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Hace 400 años, el rey Felipe III trasladó la capital de España de Madrid a Valladolid. No imaginaba que se estaba gestando el mayor escándalo de corrupción de la historia del país. Un pelotazo inmobiliario ideado por su mano derecha, el Duque de Lerma. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


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Durante la Edad Media, la corte de Castilla era itinerante, es decir, los reyes y todo su séquito y su burocracia se iban moviendo de una ciudad a otra. La elección de los lugares a los que iban las cortes se hacía en función de intereses políticos y económicos.


Pero a partir del reinado de Carlos I, esta itinerancia comenzó a desaparecer, ya que el emperador instaló la corte en Toledo durante cuarenta y dos años, hasta que, en 1561, su hijo Felipe II, decidió trasladarla a Madrid, donde estaría otros cuarenta años.


Pero entre todas estas fechas hay algo que no cuadra, porque durante el reinado de Felipe III, la corte se trasladó a Valladolid durante solo cinco años. Todo fue debido a una persona. Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja.


El futuro duque de Lerma pertenecía a una familia de la nobleza, era nieto de un consejero del emperador Carlos I y además era sobrino del arzobispo de Sevilla, que lo envió a la corte madrileña de Felipe II para que allí lo educaran.


Los años fueron pasando y se hizo muy amigo del príncipe, el futuro Felipe III. En la corte fueron conscientes de la influencia que Francisco ejercía sobre el príncipe, así que el rey lo alejó nombrándole virrey de Valencia, pero regresó a Madrid dos años después.


Cuando Felipe II falleció, legó a su hijo un imperio tan grande como complicado de gobernar, sin dinero y con una deuda imposible de pagar. Además, el nuevo rey quería vivir la vida y olvidarse de preocupaciones y responsabilidades, así que confió en su fiel consejero.


En 1599 dio a Francisco el título de duque de Lerma y además le dio poder absoluto. El duque comenzó a rodearse de personas de su confianza y distribuyó los puestos más importantes de la corte entre su familia, sus amigos y entre los nobles con los que tenía alguna deuda directa.


Creó una red que le convirtió en la persona más poderosa de todo el imperio, llegando a reemplazar a la figura del rey. Su influencia era tal, que podía tratar directamente con él e incluso podía utilizar el sello real, es decir, que su firma tenía el mismo valor que la del rey


A Francisco le iba bien, muy bien, pero todavía había una persona que podía hacerle sombra: la emperatriz María de Austria, tía del rey, que a pesar de estar recluida en un convento, todavía ejercía poder sobre él, además de ser una de las mayores opositoras al duque de Lerma.


Así que en 1601 Francisco ideó un plan perfecto. Ese año convenció al rey de que trasladara la corte de Madrid a Valladolid. No sabemos las razones exactas que le dio para convencerlo, pero lo convenció.


El duque quería alejar a Felipe III de la influencia de su tía y convertirse en la persona más rica del imperio y de todo el planeta, porque meses antes había comprado a precios de risa multitud de terrenos y edificios en Valladolid, que después vendería a la Corona.


Y claro, cuando se dio a conocer la noticia sobre la nueva capital, los precios se dispararon, y generaron una burbuja inmobiliaria jamás vista, que el duque aprovechó vendiendo todas sus propiedades y multiplicando sus inversiones.


En Madrid los precios se desplomaron tras el cambio de la Corte, así que el duque también aprovechó para hacerse con un montón de terrenos y propiedades por toda la ciudad, porque sabía que a corto plazo el rey iba a volver a Madrid y eso dispararía de nuevo los precios.


Durante 5 años, Valladolid creció de una manera brutal, pero a finales del verano de 1605, una epidemia de peste fue la excusa perfecta para volver a Madrid. Además, María de Austria, recordemos, la tía del rey y archienemiga del duque, había fallecido.


Y por si todo esto fuera poco, Madrid había ofrecido a la Corona una donación de 250.000 reales a cambio de que la capital volviese, de los que una tercera parte iban a ir a parar a los bolsillos del duque.


Era el momento de regresar, así que Francisco, de nuevo, convenció a Felipe III para volver a Madrid, lo que aprovechó para vender las propiedades que había comprado a precios de ganga cuando la corte se había trasladado a Valladolid.


Este colosal pelotazo convirtió al duque de Lerma no solo en la figura más rica de todo el imperio español, sino en una de las personas más ricas, sino la más rica, de todo el planeta. Pero otro poderoso enemigo apareció de repente en esta historia.


Harta de que fuera el rey en la sombra y de toda la corrupción a su alrededor, la reina Margarita, esposa de Felipe III, reunió a su alrededor a todos los nobles que habían sido dañados o perjudicados por el duque y preparó un proceso contra él para que fuera investigado.
