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CAUSAS DEL DESASTRE ECONOMICO El dirigente nacionalsocialista, Adolf Hitler, opinaba que las causas del desastre económico del pueblo alemán, se iniciaron en los largos años de paz anteriores a la Gran Guerra de 1914, cuando se revelaron ciertas anomalías en el ámbito económico


a causa del extraordinario crecimiento de la población alemana. Con ello, el problema de la subsistencia se hizo cada vez más grave, ocupando el primer plano de toda actividad política y económica. Desgraciadamente, asevera el Führer, el gobierno de aquella época renunció a la

idea de adquirir nuevos territorios coloniales como otras naciones (espacio vital) y optó por la descabellada y temeraria idea de conquistar económicamente el mundo que condujo, a la postre, a un grado de industrialización desmedido y socialmente perjudicial. La consecuencia

provocada por esta nueva situación, fue el debilitamiento y reducción de la población agrícola, aumentando en la misma proporción la masa del proletariado en las ciudades hasta quedar destruido el equilibrio necesario que debe existir entre la población urbana y rural, poniéndose

en evidencia las desigualdades socioeconómicas y un brusco contraste entre ricos y pobres. La ostentación y la miseria vivían tan cerca una de otra, que las consecuencias fueron lógicamente funestas. La penuria y el desempleo creciente comenzaron su siniestro juego, sembrando el

descontento y la exacerbación entre la población germana, que trajo como consecuencia la lucha política de clases en todas las capas económicas del país. Hitler señalaba que, día tras día, la dominación del Estado alemán por parte de los magnates de la industria era cada vez

mayor y, aún más profundo, el decaimiento social, convirtiéndose el dinero en una divinidad a quien todos debían servir y rendir honores. Los dioses celestiales pasaron de moda, se convirtieron en cosas del pasado y, en su lugar, se instaló la orgía capitalista de los idólatras

de Mamón. Se había iniciado una terrible desmoralización a nivel nacional, que se presentó en una época en la cual, la nación necesitaba más que nunca de un espíritu heroico para afrontar la hora crítica que se avecinaba con el advenimiento del terrible conflicto bélico. Por

desgracia, el gobierno se encontraba totalmente sometido a la hegemonía del dinero y el Emperador actuó infortunadamente, al elevar a la dignidad nobiliaria a los nuevos capitalistas. De esta manera, el espíritu heroico, espiritual, solidario y desinteresado fue prácticamente

supeditado al poder del dinero, anteponiendo la "nobleza" de la alta finanza a la nobleza de los méritos de la sangre. No era nada estimulante, recordaba el político austriaco, para los verdaderos héroes, ni para los grandes estadistas ser colocados al mismo nivel que los

banqueros judíos. Los hombres de sacrificado mérito perdieron el interés en poseer condecoraciones fácilmente adquiridas por indolentes acaudalados financieros y, por consiguiente, la nobleza perdía cada vez más la razón de su existencia. Otro síntoma de ruina económica nacional,

indicaba Adolf Hitler, fue la lenta eliminación del derecho de propiedad individual en favor de la propiedad anónima. Mediante este sistema, el trabajo descendió a objeto de especulación de los traficantes bursátiles sin escrúpulos y la Bolsa de Valores comenzó a triunfar

situando lenta, pero firmemente, la vida nacional bajo su servidumbre. La internacionalización de la economía alemana había sido iniciada, ya antes de la Gran Guerra, mediante el sistema capitalista de las sociedades por acciones bajo el dominio de la alta finanza cosmopolita y

apátrida. No obstante, aunque una parte de la industria alemana trató a todo trance de librarse de correr igual suerte, al final tuvo que ceder también ante el ataque concentrado del capitalismo parasitario y usurero. La persistente guerra que se hacía a la industria siderúrgica

alemana marcó el comienzo real de la internacionalización de la economía germana (tan anhelada por el marxismo), que pudo verse colmada con el triunfo comunista de la Revolución de noviembre de 1918. Posteriormente, se produjo también el ataque financiero dirigido contra la

Empresa Pública de los Ferrocarriles del Reich, que pasó a manos del capitalismo internacional. A este extremo de internacionalización era al que se estaba conduciendo a la economía alemana, que únicamente se podría corregir mediante la educación, argumentaba el político

nacionalsocialista, poniendo un énfasis preponderante en el humanismo cultural dentro de las escuelas. De esta manera, se trataría de evitar el error de volver a confiar la nación y la existencia de su gobierno al libre juego de las fuerzas económicas del mercado mundial.

Bibliografía: “Mi Lucha” de Adolf Hitler.