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¿Recordáis cuando hace unos años os decía que, debido a la Ley de Protección a la Infancia, muchas madres maltratadoras iban a quedar impunes? Pues hoy me he topado con una sentencia donde así ha sido. Si os parece, vamos a verla. <a target="_blank" href="https://www.publico.es/sociedad/igualdad-anuncia-prohibicion-sindrome-alienacion-parental-ley-infancia.html" color="blue">publico.es/sociedad/igual…</a>

La protagonista es Elena, una niña que nació en 2012. A los dos años le diagnosticaron una infección genital que luego se haría crónica, y os prometo que el dato es relevante. En 2017 sus padres se separaron. A su padre le dieron visitas, pero él dijo que quería la compartida.


Poco después de que el padre pidiera la custodia compartida, la madre llevó a la niña a urgencias; porque supuestamente le había contado que él la tocaba. Le hicieron una exploración vaginal, y no vieron signos de ello.


Una semana después lo denunció en el juzgado, así que la niña de 6 años recibió su segunda exploración vaginal. Y de nuevo, no encontraron signo alguno de abuso sexual.


Un mes después, vuelve a llevar a la niña a urgencias. Y esta vez es la propia niña la que cuenta al médico que el padre, efectivamente, abusa de ella.


Así que la mujer volvió a denunciar, y el juzgado ordenó que le realizaran su tercera exploración vaginal. Y de nuevo no encontraron signos de abuso, solo de falta de higiene. La niña se pasó llorando toda la exploración.


Así que el tribunal prohibió que la niña viese a su padre, y ordenó su cuarta exploración vaginal. Tampoco hubo signos de abuso sexual. Cinco meses después, permitió que niña y padre se volvieran a ver; y advirtió que quien la estaba maltratando psicológicamente era la mujer.


Un mes después la mujer volvió a urgencias para que le hicieran a la niña su quinta exploración vaginal. De nuevo, no se encontraron signos de abuso sexual. Aun así fue al juzgado a denunciar otra vez, y allí directamente se la archivaron.


Un mes después vuelve a llevarla a urgencias, y la niña vuelve a contar que el padre abusa de ella. Le hacen su sexta y séptima exploración vaginal, y de nuevo, no encuentran ningún signo de abuso sexual. Ella va a la policía y a la guardia civil a denunciar, pero se archiva.


Una semana después vuelve a llevar a la niña a urgencias, y la niña vuelve a contar que el padre abusa de ella. El Instituto de Medicina Legal se niega a que reciba más exploraciones, porque ya lleva demasiadas; y dice que quizá la madre la maltrata. Denuncia, y se la archivan.


Dos meses después la vuelve a llevar a urgencias, la niña vuelve a narrar abusos y vuelve a denunciar. A la niña (que en este momento ya tiene siete años) le hacen su octava exploración vaginal, y se vuelve a descartar cualquier abuso. Y vuelven a archivar la denuncia.


¡Ah! Esta vez los servicios de urgencias emitieron un informe donde avisaban de que la madre estaba victimizando e instrumentalizando a la niña.


Antes de terminar el mes la vuelve a llevar a urgencias, la niña vuelve a narrar abusos y vuelve a denunciar. El Instituto de Medicina Legal vuelve a emitir un informe, avisando por segunda vez de que no se le pueden hacer tantas exploraciones y que la madre la está maltratando.


Así que se vuelve a archivar la denuncia, y el tribunal advierte que puede ser necesario quitarle a la madre la custodia y la patria potestad. Lo cual, spoilers, jamás se llegó a hacer.


El mes siguiente vuelve a llevar a la niña a urgencias para que narre abusos, y vuelve a denunciar. Le hacen su novena exploración vaginal y, de nuevo, no encuentran signos de abuso sexual.


Dos meses después la vuelve a llevar a urgencias para que narre abusos. La vuelven a explorar y de nuevo, concluyen que no hay indicios de abuso sexual. Apreciemos el hecho de que en estos momentos la niña tiene siete años, y acaba de recibir su décima exploración vaginal.


Cuatro meses más tarde, se inventa una excusa para que el padre no pueda visitar a la niña durante un mes. Así que el padre inicia un proceso civil. El equipo psicosocial hace un informe donde ponen a la mujer en alerta, y dicen que ella victimiza a la niña y el padre no.


Así que se obra el milagro; y por una vez en la vida el Fiscal ordena de oficio, por iniciativa propia, que se actúe contra la mujer por denuncia falsa. Lo que nunca ocurre, aquí ocurrió. Alabado sea el Señor.


¡Y no solo eso! Además el tribunal la condenó a 20 meses de prisión por denuncia falsa, y a la friolera de 9 meses más por delitos contra la integridad moral. 29 meses en total. Parecía que llegaría a entrar en prisión.


Ojo, esos 9 meses no solo eran por el dolor causado a la niña. También incluían el que sufrió el padre, que durante todo ese tiempo se había convertido en el pederasta del barrio, con todas las consecuencias que ello conlleva.
