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REFORMA FINANCIERA DEL REICHSBANK En el presente capítulo de la obra de Gottfried Feder, “El Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, el autor hace hincapié en la nacionalización del Banco Central (Reichsbank), como uno de los requisitos esenciales para lograr el objetivo


final de la ruptura de la esclavitud de los intereses del dinero. Para el ideólogo nacionalsocialista, el “Reichsbank” debía de dejar de ser una sociedad anónima y constituirse como un órgano ejecutivo de la administración financiera nacional, designando a todos sus miembros como

funcionarios estatales. Según Feder, el Estado podía investir a un comisionado especial para la supervisión de la conducta financiera del banco, como garantía de su buen funcionamiento al servicio a los intereses sociales de la comunidad nacional. La tarea del “Reichsbank” debía

ser la provisión económica de los negocios financieros del Estado, siempre que no pudieran ser provistos directamente por los propios presupuestos de los departamentos de la administración estatal y, además, debía constituir un fuerte respaldo a toda la economía nacional en la

mediación de las transacciones monetarias y de pago. El analista germano lamentaba, que en aquella época, el Banco Central fuese una compañía accionarial, en la cual, la mayoría de los accionistas privados podían sencillamente decidir sobre cuestiones sensibles para la economía

nacional como, por ejemplo, desviar los activos financieros del banco a entidades internacionales o extraer sumas de capital bastante significativas, en forma de dividendos, del “Reichsbank” a otros países extranjeros, señalando que contra esta pérdida de soberanía económica

nacional, únicamente la nacionalización de los bancos centrales, suponía la solución al problema de la ingerencia del capitalismo internacional en las economías estatales. El “Reichsbank” poseía el privilegio de la impresión monetaria, es decir, el derecho a emitir billetes según

las necesidades de sus transacciones financieras. Gottfried Feder recuerda que el “Reichsbank” debería tener un respaldo tangible para cubrir su oferta monetaria, pero que las políticas liberales del mismo, solamente respaldaban la citada oferta monetaria con un tercio de oro o

plata en monedas alemanas o extranjeras, que fue disminuyendo sucesivamente hasta llegar a la impresión ilimitada de papel moneda, con la única cobertura de las facturas del “Reichstreasury”, es decir, solamente otro papel, detrás del cual se encontraba un Estado en bancarrota.

No es de extrañar, asevera el economista bávaro, que, en medio de tales condiciones, ocurriera el colapso de la moneda alemana. Para Feder, el derecho de emitir moneda correspondía exclusivamente al Estado, el cual, debía resolver la gran tarea de la estabilización de la moneda,

garantizando que no se produjera ninguna emisión monetaria sin cobertura. No obstante, una estabilización real de la moneda está totalmente excluida siempre que no se libere antes a la comunidad nacional de la servidumbre del interés del dinero. Por tanto, no se trataba de un

problema que se pudiera separar de la economía capitalista del interés crediticio, ya que mientras continuase existiendo esta economía usurera internacional de las altas finanzas, las monedas de las diferentes naciones seguirían siendo el objeto de la especulación de las grandes

empresas bursátiles multinacionales, cuyo objetivo es la rentabilidad del capital privado y no la cobertura de la demanda social. En la economía financiera mundial, las transacciones internacionales de pago son las operaciones que desempeñan el papel principal y, por consiguiente

son los grandes consorcios bancarios internacionales los que gobiernan el mundo, los que cubren las necesidades monetarias estatales y, por tanto, son estas entidades las que controlan la producción internacional (hierro, acero, petróleo, alimentos enlatados, cereales, grasa,

aceite, algodón, etc.) en gigantescos fideicomisos. Las grandes corporaciones bancarias internacionales financiaron la Gran Guerra y controlaron el aprovisionamiento de las naciones en conflicto. Estas sociedades bursátiles crediticias nunca han actuado como entidades productivas

sino que, según Feder, han sacado provecho de la sangre y de las lágrimas de los horrores de la guerra, del hambre de las masas y de la furia especulativa del mercado bursátil, porque el sufrimiento humano se convierte en oro para las altas finanzas internacionales.