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CONTRA LA TIRANIA DEL INTERES En el año 1931, se editó en España la revista “La Conquista del Estado”, dirigida por Ramiro Ledesma Ramos y donde se publicó un artículo del ideólogo nacionalsocialista alemán, Godofredo Feder, con la intención por parte de la dirección del


semanario, de mostrar a sus lectores al creador del nuevo sistema económico que defendía el NSDAP, que ya se postulaba, en aquellas fechas, como un serio aspirante para gobernar en la República alemana. El artículo lleva por título “Contra la Tiranía del Interés” y, en el mismo,

Feder expone los criterios más importantes de su teoría económica. El analista germano critica en el texto del artículo, la existencia de un sistema jurídico que permite a una minoría de banqueros prestamistas percibir ingresos sin esfuerzo ni trabajo alguno, al considerar Feder,

que el interés del crédito del que se apropia la banca capitalista procede de lo que se le reduce al trabajador del importe de su salario. Según el economista bávaro, el trabajo, tanto de los que ejecutan (obreros) como de los que dirigen (directores ejecutivos o gerentes de la

empresa), se encuentra dominado por el accionista anónimo bursátil, que se aprovecha de la plusvalía generada en la producción industrial sin gestionar la empresa. Godofredo Feder también señala, el sometimiento del campesinado al interés prestamista, porque cuando está

necesitado de créditos para abonos o para aumentar la producción, se le hace pagar los intereses del crédito, de tal forma, que a menudo el importe de la cosecha no basta para pagar el citado préstamo bancario. Los artesanos y las empresas autónomas también se encuentran

dominados por el interés crediticio, del que dependen para modernizar sus tiendas y mejorar la producción. El ingeniero alemán recuerda que por culpa de la inflación crediticia, a una multitud de trabajadores se les ha arrebatado sus pequeños ahorros y que el crecimiento de la

familia, la educación de los hijos, las enfermedades o el desempleo han impelido también a la clase obrera a tomar créditos insostenibles. La industria, ante la irrupción de las sociedades por acciones, se ha convertido en la más apreciada víctima de los señores de la banca, que

controlan los consejos de dirección de las empresas anónimas por medio de los préstamos crediticios y la especulación bursátil. La justa y sana relación entre los empresarios y obreros se ha roto completamente por la impersonalización de las sociedades anónimas, donde el

empresario que contemplaba su empresa como la creación de su espíritu y como una obra social, se encuentra a menudo postergado ante el especulador bursátil, que no tiene el menor interés por la empresa ni por la demanda social, siéndole indiferente lo que el empresario haga en su

fábrica, siempre que le reciba sus dividendos y sin importarle las relaciones laborales, la higiene social o el tiempo del trabajo. Al accionista solamente le importa convertir la producción del trabajo y de la empresa en su propio beneficio. No es el empresario el explotador, es

el capital financiero anónimo (el especulador bursátil y la banca prestamista) que está detrás de él, quien explota al trabajador y al director de la fábrica, obligándoles a reducir al máximo los costes de la producción para que sean mayores sus beneficios. El Estado también se

encuentra dominado por el interés crediticio, porque ha de realizar sus obras públicas por el método capitalista del endeudamiento, entregando su soberanía financiera al capitalismo internacional. Así, asevera Feder, se va cerrando el círculo de los banqueros judíos, que van

aprovechándose de la situación actual de depresión económica (Crack bursátil de 1929), para explotar a los trabajadores y a los industriales, siendo esta globalización financiera y crediticia, lo que denomina el teórico germano como la servidumbre y el dominio del interés del

dinero. Un futuro Estado nacionalsocialista, defiende Feder, jamás financiará las obras públicas recurriendo a la deuda crediticia internacional y romperá la dominación del interés prestamista sobre el Estado, mediante la nacionalización del sistema monetario y del Reichbank S.A.

la financiación de grandes obras públicas mediante la emisión de bonos del Estado, que obtendrán su remuneración con la rentabilidad de las nuevas obras una vez finalizadas y con la creación de bancos estatales, especialmente dedicados a la financiación crediticia de viviendas

sociales, que no aplicarán intereses y que se abonarán mediante el importe de los alquileres de las casas construidas. Finalmente, Godofredo Feder advierte que la alta finanza internacional (mayoritariamente hebrea),

se apresura a dominar al mundo, sometiendo a todos los pueblos de la Tierra por medio de los poderes infernales de la corrupción bursátil y los intereses crediticios.