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En 1938, un reputado psiquiatra español solicitó a Francisco Franco la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas. Tenía una misión: encontrar el gen rojo del comunismo que degradaba la pureza de la raza española. Antonio Vallejo-Nájera. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


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Antonio nació en Paredes de Nava, en Palencia, en 1889 y estudió Medicina en la Universidad de Valladolid. Tras acabar sus estudios decidió combinar su vocación médica con la carrera militar, por lo que ingresó en el Cuerpo de Sanidad Militar del ejército.


En 1917 fue nombrado agregado de la embajada de España en Berlín, como integrante de una comisión médico-militar internacional cuya misión era inspeccionar los campos alemanes de prisioneros de guerra.


Además de cumplir con su objetivo, Antonio tuvo la oportunidad de conocer algunas clínicas psiquiátricas alemanas que dejaron una profunda influencia en él, lo que acabó definiendo su especialización en Psiquiatría.


Pero además de dedicar su tiempo libre a visitar clínicas, también se interesó por las teorías psiquiátricas y eugenésicas que divulgaban la necesidad de limpiar y dar esplendor a la raza humana eliminando a los más débiles.


Tras regresar a España, fue nombrado profesor de la Academia de Sanidad Militar y conoció a Francisco Franco, con quien mantendría una estrecha relación hasta el fin de sus días.


Durante la guerra civil española, el coronel Vallejo-Nájera fue elegido para dirigir los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista y escribió extensamente sobre la degeneración de la raza española por culpa de los “rojos”.


En muestra de agradecimiento y admiración, dedicó a Franco su primer libro, en el que esbozaba sus primeras ideas sobre el marxismo y la deficiencia mental y aprovechó para solicitarle la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas.


A través de este organismo pretendía validar la absurda idea de que el comunismo, el socialismo o cualquier otra ideología distinta a la suya tenían un origen patológico.


Para él, el futuro de España no se definiría tan solo por la victoria por las armas, sino también con el resurgimiento de una raza pura superior, la antigua raza de los hidalgos españoles, que se había ido contaminando debido al gen rojo…


Además, contaminadas por este mismo gen, las mujeres también debían volver al lugar del que nunca debían haber salido: el hogar.


Para tratar de demostrar su descabellada y disparatada hipótesis, Antonio creó un equipo de criminólogos y asesores alemanes y sometió a prisioneros de guerra republicanos a macabras y sádicas pruebas que los llevaban al borde del colapso.


Pero el Mengele español no solo buscó el gen rojo entre soldados, sino también entre las mujeres republicanas que poblaban la cárcel de Málaga.


Según él, estas mujeres suponían un vector de propagación del gen rojo, por lo que había que apartarlas de sus hijos para que fueran criados lejos de las ideas y prácticas degradantes de sus madres, en la que supuso la coartada perfecta para el robo de niños.


Esta práctica llegó a tener un estatus legal en 1941, cuando se promulgó una ley que permitía cambiar el apellido de niños que habían sido alejados de sus padres.


Se estima que con este método se robó la identidad de más de 30.000 niños durante la guerra civil y los primeros años de la dictadura, aunque esta práctica continuó hasta tiempos demasiado cercanos.


Su purificación de la raza también incluía la creación de una nueva Inquisición en contra de las personas que portaban el gen rojo y que eran antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares y que corrompían la raza española.


Sus investigaciones concluyeron que los “rojos”, “seres incultos, torpes, sugestionables, carentes de espontaneidad e iniciativa” eran inferiores mentalmente y mostraban un carácter degenerativo marcado por su tendencia al alcoholismo, el libertinaje y la promiscuidad.


Sus trabajos para el franquismo le valieron para ser gratificado con multitud de premios, condecoraciones y puestos, entre ellos el de profesor de Psiquiatría de la Universidad de Madrid, en 1947, el de miembro de la Real Academia de Medicina, en 1951.
