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En la madrugada del 28 de noviembre de 1968, la estudiante de posgrado Jocelyn Bell detectó una señal de radio desde un radiotelescopio de Cambridge. Acababa de descubrir los púlsares, un hallazgo que le valdría el Premio Nobel... a su jefe. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


Esta científica irlandesa se sintió atraída por el Cosmos desde muy joven. Estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Glasgow y decidió trasladarse a Cambridge para realizar su doctorado en Astrofísica, que consistía en construir un radiotelescopio para estudiar cuásares.


Tras construirlo, comenzó a analizar y descifrar personalmente todos los datos que se generaban y que se iban registrando cada 4 días en más de 120 metros de papel.


En agosto de 1967 encontró unas extrañas señales, pero creía que estaba haciendo algo mal, así que dedicaba las noches a verificar sus datos. Descubrió que se trataba de algo nuevo y acudió a informar a Anthony Hewish, su director de tesis, que le dijo que era una interferencia.


Pero ella creía que era algo más. La madrugada del 28 de noviembre de 1968 recogió señales más intensas, lo que llevó a Jocelyn y a su jefe a pensar que eran mensajes extraterrestres, por lo que la fuente de la que provenían fue bautizada como LGM (Little Green Men).


Sin embargo, fue ella misma la que descartó esa idea. Esa radiación es lo que hoy se conoce como púlsares, pequeñas estrellas de neutrones, uno de los descubrimientos astronómicos más relevantes del siglo XX, que permitió contrastar la teoría de la Evolución estelar.

En febrero de 1968 Jocelyn publicaba un artículo en la revista Nature, explicando al mundo lo que había descubierto, lo que valió para que su director de tesis y el jefe de éste, recibieran el Nobel de Física en 1974.


Jocelyn no solo fue excluida, sino que en el comunicado de prensa ni siquiera se le mencionaba. No obstante, le quitó importancia: "Creo que degradaría a los Premios Nobel si se otorgaran a estudiantes, excepto en casos muy excepcionales, y no creo que yo sea uno de ellos".


A pesar de que no ganó el Nobel, Jocelyn ha recibido los reconocimientos más importantes del mundo de la ciencia y ha ganado decenas de premios por su trabajo.


Hoy, con más de 80 años, se siente afortunada por haber podido trabajar en su pasión, pero se lamenta porque, de haber tenido las mismas oportunidades que un hombre, habría llegado mucho más lejos. "Siempre estaba al servicio de otros".


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