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FUNDAMENTOS ECONOMICOS Gottfried Feder inicia su capítulo dedicado a “los fundamentos económicos” de su obra “EL Estado Alemán y sus Bases Nacionalsocialistas”, afirmando que en un cuerpo económico sano, la moralidad y la economía nacional no pueden estar separados, es decir,


sin la lealtad y la diligencia de los funcionarios y de los trabajadores ninguna labor puede prosperar. La eficiencia, la justicia, el espíritu emprendedor y la confianza mutua entre todos los que participan en el proceso de producción, como auténticos camaradas unidos por los

mismos intereses en una comunidad de trabajo (corporativismo), constituyen las condiciones indispensables para la prosperidad económica. Por tanto, la tarea principal de la economía nacional consiste en el cumplimiento de la “demanda social”, que debe entenderse como la

satisfacción, a través de precios asequibles, de las necesidades vitales de todos los miembros de la comunidad nacional. Sin embargo, en el mundo capitalista lo decisivo en la producción de bienes es la rentabilidad, es decir, el Estado capitalista no tiende a producir aquello

que sea útil y necesario, sino solamente aquello que le sea rentable. Por ejemplo, señala Feder, la demanda de viviendas sociales, aunque en una nación exista una tremenda necesidad de las mismas, el hecho de que no sea rentable al sistema bancario y bursátil hace que su

construcción sea insuficiente. Esta actitud fundamental muestra con toda claridad, la enorme diferencia que existe entre la realización económica nacional de la demanda social como desea el nacionalsocialismo y el capitalismo orientado a la rentabilidad y al lucro de la demanda

privada. El Estado nacionalsocialista considera que los bancos y otras instituciones financieras deben estar al servicio de la comunidad nacional y no al servicio del capitalismo prestamista y bursátil, afirmando que el dinero no debe ser el señor del Estado y de sus ciudadanos,

sino que debe constituirse como un mero bono para el intercambio de bienes carente de intereses adicionales. El economista bávaro se muestra rotundo en este tema y afirma, que el nacionalsocialismo es consciente que esta batalla contra la banca y el capital bursátil internacional

será a vida o muerte. El nacionalsocialismo reconoce la propiedad privada, porque el ser humano tiene derecho a dominar y mejorar el medio ambiente, adaptarlo a sus necesidades y disfrutar de los rendimientos de su trabajo, puesto que las personas conciben que aquellas obras que

han nacido de su esfuerzo productivo y de la creatividad de sus propias manos, les pertenecen y son de su propiedad. Según Feder, en oposición directa a la mente creativa del productor, se encuentra la avariciosa mente del capitalista hebreo, que nunca ha conocido el aliento de

la creatividad y que se mueve inquieto de un lugar a otro sin poder echar raíces en ningún lado. El capitalista siempre está alejado de la producción, no conocemos al hebreo como labrador, como ingeniero o maestro constructor, puesto que la mentalidad del mismo comienza su

actividad solamente cuando una obra ha sido ya creada y producida, ahí es cuando la mente avariciosa del capitalista sabe procurar estos bienes para sí y moverlos en el mercado para su exclusivo beneficio. Para Feder, el capitalista hebreo se ha convertido en el amo de los

consejos de administración de las sociedades anónimas y de la banca privada que, a través de las hipotecas crediticias y de la especulación bursátil, ha tomado posesión de la propiedad y de la producción de las diferentes naciones, dominando mediante su poder financiero a los

Estados nacionales que dependen del gran capital prestamista internacional anónimo de las bolsas de Nueva York, Londres o París (Gottfried Feder identificaba el capitalismo con el pueblo hebreo). Contra este aterrador asaltante capitalista, afirma Feder, el nacionalsocialismo

establece una limitación del derecho de propiedad, al subordinar la producción fabril a los intereses nacionales, sometiendo el funcionamiento de las sociedades bursátiles y de la banca privada al estricto control del Estado, evitando así, que sirvan a los intereses de la alta

finanza internacional que domina el mercado, estableciendo una dictadura económica por medio de los intereses prestamistas. Según Feder, el nacionalsocialismo pretende la creación de un Estado nacional libre y

consciente del sentido de comunidad que une a los trabajadores, a través de una finalidad nacional común, como consecuencia de un verdadero espíritu social basado en el trabajo, la convivencia y la solidaridad, porque

solamente así, puede cumplirse el criterio ético hegeliano de identificar el bienestar del individuo con el bienestar de la nación. El próximo capítulo del libro de Feder corresponderá a los límites del Estado y la economía.