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En el siglo XIX, un joven se entrenaba subiendo diariamente una montaña cerca de su casa para recuperar el estatus de samurái que había vendido su abuelo. Acabaría fundando uno de los mayores imperios empresariales de todos los tiempos: Mitsubishi. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


El antepasado de Yatarō Iwasaki había vendido el estatus de samurái de su familia para pagar diversas deudas, pero este joven japonés estaba dispuesto a recuperarlo como fuera.


A pesar de que su familia había sido miembro de la nobleza guerrera samurái, ahora eran pobres agricultores que trabajaban de sol a sol en una ciudad que era el hogar del poderoso clan Yamauchi.


Yatarō comenzó a trabajar para ellos, donde destacó por su gestión en las operaciones comerciales en Osaka, lo que le acabó llevando a fundar, en 1870, su propia empresa naviera, Tsukumo Shokai, con tres buques de vapor fletados por el clan.


En 1873, la compañía adoptaba un emblema que combinaba los tres rombos del escudo de la familia Iwasaki con la forma de trébol del clan Yamauchi y cambiaba su nombre por el de Mitsubishi. Acababa de nacer un imperio, aunque él todavía no lo sabía.


Un año después, el gobierno japonés lo contrató para transportar soldados y material de guerra a Taiwán, entonces una colonia de Japón, un acto que le valió para obtener la gratitud de las autoridades japonesas.


Por ello, el Gobierno lo recompensó con 30 navíos y la propiedad de un servicio de correo que había sido disuelto, entrelazando su éxito con el surgimiento del estado japonés moderno.


Yatarō quería diversificar, por lo que invirtió en la industria minera, en la financiera, en la de transporte y en la de reparación y construcción naval a gran escala.


Apelaba a la filosofía samurái y empleaba con frecuencia la frase "responsabilidad corporativa ante la sociedad", ya que creía que los negocios nunca debían tener como objetivo satisfacer deseos egoístas, sino que debían realizarse por el bien de la sociedad y del país.


Tras su muerte, en 1885, con tan solo 50 años, su hermano y su hijo heredaron su negocio. Desde entonces, Mitsubishi se expandió a todos los sectores de la economía.


Hoy en día sus empleados visitan la casa natal de Yatarō, para conocer sus humildes comienzos y contemplar, con asombro y admiración, como aquel joven samurái creó uno de los mayores grupos empresariales de la historia.


Por todo ello es considerado en su país como uno de los fundadores del Japón moderno. Y, por supuesto, consiguió su gran sueño, aquel por el que había luchado toda su vida: recuperar el estatus de samurái para su familia.


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