los solicitantes, que abonarían el importe del crédito durante un período de entre 30 y 50 años, de acuerdo con el carácter y la durabilidad de la construcción. El banco social financiaría este tipo de créditos sin intereses, mediante la emisión de una serie de bonos (MEFO)

garantizados por el Estado, que se abonarían a medida que se fuesen terminando los diferentes plazos de la construcción al tipo de cambio de las monedas de curso legal. El economista alemán sostiene que la aceptación de esta garantía por parte del Estado, no significa para éste

la menor carga financiera, puesto que evitaría el endeudamiento internacional de la nación y su consecuente sangría de intereses, que posteriormente debería recuperar mediante el cobro de impuestos a los que habría que añadir los gastos por las subvenciones aprobadas por el

Estado, que ya no serían necesarias y que únicamente benefician a una minoría de personas afortunadas que obtuvieron tales subvenciones, pero que debe ser recuperado por la comunidad mediante mayores cargas impositivas. Por consiguiente, aunque existiesen algunos morosos entre

los receptores de los bonos crediticios sin intereses para la construcción, que en algún momento no pudieran cumplir con sus obligaciones, esto sería irrelevante en relación con los enormes ahorros que el presupuesto estatal realizaría con esta medida, puesto que se trata de una

tarea de gran importancia social. Por ejemplo, si en un año el banco social emitiese bonos estatales para la construcción por valor de 10 millones de marcos, al año siguiente, 200.000 marcos volverían al banco y, por lo tanto, después de 50 años como máximo, los 10 millones

habrían regresado a las arcas del banco social y las viviendas construidas estarían libres de cargas financieras y en manos de sus propietarios particulares. Así pues, el beneficio social consiste en el hecho de que el Estado ha producido valores económicos inmobiliarios

absolutamente de la nada, los ha generado sin intereses crediticios y ha proporcionado vivienda e ingresos a miles de trabajadores y empresarios a través de la construcción social. El analista bávaro defiende su postura, afirmando que con la eliminación de los intereses

crediticios es posible estimular el mercado de la vivienda y, con ello, no sólo se eliminaría la espantosa necesidad de vivienda en Alemania con todos los daños sociales que esto supone, sino que también se estimularía el mercado interno germano de manera extraordinaria, porque

los innumerables oficios auxiliares como cerrajeros, carpinteros, fontaneros, cristaleros, ceramistas o pintores, encontrarían trabajo y se fortalecerían en su capacidad adquisitiva. Según Feder, los economistas liberales se oponen a este tipo de medida financiera social alegando

el incremento de la inflación, pero para el teórico nacionalsocialista esta objeción es falsa, porque la inflación surge solamente cuando se emite dinero sin estar respaldado por un bien o servicio tangible cuantificable económicamente, mientras que los bonos emitidos por el

banco social obtienen su cobertura y respaldo material en el valor económico de los bienes edificados como, por ejemplo, las viviendas sociales y, por lo tanto, no se genera inflación. Para el político alemán, el daño que debe remediarse es la angustiosa falta de vivienda con la

construcción masiva de edificios sociales y la promoción comercial de pisos de alquiler, porque la emisión de créditos libres de intereses por parte del banco social, permitiría la realización de un necesario servicio comunitario y la reactivación del mercado inmobiliario tan

importante en las grandes ciudades. Sin embargo, este banco social no solamente debería dedicarse a la construcción de viviendas, sino también a la emisión de créditos sin intereses a empresas, industrias, actividades agrícolas y otras labores comunitarias de interés nacional.

Gottfried Feder publicó este planteamiento financiero en 1923 y durante la década de 1930, fue aplicado con enorme éxito en la construcción masiva de obras públicas por el régimen nacionalsocialista en Alemania, sin inflación y carentes de intereses financieros.