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IDEA DE ESTADO En este capítulo del libro de Gottfried Feder, “El Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, el teórico germano considera que la idea de Estado nacionalsocialista está relacionada con el devenir de la historia alemana. El economista e ingeniero bávaro


considera que, a través de los tiempos, siempre encontraremos el anhelo del pueblo alemán por la consecución de un Estado nacional cerrado (unido). Feder estima que la realización del Imperio germano precisa la anexión de todos los territorios de idioma, raza y costumbres

alemanas en una patria común, estipulando que la condición previa para el despertar de una fuerte conciencia nacional, lo constituye la exigencia de que todas las funciones políticas estatales, sea cual sea su naturaleza, sean desempeñadas por ciudadanos alemanes, excluyéndose,

por tanto, a todos los judíos y demás extranjeros de responsabilidades y cargos en la vida pública. El teórico germano enfatiza que toda una serie de testimonios de los propios judíos, nos revelan que se consideran como un Estado dentro del Estado y que se sienten más

estrechamente ligados a sus compañeros raciales en otros países, que a los habitantes de sus pueblos de acogida. Gottfried Feder identifica a la comunidad hebrea con el capitalismo internacional, resaltando que la finalidad principal de los judíos lo constituyen las ventajas

comerciales, de acuerdo con sus impulsos naturales de mercaderes sin escrúpulos que, como inventores y portadores del sistema crediticio moderno, han conseguido la más absoluta hegemonía sobre las finanzas públicas, bancos privados, bolsas de valores y gran parte de la producción

internacional, considerando, el analista alemán, al capitalismo como una costumbre propia del pueblo hebreo. Según Feder, después del control y el dominio del sistema financiero mundial, el capitalismo judío extendió sus tentáculos hacia las actividades políticas y culturales de

las naciones, donde su instinto de rapiña, su falta de conciencia y su enorme riqueza, les permitió, a pesar de ser una comunidad reducida en proporción con el tamaño de sus pueblos anfitriones, controlar todos los puestos importantes de la vida pública de los diferentes Estados,

sirviéndose de la técnica bancaria y bursátil para sus lucrativos fines. Para el ingeniero alemán, la preferencia de la alta finanza hebrea por las sociedades anónimas, la despersonalización de la economía y la especulación bursátil, nos muestra la desmedida ambición del

accionista parásito, que solamente tiene interés en la rentabilidad del dinero que ha invertido en forma de acciones, buscando un rápido beneficio sin tener en cuenta las necesidades sociales de la nación, como una consecuencia de la repugnante bajeza de la vida económica actual,

basada en el rendimiento de capital y no en el trabajo productivo. El empresario autónomo que ha construido su propia empresa, que conoce las exigencias de sus clientes, que aún conserva la antigua noción de honorabilidad del negocio y que considera su deber producir un producto

sólido y de calidad, de acuerdo con las necesidades reales de la economía (demanda social), se encuentra en total desventaja ante el accionista bursátil que, con la posesión puramente de un gran paquete de acciones, solamente tiene interés por conseguir el mayor rendimiento

financiero posible, ya sea en valores productivos de dudosa calidad generados por una sociedad anónima o ya sea en valores inflacionistas, como los intereses crediticios, sin ningún valor material tangible que lo sustente, generados por la banca prestamista internacional. Esto

tiene como consecuencia, que la producción industrial no esté orientada en satisfacer la demanda social, sino en estimular, por medio de una enorme publicidad, una demanda ficticia de rentabilidad inmediata y carente de utilidad social. Cuando una sociedad anónima quiebra, los

grandes accionistas no pierden nada, porque los beneficios obtenidos en los ejercicios anteriores han sido repartidos en forma de dividendos entre los mismos, el pequeño accionista únicamente pierde el capital aportado y los trabajadores pierden no sólo el empleo, sino también su

principal fuente de ingresos. La doctrina liberal del interés prestamista para el enriquecimiento particular, supone una justificación de la usura capitalista que roba la fuerza laboral y los recursos materiales de las naciones productivas. Feder finaliza este capítulo de su

libro, lamentando el control de la prensa escrita por parte del capitalismo hebreo y la manipulación que éste ejerce sobre la opinión pública, defendiendo la expulsión de los mismos de la vida económica del país.