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SOBERANIA FINANCIERA Gottfried Feder en su libro “El Estado Nacional y sus Bases Nacionalsocialistas”, criticaba la mentalidad capitalista de su época, que interpretaba como algo lógico y natural, el hecho de que si un Estado necesita dinero para financiar sus proyectos públicos


debe pedir prestado este dinero y pagar intereses a la devolución del mismo o, de lo contrario, no recibirá el dinero necesario para la financiación de las obras públicas, de la misma manera, que si una persona particular necesita dinero para financiar sus proyectos personales,

lo debe solicitar prestado a una entidad bancaria y abonar sus correspondientes intereses. El economista germano consideraba que esta apreciación era errónea, porque el Estado, con sus instrumentos de poder, no se puede comparar de forma alguna con una persona particular. El

Estado posee tres atribuciones poderosas de las que carece la ciudadanía en general, a través de las cuales y en virtud de su soberanía, puede cubrir sus necesidades para la ejecución de las tareas públicas. Estas facultades propias serían su soberanía de servicio, su soberanía

de acuñación monetaria y su soberanía fiscal. Por soberanía de servicio debe entenderse el derecho del Estado para llamar a sus ciudadanos, con el objetivo de realizar servicios sociales gratuitos como, por ejemplo, el servicio militar obligatorio. No obstante, el Estado puede

llamar a sus ciudadanos, no solamente para el servicio militar, sino también para la ejecución de grandes empresas económicas y sociales para el bienestar de toda la comunidad nacional como, por ejemplo, para la construcción de autopistas, de viviendas sociales, etc (Servicio de

Trabajo del Reich). La soberanía monetaria es una segunda fuente de poder, desde el cual el Estado puede cubrir directamente su requerimiento de capital. Nadie impugna el derecho del Estado a acuñar monedas o a emitir bonos del Tesoro, de hecho, el Estado, en virtud de su

soberanía, ha producido dinero, de todas las fuentes posibles como, por ejemplo, del cobre, del níquel, del hierro, de la porcelana, del aluminio y, sobre todo, del papel, es decir, el Estado puede cubrir sus necesidades sociales, en virtud de su soberanía de acuñación monetaria

en proporción con la producción nacional y no está obligado a acudir a los intereses prestamistas de la banca internacional (Nacionalización del Reichsbank). La tercera fuente de poder, sería la soberanía financiera o fiscal, que implica el derecho del Estado a disponer de las

contribuciones tributarias de sus ciudadanos para finalidades de interés social (Hacienda Pública del Reich). Sin embargo, según Feder, esta atribución estatal se había convertido, durante la República alemana, en un auténtico sin sentido, ya que el analista bávaro consideraba

que el sistema tributario nacional se había transformado en un instrumento de explotación popular a favor de los poderes financieros supranacionales, cuando su aplicación, por interés social, debería ser todo lo contrario, evitando el hecho de asumir compromisos prestamistas con

el capitalismo internacional. Evidentemente, el Estado, al igual que los ciudadanos particulares, tiene la posibilidad de cubrir sus necesidades endeudándose, pero esto, que para una persona privada ya supone un arma de doble filo, para el Estado es la medida más criminal y

estúpida que puede acometer con respecto a su misión como protector de los intereses nacionales, porque la economía crediticia de los Estados ha arruinado a los mismos y los ha entregado en manos de las finanzas internacionales que, por medio de la esclavitud de los intereses del

capital prestamista, controlan la producción y la riqueza de las naciones, que pierden su soberanía financiera al no poder liberarse de su dependencia crediticia a las espantosas sanguijuelas anónimas multinacionales. Por lo tanto, para Gottfried Feder, el Estado posee muy bien

los mecanismos necesarios para cubrir su oferta monetaria sin la obligación de endeudarse con la alta finanza mundial, únicamente utilizando estas tres formas soberanas anteriormente descritas, evitando así, de esta manera, el colapso económico de la comunidad nacional.