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FUNDAMENTOS POLITICOS Al tratar, Gottfried Feder, los fundamentos políticos del Estado en su libro “El Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, aquel nos recuerda el sometimiento de la nación alemana a los crueles designios del capitalismo prestamista internacional y


considera que, una vez iniciada la Revolución nacionalsocialista, será necesaria la implantación de una breve dictadura temporal, que consolide los principios revolucionarios, puesto que, a través de una dictadura libre de restricciones y vacilaciones innecesarias, se destruirán

las fuentes que descomponen el organismo nacional germano. Las cualidades que debe poseer un dictador son las propias del vitalismo filosófico, como el amor apasionado por su pueblo o una fuerza de voluntad inquebrantable. El dictador debe ser austero, audaz y decidido, porque

encarna el anhelo de la nación y no puede descansar, ni relajarse hasta que su objetivo sea alcanzado, posteriormente, el magistrado debe retirarse a semejanza del dictador romano Lucio Cornelio Sila. Una vez afianzados los principios revolucionarios nacionalsocialistas por la

magistratura dictatorial, el analista bávaro se inclina por el establecimiento de un sistema totalitario hegeliano, semejante al instaurado por Otto von Bismarck en el Imperio alemán en 1871. Este régimen político otorgaba el poder ejecutivo al emperador (Kaiser), que nombraba a

un canciller (Bismarck), en quien delegaba el poder civil y que asumía las amplias competencias nacionales en defensa, comercio, relaciones internacionales, aduanas, finanzas estatales y moneda, respondiendo solamente ante el propio emperador. Aunque la monarquía era la forma

tradicional de Estado en Alemania,Gottfried Feder se muestra reacio a su instauración, alegando que con demasiada frecuencia los intereses dinásticos han sido perjudiciales para la nación. Según el ideólogo nacionalsocialista, la incapacidad, la indolencia, el egoísmo y la

prodigalidad estaban vinculadas a menudo con la monarquía alemana y constituían un suficiente aval para reconocer claramente, que la dinastía real no suponía una garantía para el bienestar de la nación. Feder defendía que la inclinación mayoritaria de los alemanes hacia la

monarquía era por la necesidad perentoria de un líder (Führer) o canciller, símbolo de progreso y unificación nacional. En cuanto al poder legislativo, Gottfried Feder no es muy preciso en este capítulo, por lo que debemos recurrir a su obra “El Estado Social”, donde el autor se

inclina por un sistema bicameral, donde una primera cámara (Cámara del Pueblo) se ocuparía de los asuntos políticos y una segunda (Consejo Central) de las cuestiones económicas conforme a una estructura orgánica, corporativa y social. Posteriormente, el propio Adolf Hitler, en su

libro “Mi Lucha”, también se muestra receptivo a este sistema bicameral, afirmando que incumbe a las cámaras económicas la obligación de garantizar el funcionamiento ininterrumpido de la actividad productiva nacional, subsanando necesidades y corrigiendo anomalías, aseverando que

lo que hoy implica una lucha de millones, mañana encontrará solución en las corporaciones profesionales y en un parlamento económico central, donde dejarán de estrellarse obreros y patronos en una lucha de salarios y tarifas, que tanto daña a ambas clases productivas y, de común

acuerdo, arreglarán sus divergencias ante una instancia superior (corporación) imbuida en la luminosa divisa del bien de la comunidad nacional y del Estado totalitario. Finalmente, Feder reivindica la unificación de todos los pueblos alemanes en un Estado nacional cerrado

(Fichte) y la elaboración de una Constitución que garantice la libertad religiosa (cristianismo positivo) y que recoja el carácter nacionalsocialista del nuevo régimen, destacando especialmente el campo del derecho laboral y los seguros de enfermedad, accidente, vejez e invalidez