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OBRAS PUBLICAS Y ENDEUDAMIENTO Para el liberalismo, expone Gottfried Feder en su libro “El Estado Nacional y sus Bases Nacionalsocialistas”, orientado hacia una economía especulativa de intereses prestamistas, el mantenimiento de la soberanía financiera de los Estados nacionales


supone una aberración, porque colocaría en manos del gobierno los mecanismos necesarios (soberanía de servicio, monetaria y fiscal) que impedirían al capitalismo sangrar a los pueblos por medio de los intereses crediticios. Para Feder, este proceder carece de justificación y

únicamente ha sido posible gracias a la propaganda capitalista liberal, que ha conseguido contaminar con el veneno de los préstamos internacionales, tanto a la opinión pública como a las administraciones financieras estatales, que han sucumbido lentamente ante un abismo

crediticio de nefastas consecuencias. A esta situación, afirma el estadista bávaro, ha contribuido de manera muy especial, el hecho de considerar y aceptar la oferta crediticia de los bancos internacionales para la financiación de las grandes obras pública. No obstante, asevera

el analista germano, la más sencilla reflexión económica, por parte de un gobierno o de un parlamento nacional consciente de su responsabilidad, debería considerar, que si uno construye ferrocarriles, carreteras o vías fluviales con dinero extranjero a crédito, en tan sólo unos

pocos años el Estado pagaría el doble de su valor presupuestado o incluso el triple si el plazo solicitado aumenta, siendo estas cantidades extraordinarias que exceden de los costes de la inversión inicial, las que se cargan económicamente a toda la población, que debe financiar

la obra estatal por medio de una subida de los impuestos y de un aumento tarifario por la utilización del servicio público, que también aumenta en conformidad con los intereses del préstamo bancario. Gottfried Feder considera que supone una estupidez económica y política por

parte del gobierno nacional, el hecho de financiar las obras públicas a través de préstamos internacionales, porque el Estado posee la facultad soberana de emitir bonos o pagarés de la tesorería del Estado para la financiación de las citadas obras públicas, abonando con ello la

construcción de las mismas. La impresión, emisión y creación de una mayor oferta monetaria estatal no supone inflación en absoluto, porque la creación de un nuevo valor como, por ejemplo, una carretera de peaje que genera beneficios y se puede cuantificar económicamente,

amortizaría el capital creado sin generar inflación ni deuda. La construcción de obras públicas, por medio de la emisión de bonos del Tesoro, liberaría al Estado y al pueblo de la deuda con intereses del capital prestamista bursátil para siempre. Por lo tanto, el economista

alemán reivindica una administración financiera estatal que realice la totalidad de las obras públicas al margen del endeudamiento, mediante el uso de pagarés o bonos estatales (posteriormente denominados como bonos MEFO, durante el régimen nacionalsocialista). Gottfried Feder

defiende la necesidad del saneamiento del presupuesto nacional, especialmente los llamados gastos improductivos de la administración del Estado como la justicia, la educación, etc, que deben cubrirse por medio de los excedentes financieros obtenidos gracias a las rentas generadas

por las empresas comerciales y los monopolios públicos del Estado en el ámbito de los combustibles o las energías. Esta pretensión que puede parecer, en vista de la actual economía de déficit frenético de los ferrocarriles, correos, etc, como una ironía, el teórico bávaro la

considera posible, ya que si se libera al Estado de los intereses crediticios del capital internacional, la ausencia de deuda haría posible el saneamiento de las cuentas públicas y la supresión de los impuestos que ahogan la economía de la comunidad nacional. En definitiva, para

Feder, cuando el Estado precise financiación para la realización de obras públicas, simplemente debe autoinyectarse el dinero necesario para su construcción, al margen del crédito internacional privado, ya que al no depender de la servidumbre del interés prestamista, las obras se

harían inmediatamente y la nueva propiedad estatal estaría libre de deudas. Una vez finalizada la obra, los bonos o vales emitidos por la tesorería del Estado podrían ser canjeados y destruidos en poco tiempo, desapareciendo el peligro de la inflación e independizando a la

comunidad nacional de la opresora dependencia de las altas finanzas. El Estado sería así el dueño de su propio sistema financiero y estaría libre de la esclavitud de los intereses del capital anónimo supranacional. Gottfried Feder finaliza este apartado de su obra literaria

asegurando que así será el Estado nacionalsocialista del futuro, lo cual nos recuerda como fue posible la enorme magnitud de las obras públicas durante el régimen de Adolf Hitler y totalmente carentes de deuda e inflación.