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ECONOMIA NACIONAL Y CAPITALISMO Gottfried Feder, en su libro “El Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, afirmaba que la tarea de la economía nacional es el cumplimiento de la demanda social (satisfacción, a través de precios asequibles, de las necesidades vitales de


todos los miembros de la comunidad nacional) y no el rendimiento del capital prestamista. Los actuales tiranos de la economía, el capital bancario y el capital bursátil, son como hienas que desprecian el cumplimiento la demanda social, puesto que el capital internacional sólo

tiene interés en la explotación usurera de la población. La principal demanda de la población en el conjunto de la economía es, naturalmente, la satisfacción de la necesidad de alimentos, posteriormente, el cumplimiento de la demanda de vivienda, alojamiento y vestido y, por

último, el resto de los productos de consumo diario, desde sistema de transporte, el comercio y el sistema financiero, hasta las artes superiores y los placeres culturales. La producción de bienes debe tener como objetivo cubrir todas estas necesidades de la mejor manera posible,

a través de un pago que cubra los costos de producción e incluya los correspondientes ingresos para el empresario, además de un cierto margen de beneficios para cubrir pérdidas inevitables, mejoras, modernizaciones en la empresa, etc. La atención del empresario no se debe dirigir

a la obtención de beneficios inmensos, sino que debe organizar la producción de tal modo, que la demanda social quede satisfecha con el menor coste posible para la producción y para el consumidor, pero sin reducir los salarios. Sin embargo, el sistema económico capitalista,

asevera Feder, impide la consecución de la demanda social, puesto que las finanzas estatales, independientemente de la eficiencia industrial y comercial de la nación, se encuentran siempre inmersas en un endeudamiento congénito y progresivo, inherente al sistema capitalista

internacional basado en el préstamo bancario. Este endeudamiento público, naturalmente, no es una buena señal para la economía nacional, porque, de hecho, debe considerarse absurdo y no tiene ningún sentido que un Estado, cuyos ciudadanos disfrutan de una bonanza económica, al

mismo tiempo no se encuentre en una condición saludable y floreciente en sus propias finanzas. Otro daño económico profundamente arraigado en la economía capitalista es el hecho de la inflación crediticia privada. Los comerciantes y las empresas industriales, incluso en tiempos

de creciente prosperidad, aceptan créditos extranjeros con sus correspondientes intereses a la ligera, porque el fuerte aumento de la producción y la posibilidad de ingresos inminentes permiten estas cargas, pero la economía capitalista es cíclica y cuando termina el periodo de

expansión y llega la inevitable crisis, entonces los intereses del crédito consolidado se manifiestan en toda su crueldad financiera y arruinan a la comunidad nacional. La invención capitalista de la sociedad bursátil, como una concentración de intereses financieros anónimos,

para la obtención de una mayor rentabilidad del dinero al menor riesgo posible y, por tanto, con un verdadero desapego a la producción y al trabajo vinculado a él, supuso un gravísimo perjuicio para el emprendedor autónomo y la destrucción del tejido económico de las naciones,

contribuyendo así, las sociedades anónimas con su parasitismo financiero y su desinterés social a la degeneración de la economía. Por último, Gottfried Feder considera que el incremento de los institutos de intermediación financiera (banca usurera e inflacionista), se han

convertido en los déspotas absolutos de la economía, puesto que el aumento de poder de los mismos no supone prosperidad para las economías nacionales, sino, por el contrario, cuanto más atroz sea nivel de vida de una comunidad, más se enriquecen los banqueros capitalistas.